Sí, ya sé que he estado un tanto desaparecida (bastante, vale, vale), no me lo tengáis muy en cuenta, más bien pensad que es todo un milagro que pueda seguir escribiéndoos, puesto que los fantasmas no lo tienen nada fácil para estas cosas.
Sí, soy un jodido fantasma, encerrada en este lugar que no entiendo mucho, sin poder avanzar, pasar página, descansar en paz y esas cosas que deberían de poder hacer los fantasmas.
Bueno, supongo que en esencia, recordaréis lo último que os pude contar, no había mucho más allá de que yo era una Señora de los Lobos (personas con una extraña conexión con los lobos, pero que, además, era una Señora, cosa poco común lo que me convertía en un peligro aún mayor), intenté huir pensando que Alex (el amor de mi vida y probablemente, ahora lo sería de mi muerte) era un licántropo que me ocultaba cosas, aunque finalmente resultó ser otro Señor de los Lobos, y quien me contó todo lo que debería de haber sabido antes, puesto que para cuando me lo contó, yo ya tenía los minutos contados. Paramos, descansamos, vimos amanecer, o al menos, esa fue nuestra intención… después apareció su padre, un tipo que no envejece (aunque eso es cosa de su condición de Señor de los Lobos), con muy mala cara y peores intenciones, cuyo mayor afán era acabar con mi vida, cosa que como todos sabemos, consiguió.
Y de pronto me vi fuera de mi cuerpo, viviendo en el mismo mundo pero sin pertenecer a él, escuchando la reprimenda de Max (mi amigo el fantasma) por no haberle hecho caso, por haber huido, por no ser menos… cabezota.
Retomaremos la historia desde ese punto, será lo mejor. Remontémonos a ese momento, a cuando le vi:
Cuando desperté no estaba en el mismo sitio y no me sentía bien. La cabeza me daba vueltas y mirase donde mirase, los colores y el aire me daban dolor de cabeza. Sobre mi se inclinó la cabeza de Max, girándola de un lado a otro.
-¿Max?-pregunté, al tiempo que me incorporaba, con una ligereza casi sorprendente. Lo miré fijamente, también él había cambiado.
-No puede ser.-musitó, tan bajo que creí que me lo había inventado.
-¿Dónde estoy?
-No es exactamente la pregunta acertada, Dafne.
-¿Y cuál es la pregunta?
-La pregunta es cómo estás.
-Estoy bien.
-Sí, en eso coincido contigo.
-Estoy bien.-repetí, puesto que parecía que no se lo creía.-Estoy perfectamente.
-Sí. Estás perfectamente muerta, Dafne.
-No digas idioteces, Max.
-Mírame, por favor ¡soy igual que tú! O más bien, tú eres igual que yo.
Oh, y claro que tenía razón, no podía ser de otra manera, él era como yo ya no lo veo medio transparente, ni relucía de esa forma tan extraña en la que solo un fantasma (visto desde los ojos de alguien vivo) puede relucir. Ya no era un fantasma, ahora era real, real en el sentido de que su mundo era ahora el mío, los fantasmas eran los otros, los que aún vivían, cuyos corazones aún latín y aún podía respirar. Cogí mucho aire, como si lo necesitase, qué estúpido comportamiento de vivos, de poco me iba a servir ya respirar.
-Estoy muerta.-sí, una observación completamente prescindible, pero comprendedlo, cuando te mueres así, sin esperarlo ni nada, y te encuentras en el mundo de los fantasmas, con tu amigo el fantasma que ahora parece no serlo, necesitas decírtelo en voz alta para asimilarlo todo, aunque sea solo un poco.
-Sí.-eso también era prescindible por parte de Max, podría tener un poco más de tacto conmigo, puede que él ya lleve mucho tiempo muerto y esté más que acostumbrado a todo esto, pero morirme no entraba dentro de mis planes más inmediatos.
-¿Y cómo está Alex?-preguntar por él en vez de hacer alguna pregunta acerca de mi muerte, de por qué no había cruzado y aún seguía allí demostraba mucho, demostraba cuanto me importaba, cuanto le quería y cuanto iba a sufrir con este nuevo “estado”…
-Alex está bien, él solo se quedó inconsciente unos minutos, luego su padre lo llevó de vuelta a casa.
-Eso está… bien.-murmuré como pude. Saber que Alex seguía vivo era un alivio, suficiente tenía con todo esto como para tener que soportar que él hubiese muerto por mi estúpido intento de fuga. Después me vino el egoísmo, que siguiese vivo solo significaba una cosa, nunca íbamos a estar juntos, nuestra historia se había quedado a medias, como un libro al que le falten la mitad de las hojas, él se volvería a enamorar, sería feliz con otra, quizá, cuando fuese mayor, tuviese hijos (ya sé que no iba a ser mucho mayor pero ya me entendéis). Sería feliz, aunque fuese con otra, eso último no era bueno, pero era todo lo que tenía.-Y… ¿qué hago yo aquí?
-Pues no lo sé. Si sigues aquí significa que sigues teniendo un asunto pendiente, ¿se te ocurre alguno?-me miró mal, yo ya sabía cuál podía ser mi único asunto pendiente, y probablemente no hubiese manera fantasmamente posible de solucionarlo.
-¿Alex?-lo pregunté, como si hubiese algún tipo de duda al respecto.
-Alex.-volvió a mirarme mal. De pronto caí en el motivo. Yo había muerto, mi muerte no solo me afectaba a mí, Max había perdido su enlace con el mundo de los vivos, su oportunidad de resolver su asunto y cruzar a dónde demonios tuviese que irse.
-Lo siento mucho, de verdad.-murmuré, agachando la cabeza.
-¿Lo sabes?-arqueó una ceja y me miró.
-Sí, yo no quería que te quedases aquí atrapado para siempre…
-¿Qué? Para, para, para.-lo miré sin entender.-La razón de mi enfado no es esa, yo aún tengo esperanza, podría cruzar y ser feliz, otros pueden verme allí y ayudarme a solucionar mis asuntos. Contigo hubiese sido más fácil, no lo dudo, pero podré salvarme.
-¿Entonces?
-¿No lo entiendes? Para mí hay aún esperanza, porque tú no eras mi asunto pendiente, otros pueden ayudarme pero…
De pronto todo tuvo sentido, porque Max estaba triste y enfadado, porque no era a él a quien le afectaba mi muerte directamente… todo encajó tan perfectamente que casi pude escucharlo.
-La abuela.-yo era su asunto pendiente, que yo siguiese a salvo, que no… muriese. Y aquí estaba yo, irremediablemente muerta, y ella…-¿Dónde está?
-No lo sé. Nunca he estado allí.
-¿Allí?
-Sí, allí, en el lugar donde se van los espíritus que han fracasado en su misión, los que ya no tienen asuntos que solucionar porque no los solucionaron cuando debieron… se podría llamar el lugar de las almas perdidas, supongo…-suspiró, oh, bueno, no podía suspirar.
-Lo siento. Muchísimo.- agaché la cabeza y si hubiese tenido lágrimas las habría dejado caer con gusto, pero no, un fantasma no tiene lágrimas que derramar, lo único que puede hacer es… sollozar, aullar de puro dolor.
-No debería pagarla contigo.
-No, págala conmigo, yo y solo yo soy la culpable de todo esto. Debí haberme quedado en casa, tal vez allí, con tanta gente, no me hubiese atacado, yo seguiría viva y tú podrías seguir con la abuela… lo siento.
-No, era mucho para ti, lo entiendo perfectamente, tenías que alejarte un poco de aquí, verlo todo con un poco de perspectiva…
“Tragué saliva”, si puedo llamarlo así, y paré de sollozar.
-Deberías ir a ver a Alex, lo ha pasado muy mal esta semana, él piensa que estás muerta.
-Lo estoy.
-No del modo en el que él piensa, sigues aquí aunque sea a medias, intenta solucionar lo que demonios tengas que solucionar con él y procura cruzar cuanto antes. Si no te quedarás aquí atrapada, como yo, sin saber ya si quiera cual era tu asunto pendiente.
-Has dicho… esta semana… cuánto hace que…
-5 días.
-Ah.
-Vamos, ve con Alex…
-No sé moverme.-puntualicé, en lo único que había variado mi posición era en el movimiento de cabeza y en haberme levantado, no sabía andar, por así decirlo.
-Ya no tienes que andar.-dijo como si hubiese escuchado lo que pensaba, me pregunté si al estar muerta esa extraña conexión que había entre nosotros habría cambiado también. Al no obtener respuesta sobre esto imaginé que sí, mi mente era solo mía, Max ya no entraba.-Tienes que deslizarte, solo piensa donde quieres ir, y te deslizarás hasta allí, no es muy difícil, de verdad, cierra los ojos y déjate llevar.
Cerré los ojos y pensé en ir a ver a Alex, a su cuarto, donde casi con seguridad lo habría encerrado su padre. De nuevo volvía a sentir ese dolor punzante que me obligó a lanzar un alarido.
-No quiero ver a Alex.-dije al fin al abrir los ojos.-No lo soportaría.
-Tienes que verle, Dafne… él es tu asunto, debes solucionarlo.
-No… puedo. Ya te he dicho muchas veces que no podría vivir sin Alex, y ahora… por muy cerca que esté de él, siempre estará demasiado lejos, no quiero tener que ver como se vuelve a enamorar… no podría con eso.
-Pues soluciónalo todo antes de que eso ocurra. Yo lo tuve que pasar, no es agradable, pero… sabes que en el fondo, en algún rincón de su corazón, él estará pensando en ti.
Volví a mirar a Max, con ese dolor que desearía poder expresar con lágrimas y que no podía, después cerré los ojos y deseé con todas mis fuerzas estar al lado de Alex. Y de pronto lo sentí, estaba allí, junto a él.
Allí era de noche, aunque yo veía todo perfectamente, él estaba tirado sobre la cama, bocarriba y con la luz apagada, pero tenía los ojos completamente abiertos, y también completamente rojos, con ojeras y un aspecto horrible, como si llevase días sin dormir y sin parar de llorar, no dudé en que así era. Me paré al lado de la cama y lo miré, sin saber si él me vería sentí una especie de chispazo que me recorrió el “cuerpo” y de pronto pude escucharle perfectamente, solo que él no abría los labios. El muy estúpido pensaba demasiado alto, y demasiado triste y demasiado… demasiado todo, al menos para mi. No sabía que estaba allí, pero no dudaba que me empezó a escuchar, se puso rígido y aunque no me miró, se imaginó que yo estaba allí, bueno, primero pensó que al fin se había vuelto loco, se alegró de eso y se dijo que de esa forma no dolería tanto.
-Ahora eres tú el ridículo.-pensé que al menos tenía una oportunidad de decir adiós, porque él me veía, no como le pasó a Max con la abuela.
-No… no… no puedes seguir aquí.-murmuró, luego se sentó en la cama y encendió la luz, para mirarme con esos ojos perfectos suyos, empapados en lágrimas y en dolor. Estuve a punto de soltar otro alarido, pero era lo que menos necesitaba él en esos momentos.-Deberías de haber avanzado, Dafne…
-No sé como llegaste a suponer en algún momento que no me quedaría, que no tenía asuntos pendientes en este sitio.
-Da igual… deberías de haber cruzado, haberte marchado lejos y haberme dejado solo a mi, con mi dolor y mi culpa.
-¿Tu culpa?-me agaché, poco a poco iba haciéndome con el control de mi cuerpo.
-Todo fue culpa mía, debería de haber continuado, haberte sacado de la nada y haberte llevado a un lugar lleno de gente donde mi padre no pudiese actuar como lo hizo, pude salvarte y en lugar de eso todo lo que hice fue quedarme inconsciente a tu lado mientras mi padre te mataba…
-Hiciste suficiente.
-No lo hice.
-Claro que sí, estuviste conmigo, eso siempre ha sido suficiente.-murmuré, mirándolo con un dolor que jamás había sentido antes.
-Si has venido a vengarte desde el más allá, adelante, no pienso resistirme.-de repente, el dolor desapareció un poco y en su lugar llegó una dosis muy cargada de exasperación.
-Dime, ¿El encierro te vuelve imbécil o es alguna otra cosa?-me miró muy mal, casi tanto como yo.-Es obvio que yo jamás habría vuelto para vengarme de ti. No estoy aquí por eso.
-¿Entonces?
-Supongo que estoy aquí porque te quiero.
-No sé qué es peor.
-La venganza, claro.
-Que me matases hubiese sido menos doloroso, una vez muertos tal vez hubiésemos podido estar juntos. Que no vengas a matarme significa que deberé seguir aquí, sin ti.
Me encogí ante sus palabras, ese era nuestro destino, nuestra historia de amor, que se había acabado incluso antes de empezar, todo era deprimente, pero me sobrepuse como pude, normalmente siempre le tocaba a él hacerse el fuerte y darme ánimos, esta vez esa era mi misión, debía dejarle feliz para poder avanzar, ese era mi asunto, y tenía que hacerlo pronto, antes de que su felicidad radicase en estar con otra que no fuese yo… de pronto lo escuché reírse y cuando lo miré me miraba, se estaba riendo de una forma casi macabra, y se estaba riendo de mi.
-¿Te hago gracia?-mi humor seguía siendo el mismo, la muerte no lo había cambiado en absoluto. El asintió, supongo que de acuerdo con mis pensamientos.
-No me reía de ti, me reía de lo que pensabas.-repasé los últimos pensamientos que había tenido, desde luego, ninguno de ellos era gracioso.-sobre lo de verme feliz junto a otra, desde luego no conoces nada de las historias de amor de los Señores de los Lobos.
-Sabes que no.-contesté.
- Los Señores de los Lobos… no se enamoran con mucha facilidad. El amor, como tal, solo existe una vez para ellos, a lo largo de su casi infinita vida, solo aman una vez. Me refiero a ese tipo de amor con el que ya no necesitas nada más, solo estar con la otra persona… ella te da el aire que necesitas, el mundo gira a su alrededor, el tiempo solo pasa porque ella está ahí para recordarte que existe. Si la persona a la que amas de esa forma muere, nunca más amarás a otra, y tampoco lo necesitarás, habrás tenido todo el amor que debe tener una vida… incluso mucho más.
-Así que solo te enamorarás una vez.
-Así que solo me enamoré una vez.-noté el uso del pasado.-Y tú también, aunque bueno, muerta no creo que necesites enamorarte de nadie.
-Tampoco viva lo necesitaría. Ya lo tenía.
-Ya lo teníamos. Lo nuestro hubiese sido perfecto ¿sabes? Probablemente discutiríamos demasiado a menudo, pero sobre cosas ridículas, como de qué color pintar el salón y si queremos una hija o un hijo, o los dos. Tú y yo estábamos hechos el uno para el otro, hubiésemos sido felices casi sin querer. Es así como funciona, tranquilízate, no tendrás que vagar por aquí a la espera de que me vuelva a enamorar, no lo haré, mi amor ya pasó, tú eras mi amor, toda la vida te he esperado y toda la vida te seguiré queriendo, sí, suena jodidamente cursi, supongo que es así. En todas estas historias de ambición y poder de las que te he hablado sobre los Señores de los Lobos debía haber algo noble, algo bueno, y eso siempre ha sido el amor.
-¿Y ya está? ¿Yo me muero y tú no puedes rehacer tu vida con otra? No es muy justo.
-No sería justo si alguien me lo prohibiese. Pero nadie me prohíbe volver a hacerlo, es más una cuestión de… falta de ganas. Ya no habrá más mujeres, nunca, yo no las veré, puedo quererlas, pero no será este amor, puedo quererlas como a una madre, como a una hermana, como a una amiga… nunca como a ti.
-¿Quieres que me sienta aún peor? Yo cruzaré, y supongo que al irme de este sitio, no sufriré nunca más, seré feliz a mi manera, y tú mientras estarás aquí, con muchas madres, hermanas y amigas, pero sin alguien que te quiera como yo.
-Jamás encontraría a alguien que me quisiera como tú, ni aunque vivieses. Y no deberías sentirte mal, me has dado mucho más de lo que piensas, sé que me quieres. Es mucho más de lo que podía pedir.
-Como si alguna vez hubiese habido otra opción, ¿no?-de pronto lo entendí, nunca había habido otra opción, y todo el mundo lo sabía. Traté de llevar el tema a otro lado, uno menos doloroso que no hablase de nuestra inmediata separación.-Y en el caso de que, por ejemplo, te hubieses enamorado de una humana normal y corriente y no de, como me dijiste que era, una Señora de los Lobos… tú seguirías siendo joven y guapo mientras ella se pudriría y moriría con el paso de los años, ¿no?
-Sí, y ninguno de los dos lo lamentaría, yo habría sobrellevado bien su pérdida tras una vida entera a su lado, habría seguido mi vida como pudiese y hubiese esperado a que llegase mi hora, luego, donde quiera que ella hubiese ido, me hubiese reunido con ella. Ella lo hubiese llevado igual, hubiese tenido una vida plena y feliz conmigo, habría envejecido y habría tenido hijos, y tal vez incluso nietos, habría tenido una vida perfectamente normal, solo que su marido siempre hubiese presentado el aspecto de un hombre de veintitantos. Hubiese sido feliz, hubiese muerto feliz y hubiese esperado lo que tuviese que esperar para reunirse con él. Supongo que por eso me duele tanto esto.-y de nuevo lo llevó al terreno del que yo quería huir.-yo ya había dado por supuesto que no habría separación que tener que soportar, que siempre estarías aquí, tanto tiempo como fuera necesario, que viviríamos felices, tendríamos hijos y algún día nuestros hijos tal vez parecieran nuestros hermanos, una vida completamente feliz e interminable a tu lado, eso era lo que conseguía cuando mi amor era una Señora de los Lobos…
-Y de pronto me dejé matar y acabé con tus ilusiones, tu historia feliz desaparecía, tus planes, tus…
-Mis todos. Supuestamente debería superarlo ¿sabes? Así funciona esto, tú te mueres y yo, tarde o temprano, te sigo, pero sigo viviendo como si no hubiese nada que me doliese y me obligase a buscar una forma de seguirte, seguir viviendo a toda costa, ese es el plan. Pero contigo todo es más complicado de lo que debería.
-Me lo puedo imaginar. Nunca pensaste que tu novia sería un fantasma.
-Nunca pensé que pudiese querer tanto a un fantasma. Nunca. Nunca.-miró por la ventana desde la cama. Yo me moví un poco y me acerqué a la ventana y miré a través de ella, para mi era como si fuese de día, veía perfectamente a través de la oscuridad reinante.
-Yo nunca pensé que se pudiese querer tanto a alguien, fuese lo que fuese ese alguien.-murmuré muy bajo, pero a sabiendas que si no lo escuchaba de mis labios lo escucharía de mi mente. Fue un alivio pensar que no debería de escuchar sus pensamientos hacia otra en su cabeza. Un verdadero alivio. Me volví a acercar a él un par de pasos y me miró.
-Tienes los mismos ojos de siempre.-me dijo, sonriendo un poco. La culpabilidad pasaba un poco, eso me alegraba bastante.
-Y…oh.-de pronto, cuando iba a decirle que él seguía teniendo los ojos más bonitos que yo nunca había visto, sentí como si alguien tirase de mi, me sentí confundida, mi enlace con este mundo ya estaba claro, era Alex. ¿Qué más había aquí capaz de tirar de mi de esa forma?
Me quedé a un palmo de atravesar la ventana, Alex se levantó y se puso a mi lado, preocupado.
-¿Qué ha pasado?
Yo no contesté, estaba bastante ocupada en mirar por la venta y ver esa silueta más que conocida.
-Esa… soy yo.-dije, tan sorprendida que casi no era capaz de pronunciar palabra.
-Eso no puede ser…-Alex parecía nervioso, él tenía buena vista, vale, pero no podía comparar su visión en la noche con la mía, ese cuerpo era MI cuerpo, no uno parecido, sino el MÍO… lo sentía perfectamente, ¿Qué qué otra cosa podía tirar de mi de esta forma, que no fuese mi enlace, que no fuese Alex? Por supuesto, esa otra cosa era, ni más ni menos, que mi cuerpo, intacto y sin ningún rasguño (tal vez un par), mi enlace más fuerte con el mundo de los vivos, pero sobretodo, mi enlace más fuerte con Alex.
esto...me e perdido...como es que el cuerpo esta intacto y ella un fantasma??
ResponderEliminarespero que escribas pronto porque si no te pego...xDD
ehhh va a resucitar??????????????????
ResponderEliminarni se te ocurra volver a tardar meses en poner la continuacion! ¬¬
Gracias por la aclaración del principio. A más de uno nos ha venido bien xD
ResponderEliminarBueno, me alegro de ver que escribes de nuevo pero no me alegra el percá de esta historia. Espero que en la próxima entre Dafne se encuentre en mejores condiciones.
besuss!
Cojoneh!!
ResponderEliminarSu cuerpo zombie quiere alimentarse de su alma *asdf (paranoia) xD
ahora leo la continuación