viernes, 23 de abril de 2010

Día 68

Al día siguiente de ese día tan irreal, cuando la brillante luz del sol me aclaró un poco la cabeza, haciéndome ver que todo lo que mi mente imaginaba no podía ser nada más que simplemente eso, imaginaciones, tomé la decisión de volver al bosque. Max pronto se dio cuenta de mis intenciones y me miró muy enfadado.
-No vas a ir al bosque, que ayer tuvieses suerte no significa que la vayas a tener siempre.-me dijo.
-Voy a ir. Lo siento, pero esta vez no voy a hacerte caso.
-¿Esta vez? ¡Nunca me haces caso!-me gritó. Me di cuenta que en cierto modo, era verdad, que aunque siempre pensase en hacerle caso, al final nunca lo hacía.
-Lo siento.-volví a repetir. Desde ese mismo momento, Max estuvo refunfuñando a mi alrededor todo el día tratando de convencerme de que era una malísima idea. Pero obviamente, no consiguió su propósito.
Esperé a que el sol empezase a caer para salir de casa, pues no creía encontrar lobos antes de ese momento. Anduve con paso decidido al bosque, esperaba encontrarme con el lobo del día anterior, pero toda mi decisión pareció temblar un poco cuando llegué al límite del bosque. Había más lobos en ese bosque que podían no resultar tan agradables. Tomé aire antes de entrar. Apenas había andado unos metros cuando escuché un aullido cercano, luego otro, un poco más alejado, que respondía al primero. Parecía que la oscuridad iba aumentando a pasos agigantados.
Escuché un gruñido a mi espalda y me giré con rapidez. Mantuve la esperanza de que fuese el mismo lobo apenas un segundo, luego me quedó claro que no lo era. Más bien era el primer lobo, aquel que me quería de cena, y pude ver que aún quería que lo fuera. Retrocedí un par de pasos, como si eso fuese a evitar algo. Luego pensé en que debería de haberle hecho caso a Max… ¿dónde estaba Max?
Esta vez no tuve tiempo de correr, ni de reaccionar en ningún sentido. El lobo se abalanzó sobre mí, no iba a dejar que pasase de nuevo la oportunidad, supongo. Me tiró al suelo y fue a cerrar su boca en torno a mi brazo, pero antes de eso, otro lobo (este sí que era el del día anterior) lo cogió, mordiéndole la pata, y tiró de él. Los dientes del primero se clavaron en mi piel y mientras era arrastrado iba arañándome la piel. Dolía mucho, muchísimo. El lobo pequeño, llamémosle lobo simpático, se llevó al lobo asesino a unos metros de mi, enzarzándose ambos en una lucha.
Mi brazo sangraba mucho, me levanté como pude, pero ver mi sangre me marea, así que me tambaleé. No iba a llegar muy lejos.
En ese momento llegó Pablo a mi lado, Max iba con él. Ya sabía donde había estado Max y gracias a Dios (aunque nunca admitiré haber dicho eso). Pablo me ayudó, cogiéndome en brazos como si fuese una niña pequeña.
-Nos vamos a casa.-me dijo, ignorando a los dos lobos que luchaban.
Perdía mucha sangre y me iba mareando más y más. Apenas fui consciente del camino de vuelta y cuando abrí los ojos no estaba en casa.
-¿Dónde estoy?-le pregunté a Pablo que estaba a mi lado junto a Max.
-En mi casa.-me respondió.
-¿Qué hago aquí?
-No iba a llevarte a casa con eso en el brazo.-vi como mi brazo estaba vendado y como la venda estaba casi completamente roja.
-Oh.-miré a otro lado.
-Tengo que cambiarte eso.-me dijo acercándose a mi.
-Oh, no creo que…-negué con fuerza. No quería ver mi herida, ni mi sangre, ni nada de eso.
-Mira a otro lado o cierra los ojos.-preparó una venda y se dispuso a quitarme la que tenía. Miré a otro lado y apreté los dientes.- ¿Pero qué…?
Escuché su voz muy cerca, parecía verdaderamente sorprendido. Miré hacia la herida, arriesgándome a cualquier cosa. Yo también me sorprendí al no ver herida alguna.
-¿Qué… qué…?-empecé a preguntar, pero no me salían las palabras. ¿Dónde estaban los arañazos? No podían haberse curado, eran graves, incluso deberían de haberme dado algunos puntos.
Pablo miró a Max, que me miraba a mi.
-Parece que en este pueblo todavía te puede sorprender cualquier cosa…-comentó este. En ese momento sonó el timbre. Me fijé en la ventana mientras Pablo iba a abrir. Ya era de día.
-¡El abuelo estará preocupado!
-Tranquila, lo llamaste anoche avisándole de que te ibas a quedar a dormir en casa de una amiga.-me contestó Max, que aún permanecía a mi lado.
-No recuerdo haberle llamado.-respondí. Él simplemente sonrió. Me llegaron las voces desde la puerta.
-Déjame pasar.-reconocería esa voz hasta en el final del mundo. Alex estaba allí.
-¿Estás seguro?-le contestó Pablo.
-¡Claro que estoy seguro! ¡Tengo que verla!-sonaba como para estar a punto de pegarle un empujón a Pablo y entrar con o sin su permiso. Pero no lo hizo, solo parecía más y más nervioso.
-Puedes entrar.
Llegó muy pronto a donde yo estaba, ni siquiera llegué a escucharlo.
-¿Cómo está tu br…?-pero se dio cuenta de lo evidente. Mi brazo estaba perfectamente, como si ningún lobo me hubiese llegado a morder. Como si no hubiese pasado nada. Tragué saliva y lo miré, a la vez que sus ojos se clavaban en los míos. Max se escabulló fuera de la habitación y Pablo no entró.
-Estoy bien.
-Pensé que te podría haber pasado cualquier cosa y no me lo hubiese perdonado nunca.
-Estoy bien.-repetí, y haciendo acopio de todas mis fuerzas susurré un:-Gracias.
Él sonrió. No sé si entendió a lo que yo estaba agradecida.
Se arrodilló en el suelo, dejando su cabeza a la altura de la mía.
-¿Dónde está tu herida?-me preguntó.
-No hay herida.
-Pero…-negué con la cabeza. Él desvió la suya y vio la venda ensangrentada que aún estaba allí.-Sí había herida.
-Pero ya no la hay, no sé porqué, pero no hay nada.-tragué saliva y volvió a mirarme. Puso su mano en mi frente y me quitó el pelo de los ojos.-Pensé que te ibas a mantener alejado de mi y últimamente me ves demasiado.
-Puede ser. Pero he vuelto a cambiar de opinión.-me contestó.
-No puedes estar cambiando de opinión siempre. No puedes utilizarme a tu antojo y querer estar conmigo cuando tú quieras. No puedes usarme así.
-Lo sé.-agachó la cabeza.-Pero esta vez es definitivo. No hay marcha atrás, nada de separaciones estúpidas como si eso fuese a mantenerte a salvo… me he dado cuenta que conmigo es como más a salvo estás. Nunca jamás voy a permitir que nada ni nadie te haga daño.
-Ya lo sé. Ya te encargas de ello. Como anoche.-porque le iba a decir que yo sabía lo que estaba pasando.
-¿Anoche?
-No soy idiota.
-Yo no te vi anoche.
-¿Y cómo sabías que estaba herida en el brazo?-le recriminé, sabiendo que me seguía mintiendo. Se calló, no tenía una explicación para eso.
-Dafne…
-Sé que… que… tú… eres…-me costaba. Decirlo en voz alta era admitirlo, admitir que los cuentos existen, que los denominados monstruos con los que se asustan los niños existen en la vida real y que yo había ido a parar al sitio donde vivían.-un hombre lobo.
Me miró y tomó aire. Supongo que se debatía entre si negármelo todo o darme la razón.
-¿Crees en la existencia de los hombres lobo?
-Creo en que tú existes. Y también creo en que existe el lobo que anoche me salvó la vida. Y también creo que sois el mismo, que eres tú, que eran tus ojos. –le susurré.-No los de ahora, si no los ojos que tienes cuando me venías a visitar a casa y te colabas por el balcón, supongo que para asegurarte de que estaba bien y de que no me habías hecho daño.
Agachó la cabeza.
-¿Crees en los hombres lobo?-volvió a repetirme.
-Sí.

jueves, 8 de abril de 2010

Día 53

Max está algo enfadado conmigo, y bueno, admitiré que algo de razón tiene. El otro día, el lunes creo que fue, estaba sentada en mi habitación, con Max revoloteando por allí como hace habitualmente, cuando me levanté de improviso sobresaltándolo.
-Voy al bosque.
-¿Qué?
-Eso, voy al bosque.-aún era temprano, tenía tiempo de sobra.
-¿Vas a ir al bosque después de lo de los lobos?
-Bueno… lo de los lobos me acojonó un poquito…-Max me miró muy serio.-vale, me acojonó mucho, pero… en fin… puede más mi curiosidad que mi miedo.
-¿Curiosidad? ¿Por qué sientes curiosidad?
-Por la foto.-vi en la cara de Max que no tenía ni idea de lo que estaba hablando.-La que me devolvió Pablo… sigo pensando que yo no cogí esa foto de la caja… y voy a ir a comprobar que sigue donde debería estar.
-Pero… esa foto la tienes tú, sólo hay una copia y está ah…-se giró a señalar el lugar donde debería de estar la foto, donde yo la coloqué al volver y donde nadie la había tocado. Sonreír al ver su cara, por una vez le llevaba ventaja en algo.
-No está, como puedes ver. Desapareció anoche, la dejé ahí y esta mañana ya no estaba. Alguien se la ha llevado… y cuando digo alguien, quiero decir Pablo, puesto que nadie más sabía de la existencia de esa foto aparte de nosotros y él, que la vio el otro día… así que voy a ir hasta allí, voy a abrir esa caja y voy a comprobar como la ha vuelto a colocar allí, pensando, tal vez, que soy idiota y no me daré cuenta.
-¿Y si lo que quiere es justamente lo contrario? ¿Y si busca atraerte hacia el bosque?
-Que idiotez.-le contesté, mientras me ponía la chaqueta.
-No. A ver, si esa foto ha desaparecido sin dejar rastro, era lógico que pensarías en él, porque es el único que ha visto esa foto. ¿Y si lo que intenta es que vayas al bosque?
Me encogí de hombros.
-Habrá que averiguarlo.
-Pareces muy valiente.
-He llegado a la conclusión de que ahora sí lo soy, porque, bueno, ya no tengo nada que perder.
-Tienes a Alex.-sonreí tristemente.
-Que solo lo pueda ver una vez al mes por sabe dios que motivos es una gran prueba de que él también lo he perdido.
-No seas ridíc…-pero huí antes de que terminase y se pusiese pesado. Tenía poco tiempo para hacer todo lo que tenía que hacer. Me acerqué con paso decidido hasta el límite del bosque y, por primera vez desde que estaba allí, me pensé seriamente el dar el paso necesario para adentrarme en él, pero después lo di. En fin, la curiosidad ha sido la causa de muchos grandes descubrimientos, ¿no?
-Y también de muchos muertos, fíjate.-Max ya estaba a mi lado, mirando el interior del bosque. Moví la cabeza de un lado a otro y di el paso. Anduve más deprisa que las veces anteriores, esta vez sabía a lo que iba, lo que quería, no podía tardar tanto como la vez anterior.
Llegué pronto al lugar indicado y desenterré esa caja que tantas veces en tan poco tiempo había sacado de ahí. Abrí la caja, esperando encontrar la foto allí, pero me llevé un chasco al no encontrarla.
-¿Buscas esto?-me giré sobresaltada y sobretodo asustada, a tiempo de ver a Pablo avanzando hacia mi. Eché la caja al agujero y traté de taparlo, sí, sé que suena estúpido puesto que él ya sabía de la existencia de esa caja, pero así al menos no sentía estar inmiscuyendo a más gente en la intimidad de la abuela y Max. Me levanté del suelo y lo miré, sonreía un poco, pero no sabría decir que clase de sonrisa era.
-¿Hoy también se me ha caído?-se rió. Respiré profundamente mientras se acercaba a mi. Traté de recordar los escasos años que había estado en karate, antes de que llorase y patalease para que mamá me sacase de allí, pero no hubo mucha suerte. Bueno, una patada podría servir, ¿verdad? Se paró a un par de metros de mi.
-No. Estaba en tu casa.
-¿Y qué hacer tú con ella cuando estaba allí?
-Tienes un cuarto muy accesible, ¿lo sabías? Alguien debería de talar ese árbol.-francamente, me estoy replanteando tomarme en serio ese consejo.-No deberías haber venido.
-No sé quien eres, ni porque me seguiste aquel día para tener esta foto… ni porqué has entrado a mi cuarto para recuperarla.
-Quería ver hasta donde llegaba tu estupidez.-me quedé boquiabierta.
-¡Encima!
-No tendrías que estar aquí, deberías de haberlo dejado correr. Incluso después de lo que te pasó con los lobos te atreves a volver aquí por simple curiosidad.
-Así que es verdad, estuviste aquí cuando los lobos me atacaron y no hiciste nada.
-No corriste peligro en ningún momento.
-Yo no estaría tan seguro.-volvió a reírse.
-¿Tan importante es para ti esta foto?-dijo, mirándola fijamente, como si hubiese algún significado oculto en ella. Me acerqué a él, armada con todo mi valor y se la arrebaté de las manos, alejándome de él de nuevo.
-No es una foto cualquiera.
-Solo es una foto de tu abuela y de Max.-la saliva se paró a mitad de mi garganta y empecé a toser, debido a la sorpresa. A veces me pasa, en verdad, muy a menudo. El volvió a reírse, resultaba exasperante, como si el tipo se estuviese contando chistes únicos y exclusivos para él mismo.-Sí, tu abuela, el fantasma que Alex tiene vinculado. O Max, el fantasma que ahora mismo está vinculado a ti, parado a tu lado y mirándome con ganas de asesinarme… si pudiera.
-No sé de qué hablas.-le dije, tratando de hacerme la tonta.
-No voy a hacerte daño Dafne. Y tampoco puedes negarme que ves a un fantasma, cuando Alex te dejó estabas hablando con él. Te vi.
-Sí, parece que últimamente has dedicado mucho tiempo a espiarme.
-Oh, me resultas… interesante.-fruncí el ceño.
-¿Porqué has hecho todo esto?-le pregunté.
-Quería conocerte un poco mejor.
-¿Para qué?
-Por lo mismo que estás tú aquí y ahora. Por pura y simple curiosidad.
-Yo te conozco.-dijo de pronto Max, mirándole muy serio y sorprendido. Lo miré, echando a bajo toda mi mentira de no saber de qué hablaba. La sonrisa de Pablo se ensanchó.
-Sí. Veo que a tu padre no le sentó nada bien aquello, ¿no?
-Calla.-le ordenó Max, mirándome.
-Ah, ya veo, la chica no sabe nada.-también me miró.
-Ya veo que es cierto y tu parecido con tu hermano es extraordinario.-le dijo, cruzándose de brazos.
-¿Hermano?-no recordaba que Max me hubiese hablado nunca de ningún hermano… a no ser que se estuviese refiriendo a… tragué saliva, retrocediendo un par de pasos y alejándome tanto de Max como de Pablo. Entonces… ¿era cierto? ¿Max y Alex son hermanos? ¿Cómo iba eso a ser posible?
-Bueno, solo son hermanos de padre… pero creí que eso ya lo sabías.
Un gruñido resonó en algún rincón del claro donde nos encontrábamos. El sol ya había caído completamente, en algún momento de nuestra “agradable cháchara” había anochecido y no creo equivocarme si digo que ninguno de los tres se había dado cuenta.
-Lobos.-fue lo único que pude decir, mientras el recuerdo de la pasada noche me invadía de nuevo.
-Ponte detrás de mí.-me dijo Pablo, pero no reaccioné. De un solo salto, que jamás en mi vida entenderé, cruzó la distancia que nos separaba y se colocó delante de mí, en pose protectora. Bueno, parecía que después de todo no me quería hacer daño. El lobo salió de la sombra. Iba solo y no se parecía en nada (bueno, en que era enorme sí) al que apareció la otra noche. Más bien se parecería al segundo, al que parecía más pequeño. Por algún extraño motivo, el miedo desapareció.-Dafne, vuelve a casa.
-No va a hacernos daño.-el lobo me miraba a los ojos, con unos ojos de persona.
-¡Dafne!-me gritó Pablo, pero yo ya había salido de detrás de él y me había puesto frente al lobo, que me seguía mirando. Esos ojos… yo ya los había visto antes, en algún lugar. El lobo ejercía sobre mi una especie de… atracción, como si fuese un imán y yo no pudiese hacer otra cosa que acercarme a él.-No te acerques a él, Dafne, los lobos son poco fiables.
-No va a hacerme nada.-y estaba segura de ello, algo dentro de mí me lo decía. Levanté la mano, dispuesta a acaricias la cabeza del enorme lobo, que a cuatro patas era poco más bajo que yo, pero el lobo se retiró.-Espera… por favor…
Los ojos del lobo volvieron a clavarse en mi, con una mirada que sin saber por qué me heló el corazón. Después acercó su cabeza a mi y me dejó que lo acariciase. Con tan solo rozar su piel con mis dedos, sentí una gran tristeza y los ojos se me llenaron de lágrimas. Se escuchó un aullido, estaba lejos, pero no demasiado. El lobo gruñó y se alejó de mi. Siguió gruñéndome, pero no de forma amenazante.
-Quiere que te vayas.-me dijo Pablo, apartándose un mechón del pelo de la cara.-Venga, Dafne, Max te acompañará.
-Pero…-protesté.
-Dafne, ya es hora.-me cortó él. Me resigné, en fin, se había interpuesto entre mi y el lobo, pensando en protegerme, en cierto modo se lo debía. Pasé por su lado, camino de ir junto a Max, y me retuvo por el brazo.-La próxima vez, por favor, sé más prudente… no todos los lobos resultan tan amables…
Asentí y me fui al lado de Max, quien me cogió de la mano y tiró de mi. De nuevo lo hizo de verdad, como si no fuera un fantasma y en su lugar fuese una persona de carne y hueso y esta vez, no fue como la anterior, en la que yo ni siquiera podía articular media palabra, sino que estaba muerta de miedo. Esta vez yo estaba bien, completamente consciente de lo que pasaba, de que aquello no podía ser real, de que algo raro ocurría. Avanzábamos rápido por el bosque, de vuelta a casa. No dejé de darle vueltas al asunto y cuando salimos del bosque, me paré, a una distancia siempre prudencial de este.
-¿Le ha pasado algo a Alex?
-¿Cómo?
-Normalmente te vuelves corpóreo cuando Alex se desmaya. ¿Le ha ocurrido algo?-El negó con la cabeza.- ¿Estás seguro?
-Completamente, Alex está perfectamente bien.-suspiré tranquila al saber que decía la verdad.

Una vez en casa, me dormí pronto, pero eso solo contribuyó a que soñase con el lobo, pero sobretodo con sus ojos y con cuanto me inquietaba el saber que parecían ojos de persona. O lo que es peor, de una persona que yo ya conocía. Me despertó un ruido en la ventana. Me levanté enseguida, Alex me había prometido visitarme una vez al mes, no podía estar de nuevo allí a no ser que hubiese decidido incumplir su promesa. Deseé con todas mis fuerzas que así fuera. Me acerqué a la ventana y efectivamente, allí estaba Alex. Abrí para encontrarme con la pregunta de siempre.
-¿Estás bien?
-Claro.-le contesté. Parecía nervioso y estaba jadeando, supuse que trepar esa árbol no debía ser precisamente fácil.- ¿Y tú?
-Ahora ya sí.
-Pasa.-me aparté, pero en verdad me esperaba que se hubiese negado y me hubiese vuelto a dejar, como había hecho más de una vez. En su lugar, en contra de todo lo que yo pensaba, entró y se sentó en la cama.-Creí que no vendrías más hasta el mes que viene.
-Yo también lo creí.-levantó la cabeza y me miró. Abrí mucho los ojos, el color verde de los ojos de Alex (no sé si alguna vez os he dicho que Alex tiene los ojos verdes, preciosos, vivos, encantadores y demás adjetivos que se os ocurran) se habían oscurecido, tal y como los tenía la última vez que estuvo aquí, solo que yo no me había dado cuenta hasta ahora.
-¿Pasa algo?-negué con la cabeza, pero no pronuncié ni media palabra. Suspiró.-Me voy.
Y por primera vez en todo este tiempo, dejé que se fuese, sin pedirle que no me abandonara, sin dolor… dejé que me dejase y una parte de mi, suspiró tranquila cuando no estuvo allí. Había algo extraño en este asunto, algo demasiado extraño, incluso más que historias de fantasmas… este pueblo era fantasía.

Fantasía pura y dura.

domingo, 4 de abril de 2010

Día 49

Sé que os dejé a medias la última vez y que he tardado mucho en terminar de contaros lo que pasó con Pablo, pero es que decidí que lo mejor era esperar a saber algo más acerca del tema. Y no sé mucho más, pero no os voy a mantener con la intriga.
Retomemos la conversación en aquel momento en el que Pablo me preguntó quien era mi amigo el que se parecía a Alex, o sea, Max, o sea, el fantasma. Sigamos.
-¿Dis…dis…disculpa?-tartamudeé cuando recobré la capacidad para hablar.
-Éste.-y me mostró una foto.-Se te ha caído, y veo que aparece contigo.
La foto que estaba dentro de la caja. No recordaba haberla sacado de allí, supongo que la cogería inconscientemente.
-Esa no soy yo.-negué, sonriendo un poco ante su equivocación.-es mi… abuela. Y ese es el tío abuelo de Alex. Se conocieron hace mucho.
-Ah.-dijo simplemente, devolviéndome la foto.-Vamos, te llevo a casa.
“Dile que te vas sola y vete sola a toda costa” pensó Max, muy fuerte para que yo lo escuchase. Me extrañó porque ¿qué necesidad tenía de pensarlo cuando siempre me hablaba en voz alta?
-En serio, voy sola. Necesito tomar un poco el aire y pensar un poco.-le dije, tratando de sonar simpática y sobretodo convincente.
-Bueno… está bien. Te veo mañana.
-Adiós.
Volví a casa más rápido que una bala y fui directa a mi habitación. Max me miró muy serio.
-No… no recuerdo haber cogido esta foto.
-No la cogiste, Dafne, yo estuve contigo en todo momento y lo único que te quedaste de esa caja fue el anillo.
-¿Entonces cómo ha podido llegar esa foto hasta ahí?
-Porque ese tal Pablo la ha puesto allí. Me ha visto, Dafne, sé que me ha visto y no sé cómo lo ha hecho.
-Bueno… yo te veo.
-Cada fantasma se vincula a una persona, una y solo una es capaz de verlo y hablar con él, que me viese no tenía ningún sentido para mi, Dafne. Ahí hay algo raro.
-¿El qué?-le pregunté.
-No lo sé, pero no dudes que pienso investigarlo. Tú mantente alejada de él, ¿de acuerdo?-asentí.
-Para conseguir esa foto… tuvo que seguirme hasta allí. Y si me siguió significa que tuvo que estar allí cuando aparecieron los lobos…
-Sí.
-Y no movió un dedo por ayudarme… o sea, que es un cobarde. Pero que fuese un cobarde no significaría que tuviese que verte.-le dije a Max.
-Averiguaré qué pasa.
-Y no me lo contarás.
-Depende de qué averigüe.
-Genial.
Y ya no me dijo más nada. Sé que desde entonces está buscándole una explicación, lo que no sé es si la ha encontrado o no. Yo por mi parte, también la estoy buscando, pero bueno, no podéis comparar los recursos de espionaje que tiene un fantasma incorpóreo e invisible a los que tengo yo.

También os estaréis preguntando si en esta semana y media que llevo sin dar señales de vida ha habido algún cambio con respecto a Alex. Y bueno… tengo que deciros que un par de días después de decidir que lo mejor era no verme; de no verle apenas en todo el día excepto las pocas horas que decidía pasarse por el instituto; de haber perdido a mi mejor amigo; etc. sólo un par de días después, volvió a presentarse por la mañana en mi casa, a recogerme supongo. Salí de casa sin esperarlo, y mucho menos donde siempre y mirándome como siempre. Me molestó, actuaba como si nada hubiese pasado así que decidí hacer como si no estuviese ahí y pasé de largo. Me siguió a regañadientes.
-Espera, por favor.-me giré y lo miré. Aguantándome tanto las ganas de echarme a llorar como las de patearle el culo.
-¿Qué pasa? ¿Has cambiado de opinión?-traté de sonar fría, pero no pude evitar que una nota de esperanza tiñese mi voz.
-No. Estar alejados es lo mejor. No cambiaré de opinión tan fácilmente. Pero quería darte algo.-se acercó a mi, mucho, demasiado. Lo miré a los ojos, demasiado cerca de los míos.
-¿El qué?- murmuré. Sacó una cajita de uno de sus bolsillos y me la tendió, separándose un poco.- ¿qué es esto?
-Ábrelo.
Abrí la tapa de la caja para encontrarme con un colgante. Lo cogí para ver que era exactamente lo que tenía colgando.
-Es una… ¿bala?-le pregunté extrañada mientras lo examinaba. Él sonrió un poco mientras asentía.
-De plata. Dicen que sirve para mantener a raya a los lobos.-y me miró como si supiese lo que había pasado la otra noche. Pero NO PODÍA SABERLO, ni siquiera se lo había contado al abuelo y puede que a Alex sí se lo hubiese llegado a contar, pero no tuve tiempo.
-Tenía entendido que las balas de plata eran para los hombres lobo.-me miró y sonrió.
-Te mantendrá a salvo de los lobos de por aquí.-seguía pareciendo que supiese lo que había pasado.-
-Gracias, supongo.
-Hazme un favor, llévalo siempre contigo, pero que no lo vea nadie.-se volvió a acercar mucho a mi, vi lo que trataba de hacer y agaché la cabeza.
-No lo hagas, por favor. No me beses para luego volverme a dejar. No es justo.-una lágrima rodó por mi mejilla y él apoyó su frente en la mía.
-Está bien.-me susurró.
-Me…-empecé a decir, separándome de él.-¿me ayudas a ponérmelo?
-No.-y me sonrió.-tengo que irme.
-Pero…-me dio un beso en la mejilla y se fue de allí. Suspiré y miré el colgante. ¿Eso era todo? ¿Me dejaba sola tan sólo con un colgante con una bala de plata? Moví la cabeza de un lado a otro y me fui al instituto.
Después de eso, Alex volvió a fingir que no me conocía, o que no me veía, o qué demonios sabré yo. No os podéis hacer una idea de lo cuesta arriba que se me está haciendo esto. Esto es horrible y sobretodo, frustrante.

Y así, ayer volvió a aparecer a las tantas en casa. Bueno, a las tantas dependiendo de como se mire. El sol estaba saliendo cuando escuché golpes en mi ventana y me acerqué hasta allí. Somnolienta y preguntándome quien podía golpear mi ventana a semejantes horas inhumanas. Con tan solo dos pasos, un poco más espabilada, recordé que el único tan loco como para trepar por ese árbol y subir hasta mi balcón era Alex, así que fui a abrir más rápido que nunca.
Y estaba allí, jadeando y nervioso, mirándome con unos ojos extraños.
-¿Estás bien?-le pregunté, acercándome un poco a él. Me paró con una mano.
-¿Y tú?-me preguntó él, parecía muy preocupado.
-Claro que estoy bien.-¿porqué debería no estarlo?
-Bien.-se desplomó un poco en el suelo y me acerqué a él corriendo, agachándome a su lado.
-Vamos, apóyate en mi y pasa dentro.-el negó con la cabeza, pero yo ya había pasado su brazo alrededor de mi cuello y lo intentaba ayudar a levantarse.
-No llevas el colgante.-murmuró.
-Me lo quito por las noches.-le contesté, preguntándome a qué venía eso ahora.
-Pues no deberías. Que estés en casa no significa que estés a salvo.
-Creí que esto solo me protegía de los lobos.-le dije, haciendo que se sentase en la cama.-No creo que ningún lobo entre y se cuele por el balcón. -Alex sonrió.-¿Qué se supone que estás haciendo aquí, Alex?
Me senté a su lado y lo miré.
-Tenía ganas de verte.
-¿Ganas de verme a unas horas que ni las calles están puestas? Ni siquiera me miras cuando pasas a mi lado, Alex…-le dije, agachando la cabeza.
-Sé que te estoy haciendo daño, Dafne…-levanté los ojos y lo miré.
-Pues no me lo hagas, Alex.-le dije, casi le supliqué.
-No es tan fácil.
-Ni será tan difícil. Pero no puedes hacerme esto. No puedes no mirarme cuando quieres y presentarte en mi casa de repente, como si no hubiese pasado nada. No me puedes usar así, Alex.-y sin previo aviso me abrazó.
-Sé que no puedo pero… tampoco puedo exponerte a un peligro al que no le puedes hacer frente, Dafne, eso tampoco sería justo.-me separé de él (a duras penas) y lo miré muy seria.
-Está bien, pues me hago cargo de ese peligro, lo que demonios pueda pasarme será solo culpa mía, ¿vale? Me hago responsable, tú no te tendrás que sentir culpable porque estaré contigo porque quiero, a sabiendas de que sea peligroso. Me es igual, Alex, incluso me es igual que no quieras contarme nada de lo que te ha hecho cambiar de opinión, me vale con que te quedes conmigo, o al menos me dejes a mi quedarme contigo.
-No puedo… entiéndeme, Dafne. ¿Tú me pondrías en un peligro al que no pudiese hacerle frente?-se puso de pie, alejándose de mi.
-No.
-Pues yo tampoco puedo hacerlo. Lo siento, Dafne. Pero… tendremos un instante como este todos los meses, siempre tendremos este momento, ¿de acuerdo?
-Pero eso será peor, saber que te irás después de estar apenas 10 minutos conmigo…
-Es lo máximo que puedo darte por ahora, Dafne. Lo tomas o lo dejas.-y después de que un par de lágrimas más cayesen por mis mejillas, me abracé a él.
-Lo tomo.