Los días siguientes fueron horribles.
Al día siguiente de nuestra visita a casa de Pablo, unas nubes oscuras se posaron encima del pueblo y se quedaron ahí, desembocando en una lluvia fina cuando la tarde empezaba a anochecer. Alex se quedó frente a la ventana y no pronunció palabra, tampoco hubiese hecho falta, porque yo ya escuchaba lo que pensaba, pero de todas formas, no quería hablar conmigo.
Y así fue durante días.
Me empezaba a sentir muy mal y una parte de mi deseaba que mi cuerpo hubiese sido destruido y que yo hubiese podido avanzar y descansar en paz. Como fantasma mi vida era una birria. Me reunía mucho con Max, que parecía prestarme más atención que Alex.
Estaba francamente mosqueada.
Alex pasaba de mi, mucho, como si yo no estuviese allí por él, como si yo ya no importase nada. Me hacía sentir francamente mal, y de haber tenido lágrimas que derramar, las hubiese echado todas. Max trataba de consolarme, me explicaba cosas como que para Alex también estaba siendo todo muy complicado. Vale, sí, podía llegar a entender que para él fuese complicado, pero él también debía pensar en lo jodido que era esto para mí.
Había tratado mil veces de hablar con Alex, pero nunca parecía dispuesto a contestar mis preguntas, respondía de mala gana y sin mirarme, y poco a poco, fue partiéndome el corazón (ya sabéis que metafóricamente, mi verdadero corazón seguía en mi cuerpo).
Los días que Alex pasaba de mi, cuando aún seguía viva, pensé que habían sido los peores de mi vida, y al morir, se habían convertido en los peores de mi existencia, pero comparándolos con estos… en fin, al menos por aquel entonces, yo tenía algo que no tenía ahora: tenía vida.
Me pasaba los días mirando a Alex, mirando como miraba por la ventana y escuchándole pensar en una forma en la que pudiese llegar hasta mi cuerpo sin ser atacado en el intento. Trataba de mostrarme dolida, molesta, furiosa con él, pero francamente, cuando lo tenía delante no era capaz, la única expresión que mi rostro era capaz de reflejar era tristeza. Me sentía terriblemente sola y ese sentimiento me llevaba a pensar en la abuela, lo que provocaba que la culpa de que ella estuviese ahora en una especie de limbo era total y absolutamente mía. Imagino que todos esos pensamientos y sentimientos debían llegar hasta Alex, igual que los suyos me llegaban a mí, pero lo disimulaba muy bien.
Escuchar los pensamientos de Alex eran los únicos que me hacían quedarme a su lado, saber que lo que sentía por mi seguía estando allí, y que si no hablaba conmigo era solo porque no quería hacerse daño, ni hacérmelo a mí. Pero escucharlo en su cabeza no me era suficiente. Yo necesitaba escucharlo de verdad. Necesitaba que el mundo supiese eso, no ser la única en saberlo, tener una prueba real… incluso más real de lo que yo misma era en esos momentos.
Así que una tarde de esas de lluvia incesante y de poco que hacer, me puse seria ante él. Él, como hacía siempre, cambió de postura y miró hacia otro lado. Me volví a poner delante suya, y empezó a impacientarse.
-¿Podemos hablar?-por su cabeza pasó un rotundo “no” que se me clavó el pecho. Su problema, aunque a mí me beneficiase, era que era demasiado educado como para plantarme ese no en la cara. Simplemente suspiró, cerró los ojos, volvió a suspirar, se cruzó de brazos y abrió los ojos de nuevo. Por su cabeza pasaron algunas frases llenas de resignación, sabía que en algún momento me cansaría. No tuve que esperar su sí, simplemente empecé a hablar.-Empiezo a estar un poco cansada de ti, Alex.
Me miró tan mal que me sorprendí. Como si yo no pudiese o no tuviese derecho a estar cansada después de lo que estaba haciendo por mí.
-¿Cansada?
-Sí. Sé que todo cuanto quieres es ayudarme a volver, Alex… pero a veces… me siento sola aquí, ¿sabes? Y tú no hablas conmigo, ni siquiera pareces percatarte a veces de que, en fin, sigo aquí.
-Claro que sé que sigues aquí.
-Me da la impresión de que ya no me ves como antes, de que no quieres que esté aquí.
-No. No quiero que estés aquí.-sus palabras se me clavaron en el pecho (vuelvo a hablar metafóricamente).-No quiero que estés aquí así, no quiero que tengas que limitarte a existir como casi menos que un fantasma porque mi padre te haya arrebatado tu cuerpo. No, no quiero que estés aquí así.
-Pero no hay más, mientras que no sepamos qué hacer con mi cuerpo… no hay más, la única forma de estar juntos es esta, Alex.-le contesté. Él giró la cabeza, sin decirme nada.-Entiende que cualquier chica normal se cansaría de esta situación. No hablas conmigo, Alex, te has obsesionado con hacerme volver a mi cuerpo, porque yo esté dentro de él, y que esté bien. Pero no te estás preocupando de cómo estoy ahora, de cómo me siento sin hablar contigo, sin certezas de que me sigas queriendo.-esta vez me miró aún peor.
-¿No tienes certezas de que te quiero?
-Tengo certezas de que me has querido y de que me quieres cuando estoy viva. No de que me apoyes ahora.-volvió a alejar los ojos de los míos. Y ninguno de los dos habló en un rato.-Mírame.-me ignoró. Eso me exasperó un poco, y suspiré sonoramente.-Vamos, mírame, por favor.-giró sus ojos hasta posarlos sobre los míos, seguía enfadado.- ¿Qué ves?
- ¿Qué?
-Que qué ves cuando me miras, Alex.-me crucé de brazos y lo miré, esperando una buena respuesta.
-A ti.-imbécil. Levantó una ceja cuando esa palabra llegó a su mente desde la mía.
-Ya sé que me ves a mí, Alex, lo que quiero saber es que es lo que ves en mi cuando me miras, incluso ahora, estando muerta y echa un asco, para qué engañarnos.
-¿De verdad quieres saber qué es lo que veo cuando te miro ahora? ¿De verdad?-tragué saliva (ya me entendéis) y asentí.-Veo a la chica de mis sueños.-me abrumé ante ese repentino ataque de sinceridad.-Aunque últimamente, apareces más en mis pesadillas.-continuó.- Veo al amor de mi vida y a la vez veo a la razón que hace que ésta esté vacía ahora. Veo a la persona que debí decirle esto cuando aún había tiempo, la persona con la que todo hubiese dio tan fácil como respirar. Cuando te miro… me veo a mi, contigo. Como si estuviésemos destinados a estar juntos en un mundo o en otro. Llegaste a mi vacía existencia y la llenaste con tu luz pero después te volviste a ir, y volvió la oscuridad de una forma en que jamás creí que existiese, porque ahora era mucho más… yo ya había conocido lo que era estar contigo y no estarlo era…-se calló, tragó saliva y continúo.-Cuando apareciste de nuevo… una parte de esa luz, una minúscula parte, volvió contigo. Mirarte es ver la luz, ver la esperanza que aún debemos tener. Porque tenemos esperanza… porque si tú no vuelves, iré yo y estaré siempre contigo… eso es lo que veo.
-Vaya.-lo solté así. Después me arrepentí, le reprochaba que no me hablase o que me hablase poco y, después de que me abriese el corazón de esa forma yo le había contestado con una tonta, simple e insignificante palabra, que no podía explicar, ni de lejos, lo que pensaba de lo que me había dicho. Pero ante ese “vaya” él simplemente sonrió, cosa que no hacía desde hacía días.
-Mirarte, Dafne, es encontrarme frente a frente con la única razón de querer vivir… pero por otro lado… también me encuentro con la única y más fuerte razón para que no me importe morir.-esta vez fui yo la que le miró horriblemente mal.
-Que estupidez. Esa no es una buena razón para que no te importe morir… yo no soy una buena razón para eso, ni yo, ni nadie merecería tu muerte.
-Cuando la razón de que tu existencia tenga algo de sentido desaparece… ya no importa nada más, por muchos años que te queden por delante. Ya tengo la seguridad de que no encontraré otra razón… a mi me parece una causa más que razonable para morir.
-Las cosas no son así. Yo sigo aquí. Sigues teniendo razones.
-Que sigas aquí no me da razones… solo esperanzas de poder hacer que vuelvas. Pero si no pudiese… en fin, no lo dudaría ni un solo segundo. Tenerte aquí es suficiente, sí… pero no es bastante para siempre… necesito… poder poner mi mano en tu mejilla cuando te digo que todo irá bien, abrazarte tan fuerte que no quepa ni el aire entre los dos… ¿sabes lo que es desear con todas tus fuerzas besar al amor de tu vida?
-Claro que lo sé… y también sé que es desear con toda tu alma, porque ya no te queda otra cosa, besar al “amor de tu muerte”.
-Vaya.-me sonrió un poco. Permanecimos callados unos minutos.- ¿Y tú?
-¿Yo qué?
-¿Qué ves tú cuando me miras?
-¿Yo? Veo luz… supongo que ya habrás escuchado el tópico del túnel y la luz que te llevará hasta el más allá, un lugar mejor… tú eres la luz al final de mi túnel… mi lugar mejor. Nunca me iré de aquí, Alex, siempre estaré donde tú estés, a tu lado… incluso dentro de mil años, cuando ya estés harto de mi. Eres mi puerto seguro, la razón por la que buscaría eternamente la forma de volver a la vida, aunque solamente fuese un segundo a tu lado… Te miro y te veo a ti, sin más ni más.
-Creo que es suficiente, puedo conformarme con eso por ahora. Pero… encontraré la forma, te traeré de vuelta de una forma u otra.
-¿Es suficiente solo por ahora que vayas a ser mi amor eternamente?
-De esta forma, sí.
-De esta y de todas, Alex. Mi corazón siempre será tuyo, incluso aunque ahora esté en un cuerpo que no contr…-me quedé callada. Decirlo en voz alta era lo que necesitaba. De pronto fue como escuchar un “clik” cuando las piezas encajaron.- ¡Eso es!
-¿Eso es qué?
-¡Tú! ¡Tú eres la clave! Siempre lo has sido… mi cuerpo, aunque esté controlado por cualquier criatura… ¡nunca jamás sería capaz de hacerte daño a ti!