jueves, 25 de noviembre de 2010

C

-¿Qué qué?-pregunté, abriendo mucho los ojos. Él ni me miró, ni me contestó. En su lugar miró fijamente el sitio por donde mi cuerpo acababa de desaparecer.- ¿Tu padre?-esta vez al menos tuvo la decencia de asentir con la cabeza.- ¿Cómo va a estar tu padre en mi cuerpo?
-Él no está en tu cuerpo… pero sí controla a quien está en él. Tenemos que ir a ver a Pablo.
-¿Cómo puedes estar seguro de que tu padre está metido en esto?
-Porque ese lobo es suyo.
-¿Y cómo estás tan seguro?
-Lo reconocería en cualquier parte… era su segundo lobo preferido. Su primer lobo, bueno, loba… puedo imaginarme donde está…-arrugó el entrecejo con cara de enfado.-Vamos.
-Pero íbamos a seguir…-antes de que pudiese decir nada más, Alex ya me había dado la espalda y andaba camino al pueblo. Podría haberle ignorado y haber seguido a lo mío, pero habías algunos puntos en mi contra: Alex era mi enlace, por lo que estar separada de él me hacía sentirme un poco agobiada; estaba enamorada de Alex, por lo que estar separada de él, aparte de agobiarme, me hacía sentir tremendamente preocupada por su seguridad. Así que sin más, lo seguí a través de las casa hasta que nos detuvimos ante de la de Pablo.-Estará durmiendo…
-No lo creo.-respondió Alex simplemente. Dio solo un toque a la puerta antes de que esta se abriese. Los ojos de Pablo apenas se posaron en Alex antes de dirigirse directamente a los míos, con cierto aire de interés. Me enfadé, me miraba como si yo fuese el mono más entretenido y fascinante de un zoo. Esta vez fui yo la que fruncí el ceño.
-Así que lo que me ha dicho Max era cierto…-oh, ¿cómo no había caído antes en ese estúpido y entrometido fantasma bocazas?-Pasad.
Se apartó un poco dejándonos pasar. Seguí a Alex hasta el salón, en el que nunca había estado. Alex se sentó en el sofá y yo me deslicé a su lado, quedándome flotando por allí. Pablo cerró y vino a sentarse frente a nosotros. Poco después Max, llevado por su malsana curiosidad, apareció en la estancia para colocarse al lado de Pablo. Lo miré muy mal, por chivato y por meterse donde no le llamaban.
-Veníamos por…-empezó a decir Alex, pero Pablo levantó una mano, haciéndolo callar.
-Sé a qué veníais…-sus ojos volvieron a mostrar todo el interés que había al principio en ellos.-Esto es… increíble. Insólito. Nunca me lo hubiese imaginado…
Fruncí más aún el entrecejo, empezaba a mosquearme. Escuché la voz de Alex en algún rincón de mi cabeza, pidiéndome que me calmase. Me “aclaré” la garganta antes de preguntar:
-¿Qué es tan increíble, insólito y demás bobadas?
-Tú. Sabía que tenías algo… los fantasmas se ligan a personas capaces de ayudarlos… después de lo de tu herida supe lo que eras pero ahora… eres mucho más que una Señora de los Lobos.-me sorprendió un poco su referencia a todo eso de los Señores de los Lobos, pero luego caí en que él debía ser otro y desde hacía bastante puesto que conocía a Max cuando aún estaba vivo… y estaba claro que sabía de que iba todo esto, porque sino Alex no hubiese acudido a él.
-No lo entiendo.-le dije, de la mejor forma que pude.-Sigo sin entender porque te extraña tanto que yo sea un fantasma cuando tienes a otro a tu lado.
-Pero Max era un chico normal y corriente. Él no heredó el gen…
“Los Señores de los Lobos no se convierten en fantasmas, Dafne.” Alex suspiró, cruzándose de brazos. Yo le miré, sin entender.
-Pues entonces está claro que yo no era ninguna Señora de los Lobos.-contesté, como si fuese evidente y ellos idiotas por no darse cuenta.
-Claro que lo eres…-Pablo parecía enfadado porque yo dudase de mi condición.- y como prueba tienes que ahora, incluso muerta, incluso cuando tus poderes deberían de haber desaparecido de este mundo, has conseguido robar un lobo…
-¿Cómo sabes tú eso?-le pregunté. Max no estaba allí, no podía haberle dicho nada.
-Yo sé muchas cosas, Dafne.-me contestó, simplemente. ¿Cómo me pudo caer bien cuando estaba viva? Era un sabiondo, un imbécil, un repelente, un… mejor que me calle, como bien me recomendó Alex.
-¿Y por qué los Señores de los Lobos no se convierten nunca en fantasmas?-pregunté, tratando de irme a otro tema.
-Los Señores de los Lobos no dejan asuntos sueltos en esta vida. Por muy corta que sea. Nuestra… condición nos hace diferentes a los humanos. Sentimos como ellos, vivimos como ellos pero… la despedida es mucho menos dolorosa para nosotros, pues sabemos que tarde o temprano, eso de lo que nos despedimos vendrá hasta donde nosotros vayamos.-me explicó, mirando una única vez a Alex para que yo lo entendiese.-Por eso no sé que haces aquí…
-Su cuerpo sigue intacto, Pablo.-le explicó Alex.
-Ajá.-dijo simplemente.-Claro… eso explicaría muchas cosas… no te mataron.-Este tío era imbécil, me decía que no estaba muerta cuando estaba allí, flotando en sus narices sin una gota de vida en el cuerpo.-Te echaron de tu cuerpo… pero para hacer eso… eso es muy difícil.-parecía hablar con él mismo más que con nosotros.-Imagino…-dijo después de un rato, mirando a Alex- que es tu padre quien está detrás de todo esto, ¿no?
-Sí.
-Ese viejo ambicioso…-parecía furioso.-Debería dejar de hacer eso, no puede ir por ahí matando gente o robando cuerpos…
-No… lo entiendo.-volví a repetir, por segunda vez ese día.
-Tú eras especial, Dafne… eras una entre un millón. Estabas destinada a grandes cosas, a sobresalir, a ser poderosa, a… no tener a nadie que pudiese contigo. Un peligro en potencia para Arturo.-Arturo es el padre de Alex, por si no os lo he dicho hasta ahora.-Imagino que pensaría que el poder de los Señores de los Lobos radica en su cuerpo y no en su alma… pero ya hemos visto cuanto se equivocaba… Tenemos a la primera Señora de los Lobos fantasma… si Arturo se enterase de su error se desgarraría él solo.-y se rió con ganas.
-¿Su error?-pregunté.
-Él pensaba utilizar tu cuerpo, con tus poderes, a su antojo… sino me equivoco, tu cuerpo está ocupada por…-empezó a decir Alex, y llegado a ese punto miró a Pablo, para que confirmase su teoría. Éste asintió, simplemente. Claro que yo ya había escuchado qué es lo que iba a decir Alex. Mi cuerpo estaba ocupado por la jefa de la manada de Arturo.
-Oh.-exclamé.- ¿Cómo…?
-No lo sé. No sé cómo ha podido hacer eso. Lo único que se me ocurre es que después de debilitarte a ti… atacase de muerte a su loba y le ofreciese tu cuerpo como cobijo…
-Pero entonces Dafne debería de haber entrado en el cuerpo de la loba.-comentó Alex.
-A no ser que ese cuerpo donde ella debería de entrar estuviese inutilizable ya, lo que la dejaría…
-Convertida en un fantasma vagando por el mundo.-comprendió de pronto Alex.
-Por lo que no estás muerta…-me miró de nuevo, con una sonrisa expectante.-Lo único que habría que hacer es…
-Lo contrario a lo que hizo mi padre.-terminó Alex.
-Me encanta que os entendáis tan bien, pero yo no me estoy enterando de nada.-les chillé un poco, porque ya me tenían de los nervios. Ambos me miraron entre asustados y enfadados, por lo que me relajé un poco.
-Lo que quieren decir-empezó a decir Max, hablando por primera vez.-Es que Arturo-noté como él no lo llamaba “mi padre”- no te mató en realidad. Lo que hizo fue un intercambio, te debilitó tanto que te dejó al borde de la muerte, y tu alma se vio obligada a abandonar tu cuerpo, decidiendo si morir o vivir. Él aprovechó esos instantes de dudas para atacar a su loba y dejarla en el mismo estado que tú. Así, cuando ella salió de su cuerpo, le ofreció el tuyo como hogar y ella entró en él. Tú tampoco habías muerto, así que podrías haber entrado en el cuerpo de la loba, pero aparte de que los espíritus humanos no están para vivir en cuerpos animales, el estado de esa loba era mucho más crítico que el tuyo, por lo que tú no encontraste sitio al que volver una vez te recuperaste un poco. Eso ocasionó que tu alma se convirtiese en fantasma, pues tu cuerpo, el que te pertenecía legítimamente, seguía vivo en este mundo y tú te hallabas sin él. Digamos que no estás muerta, solo estás en lista de espera de un cuerpo que te sirva, a ser posible el tuyo propio.
Me quedé boquiabierta porque hablaban del asunto como si eso fuese normal, o mejor aún, lógico. Luego caí en la cuenta de que en aquel pueblucho pasaban muchas cosas ilógicas y cerré un poco la boca.
-Por lo que-continuó Pablo.-tú, al no estar muerta, podrías “volver”. Solo necesitarías dejar en un estado muy débil a tu cuerpo, obligando a la loba a salir de él… tú entrarías en tu cuerpo de nuevo con mucha facilidad, puesto que te pertenece y en cierto modo, estáis unidos.-comprendí entonces la sensación que experimenté cuando mi cuerpo se alejaba… como si tirase de mi, e igual incluso lo estaba haciendo.
-¿Quieres decir que puedo volver?-miré un segundo a Alex, con los mismo ojos con los que él me miraba. Había aún una oportunidad, nuestras esperanzas no habían desaparecido aún…
-Sí.
-Pero…-comprendí de pronto lo peligroso que eso podía llegar a ser, intentar que la loba abandonase mi cuerpo…
-Sí, es muy peligroso.-me confirmó Alex en voz alta, para hacer a los otros partícipes de mis pensamientos.-Debería atacarte con la fuerza exacta, ni un poco más, ni un poco menos. Morirías irremediablemente si eso pasase… y si tu cuerpo muere, tú desaparecerás. Él es tu único asunto pendiente en este mundo.-que estupidez que pensase eso, mi asunto pendiente era él, y siempre lo sería. Alex sonrió un poco mientras negaba con la cabeza casi imperceptiblemente.-y sino diese con la fuerza necesaria, solo conseguiría enfadar más a la criatura por no hablar de que a tu cuerpo le podría pasar cualquier cosa.
-Además-añadí, porque parecía que solo se daba cuenta de los peligros que me afectaban a mí, y no a ellos.-podrían mataros.
-Matarme.-me corrigió Alex.-Pero no me importa.-Miré a Pablo, esperando un “no irás tú solo, yo te ayudaré” o cualquier cosa del estilo.-Él no puede inmiscuirse.
-De hecho, estoy haciendo ya demasiado.-comentó Pablo. Lo miré con todo el odio que me había reprimido hasta entonces. Iba a mandar a Alex a una muerte solo.-Yo soy como vosotros, pero no exactamente igual, Dafne.-me lo explicó con cariño, como el padre que le dice a su hijo que no está bien saltar en el sofá.-He vivido mucho más que vosotros porque yo no me meto en asuntos de peleas… soy más bien como… un observador. Sé mucho de muchas cosas por que las he vivido todas, pero desde fuera. Nadie se mete conmigo puesto que no soy ningún peligro. Mi único afán es conocerlo todo, y seguir viviendo para conocer cosas que aún sé. No soy un Señor de los Lobos agresivo… imagino por como os veo que cuando crezcáis vosotros seréis como yo.
-Me da igual.-le contesté.-Me da igual como seas y como sea tu forma de vida. Si algo le pasase a Alex por tu culpa, por no ayudarlo… nunca jamás te lo perdonaría. Créeme que no me iría de tu lado nunca, volvería tu existencia tan penosa que desearías con todas tus fuerzas que alguien le pusiese fin y siendo un Señor de los Lobos tendrías que meterte en alguna pelea de esas de las que huyes para conseguirlo.-lo dije completamente en serio, y todos lo tomaron como tal, el rostro de Pablo se ensombreció un poco. Los fantasmas dan mucho miedo si se lo proponen, incluso al más antiguo de todos los Señores de los Lobos.
La habitación permaneció en un silencio bastante tenso durante unos segundos, hasta que Alex se recuperó de la impresión y se levantó.
-Creo que deberíamos irnos.
-Sí…-le concedió Pablo, y casi le faltó un “y no volver más por aquí”.-Alex… recuerda que ella no puede hacerte nada.- ¿ella? ¿yo? Imagino que hablaría de la loba, yo nunca le haría nada a Alex.-No tiene los poderes de Dafne, ahora mismo es como un humano cualquiera.
-Pero ella llamó al lobo.-dije yo.
-No fue como Señora de los Lobos… sigue siendo un lobo y como tal, puede llamar a sus compañeros para que la protejan. Está indefensa siempre que la localicéis lejos de Arturo.
-Eso será lo difícil.-comentó Alex, saliendo cabizbajo de la casa. Yo le eché una última mirada de advertencia a Pablo antes de salir y luego seguí a Alex.