miércoles, 26 de mayo de 2010

Día 101

Permanecí tanto tiempo callada y ensimismada que para cuando me di cuenta, era ya noche cerrada. Al fin lo miré, a tiempo de ver como tamborileaba con los dedos sobre el volante al ritmo de una canción que sólo él sabía. Cuando se dio cuenta de que le miraba me miró de reojo.
-Espero no haberte molestado.
Negué con la cabeza, pero no pronuncié palabra. No me había molestado. Bueno, no tanto como para que tuviese que tomárselo en serio. Suspiré y miré por la ventanilla.
-Me gustaría bajarme y tomar un rato el aire.-susurré, pensé que no me habría oído, pero segundos después aparcó en el arcén y me miró, asintiendo.-Gracias.-murmuré mientras bajaba a toda prisa del coche. Anduve entre la hierba alta, hasta que me consideré lo suficiente alejada del coche y lo suficientemente cerca de la orilla del río. Allí me senté y me abracé las rodillas. Intentando poner un poco de orden en mi cabeza. No sé cuanto llevaba allí cuando escuché a alguien acercarse, me giré rápido, a tiempo de ver como Alex llegaba y se sentaba a mi lado.
-No me parece seguro dejarte aquí sola.-asentí, pero no hable.-A mi tampoco me gustan, ¿sabes?-lo miré sin entender y él me devolvió la mirada, con una leve y triste sonrisa en la cara.-Las mentiras.-me aclaró. Lo seguí mirando, porque aún no entendía a qué venía aquello.-Y no me gusta mentirte-continuó.- pero… a veces las mentiras son mucho más creíbles que la verdad, menos peligrosas y… en fin, más seguras.
-¿Intentas decirme que sigues mintiéndome, Alex?-le pregunté, clavando mis ojos en el reflejo de la luna sobre el agua tranquila del río. No me lo podía creer, ese estúpido seguía mintiéndome. Lo escuché suspirar.
-Sí.-esa afirmación se me clavó en el alma con fuerza.
-¿En qué?
-En todo. Nada de lo que te he dicho es verdad.
-¿Cómo dices?-lo miré, tratando de tragarme toda la rabia que me invadió de repente. Volvió a suspirar.-No necesito tus suspiros, Alex, necesito tus verdades.
-Estuve pensando durante semanas que mentira podría contarte y que tú la creyeras para alejarte de ese pueblucho de mala muerte. Nunca confié en que esta funcionase, porque era una completa locura…
-Durante los últimos meses, mi mejor amigo ha sido un fantasma, perdona si creo que locuras.-murmuré. Él sonrió un poco.
-Supongo que no pensé en eso. Me costó creer que hubieses creído que era un hombre lobo con esa facilidad.
-No eres normal, eso lo tuve claro desde siempre. Tenías que ser algo y me diste ese algo que tenías que ser. No pensé que tuviese que dudar de tu palabra, aunque veo que me equivoqué.
-No me estoy portando como debería, Dafne.-movió la cabeza de un lado a otro.-Debería de contarte lo que está pasando, lo que pasa desde siempre. A fin de cuentas, formas parte de esto tanto como yo, aunque tú no lo sepas.
-¿Y cómo podré saber que esta vez no hay engaños?
-Lo sabrás. Simplemente lo sabrás.
-Bien. Explícame qué eres.-de pronto me quedé sin teorías, desde hacía tiempo pensaba que era un hombre lobo, no dudé en creerle cuando me lo contó y ahora que me negaba que lo que había dicho fuera cierto ya no sabía que creer.
-Bueno, sí es cierto todo lo que te he dicho antes, he procurado mentir lo menos posible, todo lo que te he dicho que sentí lo sentí de verdad. Sólo que… no era yo quien te salvó, no era yo quien corría libre… yo no era el lobo, era su conciencia, veía lo que él veía, sentía lo que él sentía, pero no era yo.-arqueé las cejas, sin entender absolutamente nada.-yo no soy un hombre lobo, pero mi vida está muy ligada a esos animales. A la gente como yo se nos conoce por los Señores de los Lobos, cada vez quedan menos, ¿sabes?
-¿Señores de los Lobos?
-Sí. Los Señores de los Lobos tienen un poder especial sobre estos animales, consiguen domarlos, controlarlos, pero es una unión mucho más importante… existe una conexión especial, conseguimos ser amigos de los lobos, sentir lo que sienten y vivir lo que viven, conseguimos que nos hagan caso de tal forma que se forma una especie de… manada, de la que el Señor de los Lobos es el jefe, de forma que cuando uno de los lobos de la manada muere, el Señor de esa manada siente como una parte de él muere con él, y cuando el Señor es el que muere…
-¿Si?
-Son sus lobos los que mueren con él. Por eso se intenta que la manada sea lo más pequeña posible, porque así no será una gran pérdida.
-Vale, vale… ¿me estás diciendo que eres un Señor de los Lobos?-asintió.
-No somos fáciles de matar, no te creas.-continuó.-Los Señores de los Lobos tenemos una vida muy larga, tan larga que a veces perdemos la memoria de como empezó todo.
-¿No morís nunca?
-Normalmente, mueren muchos de los nuestros.
-No lo entiendo.
-Es el poder, ¿sabes? Muchos desean más de lo que tienen, la única forma de que un Señor de los Lobos muera es que otro Señor de los Lobos lo mate. Y así se desarrolla la guerra normalmente. Tú tienes una manada más grande que la mía y más poder que yo, eres un obstáculo así que te mato, acabo con el enemigo y escalo un peldaño más.-me estremecí con sus palabras.
-¿Has matado a alguien?
-Oh, no, yo no soy de esos, no ansío poder en absoluto. Me basta con lo que tengo pero eso no impide que para otros parezca un estorbo.
-Entonces, eres tú quien huye.
-No. A mi no me importa que me maten, Dafne, lo que no soportaría es que te matasen a ti.
-¿Por qué iban a matarme a mi?
-Porque tú eres como yo.
-¿Qué?
-Sí, pero no lo sabes.
-Oh, claro.
-Sí que eres como yo, Dafne. Me atrevería a decir que mucho más. Eres una Señora de los Lobos, pero hay mucho más que eso… tu familia… normalmente esto se hereda, ¿sabes? Y normalmente pasa de padres a hijos, no a hijas. Tu familia ha sido siempre una de las importantes en este mundillo, se esperaban grandes cosas de tu padre, pero alguien…
-¿Me estás diciendo que aquello no fue un accidente?
-Por supuesto que no fue un accidente. Un accidente no habría acabado con la vida de tu padre.
-¿Mi padre era un Señor de los Lobos?
-Sí.
-¿Sabes quien lo mató?
-Sí.
-¿Me lo dirás?
-Sí. Mi padre.-se me abrieron los ojos, me quedé sin aire, y por poco me caigo allí mismo.-Y ahora va a por ti. Normalmente este gen o lo que sea, no se transmite a las niñas, cuando acabó con tu padre en mitad de aquel “accidente” dio por sentado que tú estabas muerta, nunca jamás imaginó que vivías y mucho menos lo que eras. Hasta que volviste al pueblo, y te vio y supo que seguías viva, que habías sobrevivido a algo a lo que nadie hubiese podido sobrevivir. Desde entonces intenta matarte cada vez que puede.
Me ardían las mejillas de puro odio. Y apreté los puños, tratando de tranquilizarme.
-¿Por qué viene a por mi si yo no sabía nada de esto? No tengo ningún lobo en “mi manada”, ni tengo idea de como se hace eso. ¿Y cómo te has enterado tú de todo esto? ¿Te lo ha contado él?
-Verás, desde el primer momento supe que mi padre no te tragaba, y siempre me pregunté porqué. Luego me enteré de lo que era yo y luego… luego vi lo de tu herida.
-¿Mi herida?
-Sí, la de tu brazo. ¿Recuerdas la facilidad con la que te curaste? A mi me pasa eso, pero no con los lobos. Los lobos de otros son los únicos que pueden dejar marca en mi, podría clavarme un cuchillo y cuando lo sacase la herida desaparecería, si un lobo me mordiese, su mordedura estaría siempre ahí.
-Entonces no soy como tú.
-Te he dicho que eras mucho más. Como te he dicho normalmente este gen sólo está en los varones. Cuando vi lo tuyo investigué… hay muy pocos casos en chicas, y todas ellas han presentado una asombrosa resistencia a los lobos de otros Señores, estáis un paso por delante nuestra, no os afecta lo que a nosotros nos mata…
-Eso significaría que soy inmortal.-contesté moviendo la cabeza.
-No lo eres.-Alex clavó los ojos en el horizonte, donde el sol ya empezaba a asomar.-que tus heridas provocadas por un lobo cicatricen en seguida no significa que si un lobo te despedaza puedas sobrevivir.-me explicó. Asentí, por algún extraño motivo no me estaba costando mucho trabajo aceptar todo aquello.
-Pero sigo sin ser un peligro para su poder.-susurré.
-Eres uno de los mayores peligros. Mi padre acaba con todo aquel que pueda suponer un peligro y tú lo eres, teniendo en cuenta que te mantienes alejada, o al menos hasta ahora, de todo este mundo, sobrevivirás a su muerte, seguirás viva después y podrás formar una enorme manada mientras él se pudre en el infierno. Y él no quiere que nadie le sobreviva…
-Y… si soy como tú… ¿por qué yo sólo veo a Max?
-Eso no lo sé.-se encogió de hombros.
-Y… sois hermanos.-Alex asintió.- ¿Qué le pasó?
-Mi padre…
-No.-le corté, aquello no podía ser verdad.
-Él no heredó el gen, supongo que mi padre consideró que no era importante…-me llevé las manos a la boca.-Max se enamoró perdidamente de tu abuela, se atrevió a plantarle cara y supongo que mi padre no lo pudo soportar, tal vez, si se hubiese callado y no hubiese dado problemas mi padre lo hubiese dejado estar, al fin y al cabo, es su hijo.
-Su propio padre…
-Tengo que volver a casa pronto, Dafne, voy a ponerte en un lugar seguro y luego volveré.-se levantó.
-¿Porqué quieres volver con él?
-No quiero volver con él. Quiero proteger a mis hermanos y a mi madre… no tienen ni idea de dónde están metidos…
-¿Y volver con él no será peligroso?
-Por ahora no… mi manada es pequeña y no supongo ningún peligro.
-Por ahora…
-Por ahora.-repitió él.-Pero no te preocupes por mi.
Me tendió la mano.
-Quiero ver como amanece.-le dije, mirando al horizonte. Él me imitó y se quedó allí quieto.
-Supongo que un rato no hará daño a nadie.-se encogió de hombros. Me abracé las rodillas con fuerza, tratando de obviar el frío que tenía. De pronto escuché un ruido muy cerca de nosotros y me giré, tuve el tiempo justo de ver como un lobo saltaba sobre Alex y lo empujaba contra un árbol cercano. Luego el lobo me miró, y tras él apareció el padre de Alex, que me miró con suficiencia. Me había cazado, los dos lo sabíamos y no había escapatoria. No, él único capaz de protegerla se encontraba inconsciente a unos metros de mi. De pronto ya no tenía frío, tan solo miedo. Di un paso hacia atrás y el lobo saltó sobre mi. Se acabó, pensé, cuando el mayor de los dolores se apoderó de mi. No recordaba mucho más.

Cuando desperté no estaba en el mismo sitio y no me sentía bien. La cabeza me daba vueltas y mirase donde mirase, los colores y el aire me daban dolor de cabeza. Sobre mi se inclinó la cabeza de Max, girándola de un lado a otro.
-¿Max?-pregunté, al tiempo que me incorporaba, con una ligereza casi sorprendente. Lo miré fijamente, también él había cambiado.
-No puede ser.-musitó, tan bajo que creí que me lo había inventado.
-¿Dónde estoy?
-No es exactamente la pregunta acertada, Dafne.
-¿Y cuál es la pregunta?
-La pregunta es cómo estás.
-Estoy bien.
-Sí, en eso coincido contigo.
-Estoy bien.-repetí, puesto que parecía que no se lo creía.-Estoy perfectamente.
-Sí. Estás perfectamente muerta, Dafne.

6 comentarios:

  1. O_O
    madre mía...eso si que no lo esperaba, aquí hay un folletín liado...y me parece injusto que las mujeres sean más que los varones, eso es feminismo ñññ xD

    besuss!

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  2. ¿Por quéeeeeee? Se estaban desvelando los misterios y va y, supuestamente, se muere :o (digo supuestamente, porque en esta historia no sabes por donde te va a salir el tiro xD).

    Pero bueno... al menos está Max de vuelta en la historia... Max, soy fan *ueee*

    Quiero más!!!

    Besus

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  3. NO!
    no puede estar muerta!!!!!
    pero pero... jopeeee. Belen, revivela

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  4. O_o

    esto es demasiado...

    ahora tendria que volver clave..leer esto y comentar a ver que le parece ya que se cree una especialista en criticas...

    y a ver a quien le parece esto una imitacion de la saga Crepusculo o una historia para niñas de 13 años... ¬¬

    P.S:me encanta!

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  5. Belén te voy a matar!!!!
    espero q tengas una buena razón para cargarte a la prota... y q va a pasar ahora con ella y Alex?
    Que fuerte, que fuerte, que fuerte!!!!
    me has dejado sin palabras....

    Y estoy totalmente de acuerdo con broken_dreams_mw estoy deseando q ese/a lea la historia para q pueda tragarse sus palabras

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  6. Ahora que has terminado la selectividad... ACTUALIZAAAA!!

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