Siento no haber aparecido ayer, pero es que tengo un problema. Sí, mi problema se llama Alex. Pensaréis “Bueno, Dafne, eso no es nada nuevo” y en parte, supongo que tendréis razón, pero no sabéis la historia, así que esperad para opinar.
Pues resulta que después de haberse presentando en mi casa a la hora que le dio la gana, trepando por el árbol de al lado de mi balcón como si fuese un mono o algo así, solo por que tenía un mal presentimiento y quería asegurarse de que estaba a salvo, el muy idiota no me habla. Sí, así, como os lo cuento. De pronto, después de llevar unos días en los que apenas nos separábamos en todo el día, en el que hablábamos tanto que nos quedábamos sin palabras, me ha dejado de hablar. Y bueno, es una estupidez que me enfade porque de repente no me hable, ya que, a fin de cuentas yo le hice lo mismo. ¿Le habrá dicho la abuela alguna tontería acerca de que mantenerse alejado de mi es lo mejor? Y lo que es peor ¿le habrá hecho caso? No, no quiero ni pensarlo. Cuando al fin cede Max llega la abuela y lo fastidia. Max me dijo que la abuela no había avanzado para protegerme, tal vez ella piense que todo lo que me pone en peligro es Alex. Ponerme en peligro… en realidad es el único que me mantiene a salvo.
El día siguiente a mi incidente con los lobos hambrientos Alex fue a por mi a casa como todas las demás mañanas de toda la semana. Me acerqué a él con una sonrisa, contenta de tenerlo allí. Al principio, se ha portado como siempre, o sea, incluso él ha sido más cortés de lo que fui yo y no me ha dejado de hablar porque sí y desde el primer momento. Al principio incluso ha sido él quien ha buscado mi mano, como si después no fuese a romperme el corazón. Nos ha dado tiempo ha llegar al instituto, bueno, un poco menos, porque antes de acercarnos Alex había soltado mi mano. Lo achaqué a que había mucho revuelo de alumnos camino al instituto, aunque normalmente no hiciera caso de esas cosas. Inocente de mí.
Llegamos temprano y Alex se mantenía más alejado de mi que de costumbre, por no hablar de que no había dicho ni media palabra.
-¿Te pasa algo?-le pregunté, cuando ya creí oportuno. Tragó saliva y por primera vez en todo el camino me miró a los ojos, después tragó saliva y volvió a mirar el suelo. Pero no me contestó.-Alex…
Y en ese momento llegó Pablo.
Creo que no os he hablado nunca de Pablo. Veréis, Pablo es un chico de clase que siente predilección por interrumpirnos a Alex y a mí cuando estamos hablando de cosas importantes. Además… bueno, creo que Alex no le cae muy bien. A mi en verdad, sí me cae bien, a ver, es simpático aunque poco oportuno.
-¡Hola chicos!-saludó con bastante humor. Lo miré mal, en fin, me cae bien pero ahora no quería interrupciones.
-Hola.-contestó secamente Alex.-Nos vemos luego.-añadió mirándome. Lo agarré de la manga de la chaqueta al tiempo que se iba, impidiéndoselo.
-Espera.
-Luego te veo.-y me sonrió, como si fuese un día normal y corriente. En verdad yo no lo solté, solo que el se deshizo de mi mano. Se fue a paso lento pero decidido, dejándome allí tirada y sin ninguna explicación, haciendo como que las cosas seguían normales. Já.
-¿Le pasa algo a Alex?-preguntó Pablo, creo que no sabe aún que Alex le tiene ojeriza.
-No lo sé.
Y el timbre sonó. Pablo me acompañó a clase, esperaba ver a Alex por algún sitio, pero no apareció en todo el día. Se había saltado las clases. Eso era extraño y completamente impropio de Alex. Creo que ese día fue en el que más lento se me pasaron las horas de todo el tiempo que llevaba aquí. Deseaba salir para saber si Alex se había ido o si por el contrario me estaría esperando. Me retrasé un poco recogiendo mis cosas a la hora de la salida, y fuera estaba Alex, serio y con mala cara.
-¿Por qué no has entrado a clase?
-No me encontraba bien.
-En verdad tienes mala cara.
-Lo sé.
-¿Por qué sigues aquí? Deberías irte a casa y descansar.
-Tenemos que hablar.
No sé si hay alguien a quien le guste el sonido de esas tres palabras pronunciadas por una persona que resulta importante para ti. Pero desde luego, a mi no. Incluso se me clavaron en el pecho. Que me dijese que teníamos que hablar después de haberse comportado de una forma tan rara todo el día no era ninguna buena señal.
-Está bien.-asentí y lo seguí. Solo avanzamos un poco, lejos de la entrada del instituto. Se detuvo, de espaldas a mí.- ¿Y bien?
-Tenías razón.
-¿Qué?
-Tenías razón.-repitió, girándose a mirarme.-O bueno, tenía razón la persona que te dijo que lo mejor era que tú y yo no andemos cerca. No es bueno.
-¿Qué?-repetí, porque en aquel momento no se me ocurría que otra cosa decir.
-No deberíamos vernos más, pero puesto que eso no es posible, no deberíamos hablarnos más al menos.
-Eso es una estupidez. Tú mismo me lo dijiste.
-He cambiado de opinión.
-¿Has cambiado de opinión? ¿Y qué te ha hecho cambiar de opinión?
-He estado pensando mucho en esto.
-Alex… por favor…
-Lo siento, Dafne.-me dijo.
-No lo hagas…
-Es lo mejor.
-¡Estoy harta de que todo el mundo intente decidir que es lo mejor o no!-le grité.- ¿Qué pasa con todo lo que me dijiste antes de lo de…-tragué saliva.-de lo de la abuela?
-¿Qué pasa?
-¿Ya no sientes lo mismo?-agaché la cabeza, dispuesta a escuchar lo que tuviese que escuchar.
-No seas ridícula, claro que siento lo mismo.
-Pues entonces no lo entiendo.-respiré tranquila, al menos eso no había cambiado junto a su opinión.-Creí que habíamos acordado que podríamos hacerle frente a todo lo que se nos pusiese por delante… juntos.
-Hay cosas a las que sencillamente no hay forma de hacerles frente.
-Eso no lo pensabas antes.
-No hagas esto más difícil, por favor.-me contestó, cerrando los puños con fuerza.
Me quedé en silencio, llamando a Max, este no tardó mucho en aparecer.
“¿Qué me oculta?”
-Algo que no tienes que saber. Aguántate, Dafne, esta vez es él quien ha decidido que es lo mejor.
-Alex… ¿porqué es lo mejor?-le pregunté.-Dime que ha pasado… y te juro que nunca más me acercaré a ti, ni te hablaré y ni siquiera te miraré. Solo… solo explícamelo.
-No hay nada que explicar. Mira… sólo te voy a decir que estando conmigo estás en peligro, podría ser egoísta y ponerte en peligro y seguir a tu lado, pero no lo haré. Por encima de todas las cosas estás tú.
-Eso es mentira.-le dije, cerrando los ojos y los puños muy fuerte.-Si de verdad te importase no me dejarías sola. Sabes lo importante que eres en mi vida, por no hablar de que eres una de las pocas, o mejor dicho casi ninguna, personas que me quedan. Sin ti el aire se hace más difícil de respirar y la vida es cuesta arriba. Si de verdad te importase mi seguridad te mantendrías a mi lado, por que lo único que me mantiene a flote, fuera de hundirme pensando que poco a poco pierdo a todas las personas que quiero, eres tú. Cuando ya no estés no me quedará nada, solo una vida vacía, oscura y fría que se hará cuesta arriba cuando ya no me quede nadie. Si te vas...-me costaba decirle todo aquello, porque nunca he sido de las personas abiertas que muestran sus sentimientos sin ninguna dificultad.-Me pediste que volviese contigo porque me necesitabas… y ahora eres tú quien me dejas, ¡no puedes hacerme esto! No puedes usarme cuando me necesites y dejarme cuando no. De pronto te presentas en mi casa por la noche y en secreto a ver qué tal estoy y al día siguiente decides que lo mejor es que no nos hablemos, ni nos veamos más. Yo también necesito que me hagas caso, que te quedes a mi lado…
-Dafne…
-No. Sólo dime si te quedarás conmigo… si soy lo suficientemente importante para ti… porqué tú para mi sí lo eres. Incumplí una promesa a alguien que es importante para mi solo porque no podía soportar estar alejada de ti…
-Lo siento.-movió la cabeza de un lado a otro.-Se acabó, Dafne. Este es un adiós de verdad, no hay marcha atrás, nada de lo que piense o sienta puede cambiar la situación en la que estamos, estar contigo te pone en un peligro mucho mayor del que puedes imaginar, no voy a dejar que estés en peligro y si para ello tengo que alejarme de ti no dudaré en usarlo.-una lágrima derramó por mi mejilla.-Ódiame, por favor. Ódiame con todas tus fuerzas, tanto que cuando me veas ni siquiera puedas mirarme, ódiame tanto que cuando pienses que alguna vez no lo hiciste te parezca irreal, ódiame de una forma que no deje paso a nada más. Solo el odio hacía mí te mantendrá a salvo. Ódiame tanto como me odio yo mismo.
-Eso es ridículo. No podría odiarte nunca, estás mucho más lejos de mi odio de lo que tú te crees.
-Eso es algo que nunca debería haber pasado.-y sin más se fue. Vi como mi salvavidas huía a toda prisa de mi dejando que me hundiese, que me ahogase. Mi única esperanza desde que llegué aquí se había reducido a él, y si no lo tenía parecía que mi mundo le faltaba un engranaje.
-¿Qué hago ahora, Max? Tú… tú sabes lo que siento… no lo superaré, me hundiré más y más…-le dije, dejándome caer en el suelo. Max se agachó a mi lado.
-¿Quieres saber lo que tienes que hacer?
-Sí.
-Pues lo único que puedes hacer… vivir. Vivir es lo único que te va a mantener a salvo, te romperán el corazón muchas veces, Dafne, pero…
Y se detuvo, porque alguien se acercaba hasta nosotros.
-Dafne… ¿estás bien?-Pablo se inclinó a mi lado y me pegó un suave apretón en el brazo. Lo miré a los ojos y tenía que tener un aspecto francamente asqueroso, porque incluso se estremeció.-Vamos, te acompaño a casa.
Me levanté sin ayuda del suelo y me limpié las lágrimas.
-No hace falta.
-¿Has discutido con Alex?
-Sí, bueno, se podía decir que sí.
-¿Habéis cortado?-casi me reí ante esa pregunta. Cortado, como si alguna vez hubiese habido algo que cortar.
-No había nada que cortar.-contesté secamente.
-Sí que lo había, sino no estarías llorando ahora mismo.-me contestó, mirándome fijamente.
-No lo entenderías.
-A veces…-empezó a decir.-existe la relación aunque ninguno de los dos lo sepa… y la gente de fuera sí lo ve, porque ve lo que ellos mismos no son capaces de ver… no creas que soy el único que pensaba que entre Alex y tú había algo, todo el mundo se daba cuenta de como os mirabais.
-Pero se acabó.
-Bueno, todo se acaba cuando llega su momento, pero si de verdad tienes que estar con él, volverá. Las personas importantes siempre regresan.-me sonrió y yo también le sonreí, y en cierto modo era sincera, trataba de ayudarme y se lo agradecía de corazón.-Y venga, te acompaño de verdad
-No es necesario, en serio.
-Por cierto…-dijo, agarrándome del brazo y empezando a andar.- ¿Quién es tu amigo? Se parece mucho a Alex.
Me quedé helada, flipada, alucinada, anonadada, impresionada, boquiabierta y demás adjetivos por el estilo… y es lógico, Pablo había visto a Max, a mi amigo el fantasma…
miércoles, 24 de marzo de 2010
lunes, 22 de marzo de 2010
Día 36
Últimamente paso poco tiempo en casa. Cuando no estoy con Alex dando un paseo, estoy dando un paseo sola. Pero no quiero permanecer en casa, todo me recuerda a la abuela y bueno, puede que no haya avanzado y que siga aquí, pero yo no puedo verla ni hablar con ella, así que tampoco me sirve de mucho.
Max se empeña en que no salga sola, pero yo me empeño más aún en hacer oídos sordos. Procuro volver antes de que anochezca, porque una cosa es que haga como que no lo escucho y otra que no sepa que se preocupa si me quedo de noche en el bosque. Y todo lo que rodea a este pueblucho es bosque…
Así que hoy, como cada día después de separarme de Alex, he ido al bosque. Hoy Max estaba especialmente pesado, parecía como si tuviese más razones que de costumbre para impedirme ir al bosque. Pero siendo él un fantasma y yo de carne y hueso no le ha sido fácil, claro. Se ha plantado como mil veces delante de mí, haciéndome evitarle y rodearle o atravesarlo.
Poco a poco y sin darme cuenta, he acabado en el sitio donde Max me llevó aquel día, y me he arrodillado al lado de donde estaban enterrada la caja, y la he vuelto a desenterrar. Necesitaba tener algo suyo de verdad, algo que nadie más tuviese y ni siquiera supiese que existía.
Lo primero que he visto ha sido el anillo, así que por primera vez en días me he dirigido a Max.
-¿Puedo quedármelo?- él asintió.
-Todo tuyo, pero ahora vete.
-Aún no ha anochecido, Max.-le dije, quedándome un rato más mirando la foto de la abuela. Creo que al final ha entendido que necesitaba hacer eso y se ha sentado a mi lado, mirándome fijamente.
-Te pareces mucho a ella, más de lo que tú misma piensas.-me dijo.
-¿De verdad?-le pregunté.
-Sí. Pero sobretodo te pareces a tu madre.
-¿Conociste a mi madre?-le pregunté sorprendida.
-Llevo vagando por estas tierras desde hace muchos años, y tu casa siempre ha sido mi preferencia. Así que he presenciado la boda de tu abuela, el nacimiento de tu madre, su infancia… a ti nunca te había visto.
-Es que no he venido mucho por aquí.-le contesté. Vi como oscurecía y me dispuse a volver a enterrar de nuevo la caja, quedándome el anillo en el bolsillo de la chaqueta. Cuando terminé ya era de noche, y Max estaba a mi lado, tenso y mirando hacia todos lados.
-Tienes que irte ya.-me dijo, casi con enfado.- No sé como no me he dado cuenta de como anochecía.
Me di la vuelta dispuesta a levantarme e irme. Pero me encontré con algo que me impidió hacerlo. Allí, a un par de metros de mi se alzaba un lobo enorme, que me recordó (tarde) que la última vez que estuve aquí ya me había dado cuenta de la existencia de lobos por la zona. El lobo me miraba, mientras la saliva chorreaba por su boca abierta. Había encontrado su cena.
-Te…tenías razón.-le dije a Max. Por una vez en mi vida no me dejé llevar por el miedo y me levanté con rapidez para salir corriendo. A ver, sé que un lobo es menos torpe que yo y que corre más, pero quedarme ahí parada hubiese sido ponerle mi vida en bandeja (literalmente, hubiese sido su cena). Corrí como nunca antes había corrido y… tropecé, como era de esperar. Me giré, quería saber cuando sería el momento exacto. El lobo se había detenido de nuevo a un par de metros de mí, y me miraba, como si me conociese. Se relamió y yo me arrastré por el suelo, alejándome de él, al tiempo de sentir una punzada en el tobillo, el cual me había doblado. Genial, si tenía alguna posibilidad de escapar, se había esfumado del todo, junto con mi valentía momentánea. El miedo estaba allí, había permanecido oculto el máximo tiempo posible, pero no había sido suficiente. Empecé a jadear, mientras trataba de echarme hacía atrás, con esfuerzo y dolor. El lobo avanzó lentamente, como si supiese que no podía escapar, que me tenía a tiro…
Y entonces apareció otro lobo, más pequeño, que saltó de no sé donde y se colocó a su lado. Era un poco más pequeño, pero parecía más enfadado. Debían estar realmente hambrientos, y se peleaban por su cena, es decir, por mi.
-Venga, Dafne, levántate.
-No puedo, me he torcido el tobillo.-le dije a Max, éste se acercó a mi tobillo y lo miró.
-No parece nada grave. Venga, tenemos que irnos ahora que están ocupados, Dafne.-y me ayudó a levantarme, con sus manos, como si no fuese un fantasma sino una persona real.
-¿Cómo…?-empecé a preguntar.
-No hay tiempo.-me hizo pasarle un brazo alrededor del cuello y él me pasó uno por la cintura.- Apóyate en mi.
Parecía increíble que fuese un fantasma, era real y ahora mismo era mi único soporte, si volvía a ser incorpóreo me caería y posiblemente no podría volverme a levantar sola. Decidí no pensar en eso, por mi bien.
No avanzábamos muy deprisa, pero era mejor que estarse quieta y esperar que un lobo me atacase. Al fin, después de lo que a mi me pareció una eternidad, llegamos a casa, lejos de los lobos. Max no me soltó en ningún momento hasta que me soltó en mi cama.
-¿Estás bien?
-Me duele un poco el tobillo, pero no te preocupes.-le contesté.- ¿Cómo has hecho eso?-le pregunté. Al lado de mi curiosidad, mi dolor era segundario.
-No lo sé.-mentía, lo sabía perfectamente, me estaba mintiendo como si yo no pudiese saber que lo hacía.
-Está bien.-no quise discutir, había tenido suficientes emociones fuertes por un día.
-¿Quieres que te traiga hielo o algo?
-No. Solo… solo quiero dormir.-le contesté.
-Está bien.-me contestó.- Me quedaré aquí, por si me necesitas.
-Vale, gracias.-me giré y me puse de cara a la pared, encogida, tardé un poco en quedarme dormida, pero al fin lo conseguí. Soñé con lobos atacándome y peleándose. Me desperté sobresaltada entre pesadilla y pesadilla al escuchar un ruido en la puerta que daba al pequeño balcón que tenía mi habitación. Me acerqué con temor a la puerta, a tiempo de ver a través del cristal la conocida silueta de Alex. Abrí corriendo y lo abracé. Estaba jadeando.
-¿Estás bien?-me preguntó, acariciándome el pelo. Yo asentí.
-¿Qué haces aquí a estas horas? ¿Cómo has llegado hasta mi habitación?
-Tuve otro mal presentimiento de estos míos.-me sonrió.-He trepado por ese árbol, es peligroso, cualquiera puede llegar hasta tu habitación.
-Te has arañado.-le dije, limpiándole la sangre de la cara.
-Oh.-se mareó un poco y casi lo tuve que sujetar yo, recordando gracias a un fuerte dolor que tenía el tobillo jodido. Claro, él y su sensibilidad ante la sangre.
-¿Quieres pasar?-le pregunté, preocupada, tenía mala cara.
-No, lo mejor será que vuelva a casa. ¿Te pasa algo en el pie?
-Me he torcido el tobillo.-le expliqué.-Pero no es nada grave, mañana estaré bien.
-Mañana te veo, Dafne. Se acercó y me dio un beso en la frente, que prolongó durante unos segundos. No quise que se separase cuando lo hizo, y al parecer él tampoco quería. Se giró, dispuesto a irse, pero volvió a girarse y me abrazó muy fuerte. Después me soltó y bajó por el árbol con una agilidad sorprendente. Me quedé unos segundos ahí mirándolo, hasta que se perdió en la oscuridad, después entré, cerré la puerta y me puse a escribiros esto.
Max se empeña en que no salga sola, pero yo me empeño más aún en hacer oídos sordos. Procuro volver antes de que anochezca, porque una cosa es que haga como que no lo escucho y otra que no sepa que se preocupa si me quedo de noche en el bosque. Y todo lo que rodea a este pueblucho es bosque…
Así que hoy, como cada día después de separarme de Alex, he ido al bosque. Hoy Max estaba especialmente pesado, parecía como si tuviese más razones que de costumbre para impedirme ir al bosque. Pero siendo él un fantasma y yo de carne y hueso no le ha sido fácil, claro. Se ha plantado como mil veces delante de mí, haciéndome evitarle y rodearle o atravesarlo.
Poco a poco y sin darme cuenta, he acabado en el sitio donde Max me llevó aquel día, y me he arrodillado al lado de donde estaban enterrada la caja, y la he vuelto a desenterrar. Necesitaba tener algo suyo de verdad, algo que nadie más tuviese y ni siquiera supiese que existía.
Lo primero que he visto ha sido el anillo, así que por primera vez en días me he dirigido a Max.
-¿Puedo quedármelo?- él asintió.
-Todo tuyo, pero ahora vete.
-Aún no ha anochecido, Max.-le dije, quedándome un rato más mirando la foto de la abuela. Creo que al final ha entendido que necesitaba hacer eso y se ha sentado a mi lado, mirándome fijamente.
-Te pareces mucho a ella, más de lo que tú misma piensas.-me dijo.
-¿De verdad?-le pregunté.
-Sí. Pero sobretodo te pareces a tu madre.
-¿Conociste a mi madre?-le pregunté sorprendida.
-Llevo vagando por estas tierras desde hace muchos años, y tu casa siempre ha sido mi preferencia. Así que he presenciado la boda de tu abuela, el nacimiento de tu madre, su infancia… a ti nunca te había visto.
-Es que no he venido mucho por aquí.-le contesté. Vi como oscurecía y me dispuse a volver a enterrar de nuevo la caja, quedándome el anillo en el bolsillo de la chaqueta. Cuando terminé ya era de noche, y Max estaba a mi lado, tenso y mirando hacia todos lados.
-Tienes que irte ya.-me dijo, casi con enfado.- No sé como no me he dado cuenta de como anochecía.
Me di la vuelta dispuesta a levantarme e irme. Pero me encontré con algo que me impidió hacerlo. Allí, a un par de metros de mi se alzaba un lobo enorme, que me recordó (tarde) que la última vez que estuve aquí ya me había dado cuenta de la existencia de lobos por la zona. El lobo me miraba, mientras la saliva chorreaba por su boca abierta. Había encontrado su cena.
-Te…tenías razón.-le dije a Max. Por una vez en mi vida no me dejé llevar por el miedo y me levanté con rapidez para salir corriendo. A ver, sé que un lobo es menos torpe que yo y que corre más, pero quedarme ahí parada hubiese sido ponerle mi vida en bandeja (literalmente, hubiese sido su cena). Corrí como nunca antes había corrido y… tropecé, como era de esperar. Me giré, quería saber cuando sería el momento exacto. El lobo se había detenido de nuevo a un par de metros de mí, y me miraba, como si me conociese. Se relamió y yo me arrastré por el suelo, alejándome de él, al tiempo de sentir una punzada en el tobillo, el cual me había doblado. Genial, si tenía alguna posibilidad de escapar, se había esfumado del todo, junto con mi valentía momentánea. El miedo estaba allí, había permanecido oculto el máximo tiempo posible, pero no había sido suficiente. Empecé a jadear, mientras trataba de echarme hacía atrás, con esfuerzo y dolor. El lobo avanzó lentamente, como si supiese que no podía escapar, que me tenía a tiro…
Y entonces apareció otro lobo, más pequeño, que saltó de no sé donde y se colocó a su lado. Era un poco más pequeño, pero parecía más enfadado. Debían estar realmente hambrientos, y se peleaban por su cena, es decir, por mi.
-Venga, Dafne, levántate.
-No puedo, me he torcido el tobillo.-le dije a Max, éste se acercó a mi tobillo y lo miró.
-No parece nada grave. Venga, tenemos que irnos ahora que están ocupados, Dafne.-y me ayudó a levantarme, con sus manos, como si no fuese un fantasma sino una persona real.
-¿Cómo…?-empecé a preguntar.
-No hay tiempo.-me hizo pasarle un brazo alrededor del cuello y él me pasó uno por la cintura.- Apóyate en mi.
Parecía increíble que fuese un fantasma, era real y ahora mismo era mi único soporte, si volvía a ser incorpóreo me caería y posiblemente no podría volverme a levantar sola. Decidí no pensar en eso, por mi bien.
No avanzábamos muy deprisa, pero era mejor que estarse quieta y esperar que un lobo me atacase. Al fin, después de lo que a mi me pareció una eternidad, llegamos a casa, lejos de los lobos. Max no me soltó en ningún momento hasta que me soltó en mi cama.
-¿Estás bien?
-Me duele un poco el tobillo, pero no te preocupes.-le contesté.- ¿Cómo has hecho eso?-le pregunté. Al lado de mi curiosidad, mi dolor era segundario.
-No lo sé.-mentía, lo sabía perfectamente, me estaba mintiendo como si yo no pudiese saber que lo hacía.
-Está bien.-no quise discutir, había tenido suficientes emociones fuertes por un día.
-¿Quieres que te traiga hielo o algo?
-No. Solo… solo quiero dormir.-le contesté.
-Está bien.-me contestó.- Me quedaré aquí, por si me necesitas.
-Vale, gracias.-me giré y me puse de cara a la pared, encogida, tardé un poco en quedarme dormida, pero al fin lo conseguí. Soñé con lobos atacándome y peleándose. Me desperté sobresaltada entre pesadilla y pesadilla al escuchar un ruido en la puerta que daba al pequeño balcón que tenía mi habitación. Me acerqué con temor a la puerta, a tiempo de ver a través del cristal la conocida silueta de Alex. Abrí corriendo y lo abracé. Estaba jadeando.
-¿Estás bien?-me preguntó, acariciándome el pelo. Yo asentí.
-¿Qué haces aquí a estas horas? ¿Cómo has llegado hasta mi habitación?
-Tuve otro mal presentimiento de estos míos.-me sonrió.-He trepado por ese árbol, es peligroso, cualquiera puede llegar hasta tu habitación.
-Te has arañado.-le dije, limpiándole la sangre de la cara.
-Oh.-se mareó un poco y casi lo tuve que sujetar yo, recordando gracias a un fuerte dolor que tenía el tobillo jodido. Claro, él y su sensibilidad ante la sangre.
-¿Quieres pasar?-le pregunté, preocupada, tenía mala cara.
-No, lo mejor será que vuelva a casa. ¿Te pasa algo en el pie?
-Me he torcido el tobillo.-le expliqué.-Pero no es nada grave, mañana estaré bien.
-Mañana te veo, Dafne. Se acercó y me dio un beso en la frente, que prolongó durante unos segundos. No quise que se separase cuando lo hizo, y al parecer él tampoco quería. Se giró, dispuesto a irse, pero volvió a girarse y me abrazó muy fuerte. Después me soltó y bajó por el árbol con una agilidad sorprendente. Me quedé unos segundos ahí mirándolo, hasta que se perdió en la oscuridad, después entré, cerré la puerta y me puse a escribiros esto.
domingo, 21 de marzo de 2010
Día 35
No sé en qué se ha convertido exactamente mi relación con Alex desde aquella conversación, lo que sí sé es en que piensan todos los demás que se ha convertido, y no les falta razón, desde fuera debe verse así. Alex y yo pasamos todo el tiempo que podemos (o incluso más) juntos, por no hablar de que sentimos preferencia por cogernos de la mano. Así que todo el mundo piensa lo que vosotros mismos estaréis pensando: que estamos juntos. Pero eso es mentira, una mentira enorme.
Creo que las cosas irían mejor con Alex si pudiese hablarle de Max, pero éste me lo ha prohibido terminantemente. Así que sigo sintiéndome como si le estuviera mintiendo, aunque, bueno, él tampoco me ha contado lo de la abuela, así que estamos en las mismas, sólo que yo sí sé que él no me lo cuenta y él, en cambio, no tiene ni la menor idea.
Querréis saber porqué Max no me ha dejado contarle nada a Alex, la verdad es que a mi tampoco me ha quedado muy claro. Cuando Max me contó lo de que la abuela se había vinculado a Alex me sentí muy feliz. En fin, suponía que podría despedirme de ella y que además podría sincerarme con Alex, porque ahora sí me comprendería. Pero nada más oírme pensarlo, Max negó con la cabeza. Lo miré muy seria.
-¿Por qué no?
-Porque él no sabe nada de esto, y lo mejor es que siga sin saberlo.
-¿Lo mejor? No vuelvas a hablarme de “lo mejor”, porque mira lo que pasó con Alex y tu concepto de “lo mejor”.
-Créeme.
-Pero podría ayudarme…
-No puede, Dafne. No le digas que me ves, por favor.-Lo miré mal, muy pero que muy mal. Me estaba negando lo único que me faltaba para no ocultarle nada a Alex, y no me gustaba en absoluto.-Entiéndeme, ¿vale? Algún día os sinceraréis y todo eso, pero ahora no es el momento. Si tu abuela sigue aquí es para protegerte, no estaría bien que le contases las cosas a Alex y os pusieseis los dos en peligro, ¿no crees?
-¡¿Pero qué peligro?!
-Sabes de qué peligro hablo…-lo único que vino a mi mente fue la cara del padre de Alex, y ese sentimiento de miedo que me invadió. Un escalofrío recorrió mi espalda de solo recordarlo.
-Pero… habrá que avisarle.
-¿De qué?
-De que su padre puede oír a la abuela.-Max sonrió y se relajó un poco.
-No puede oírla.
-¿Cómo que no? ¿Y por qué a ti si?-se encogió de hombros.
-Supongo que será cosa de que yo sí soy familia suya…-perdió la vista, intenté escuchar lo que pensaba, pero hacía mucho ya que Max había logrado levantar una barrera para mantenerme al margen de aquello que me moría por saber y él se negaba a contarme.
-Está bien.
-¿Así, sin más? ¿Te rindes?
-Yo solo he dicho “Está bien”, no que me rinda ni nada de eso. No le contaré nada a Alex, nada sobre ti ni sobre ninguna de las cosas raras que pasan, a cambio…
-Sabía que no te rendías…-se puso tenso, esperando lo que quisiese que yo le fuese a pedir.
-En fin, tú pensabas que la abuela se había marchado para siempre, que había avanzado y tú no la volverías a ver hasta que consiguieses lo que demonios te mantiene aquí. Pero en cierto modo, gracias a mi no la has perdido, sino que la tienes más cerca que nunca.
-¿Adonde quieres llegar, Dafne?
-Bueno, creo que me merezco algo por todo eso, aunque no haya hecho nada por que ocurriese está ocurriendo por mi culpa, no sé si me explico.
-Te explicas muy bien. ¿Qué es lo que quieres?
-Explicaciones. Sólo eso. Me lo debes, Max, y tú sabes que me lo debes. Por eso estás más simpático, porque la abuela sigue aquí. No le contaré nada a Alex, te haré caso y mantendré la boca cerrada. Pero tú a mi sí que me contarás algo.
Se puso muy serio, temí que en cualquier momento se pusiese a gritarme y a mi no me quedase más remedio que agacharme en un rincón y temblar de miedo. Porque estaba jugando con fuego, y teniendo en cuenta con quien jugaba, era muy probable que acabase quemándome. Por eso me extrañó tantísimo su respuesta.
-De acuerdo.
-Eso es.-me crucé de brazos y asentí, cerrando los ojos y ocultando mi sorpresa.
-Pero no pienses que te lo voy a contar todo. Ni en broma. Contártelo todo implicaría ponerte en un peligro mucho mayor que cualquiera al que te hayas enfrentado antes.
-Me vale cualquier explicación, dado lo poco que sé acerca de tu historia, cualquier migaja es bien recibida.
-Bien… pues creo que lo mejor será decirte… que yo no soy el tío abuelo de Alex.-me lo dijo muy tranquilo, como si me dijese cualquier cosa que yo ya tuviese que saber.
-¿Qué?
-Eso, que no soy su tío abuelo.
-¿Cómo no vas a serlo? ¡Si sois iguales!-le recriminé, ya sabía yo que había cedido muy fácilmente. Lo único que intentaba era timarme. Me crucé de brazos y me enfadé.-Muy gracioso, Max. Si no quieres contarme nada, simplemente dímelo y no me tomes el pelo.
-¡No te estoy tomando el pelo! He dicho que no soy el tío abuelo de Alex, no que no sea familia suya.
-Pero… ¿por qué iba a decirse entonces que eras su tío abuelo? Hubiesen dicho simplemente que eras su lo que fuese.
-Porque si no era su tío abuelo no encajaba nada.
-¿Qué? ¿Qué eres de Alex?
-No puedo decirte eso, Dafne.
-Oh, claro que puedes. ¿Qué clase de información me intentas dar sin explicar nada de nada?
-Si te lo dijese…
-¿Qué eres de Alex?-se le escapó el control sobre su barrera y me inundó la mente con imágenes confusas y borrosas, que en menos de un segundo habían esfumado y había vuelto tras la barrera de Max, que se puso muy serio y casi enfadado, no conmigo, si no con él mismo por haber perdido el control de esa manera. De todas esas imágenes no pude distinguir ninguna, pero de entre todas, me llegó con claridad una palabra “hermano”.- ¡Max!-le grité.- ¡Deja de tomarme el pelo!-me estaba empezando a mosquear y mucho, así que me levanté y me acerqué a él muy decidida, el se apartó un paso de mi. Por un instante pensé en como de enfadada debía de parecer estar para que un fantasma huyese de mi.- ¿Cómo vas a ser el hermano de Alex? ¡Él tendría que tener la edad de la abuela por lo menos!
-No, él tiene tu edad, 17 años.
-Es imposible que seáis hermanos, Max, deja de intentar tomarme el pelo.
-Pero…
-¡Está bien! Cuando quieras contarme algo coherente y no sucias mentiras, me lo cuentas, pero no me cuentes este tipo de cosas solo por mosquearme, Max.-y salí de mi habitación, enfadada y pegando un portazo.
Así que ahora ya llevo un par de días que no hablo con Max, he optado por ignorarle, tal y como hago cuando hay alguien delante, solo que ahora lo hago haya o no alguien. Sé que intenta arreglar las cosas, pero entendedme, necesito un par de días (o tres, o cuatro) para olvidar lo que me ha hecho, porque se está tomando a broma algo que para mi es serio e importante.
Creo que las cosas irían mejor con Alex si pudiese hablarle de Max, pero éste me lo ha prohibido terminantemente. Así que sigo sintiéndome como si le estuviera mintiendo, aunque, bueno, él tampoco me ha contado lo de la abuela, así que estamos en las mismas, sólo que yo sí sé que él no me lo cuenta y él, en cambio, no tiene ni la menor idea.
Querréis saber porqué Max no me ha dejado contarle nada a Alex, la verdad es que a mi tampoco me ha quedado muy claro. Cuando Max me contó lo de que la abuela se había vinculado a Alex me sentí muy feliz. En fin, suponía que podría despedirme de ella y que además podría sincerarme con Alex, porque ahora sí me comprendería. Pero nada más oírme pensarlo, Max negó con la cabeza. Lo miré muy seria.
-¿Por qué no?
-Porque él no sabe nada de esto, y lo mejor es que siga sin saberlo.
-¿Lo mejor? No vuelvas a hablarme de “lo mejor”, porque mira lo que pasó con Alex y tu concepto de “lo mejor”.
-Créeme.
-Pero podría ayudarme…
-No puede, Dafne. No le digas que me ves, por favor.-Lo miré mal, muy pero que muy mal. Me estaba negando lo único que me faltaba para no ocultarle nada a Alex, y no me gustaba en absoluto.-Entiéndeme, ¿vale? Algún día os sinceraréis y todo eso, pero ahora no es el momento. Si tu abuela sigue aquí es para protegerte, no estaría bien que le contases las cosas a Alex y os pusieseis los dos en peligro, ¿no crees?
-¡¿Pero qué peligro?!
-Sabes de qué peligro hablo…-lo único que vino a mi mente fue la cara del padre de Alex, y ese sentimiento de miedo que me invadió. Un escalofrío recorrió mi espalda de solo recordarlo.
-Pero… habrá que avisarle.
-¿De qué?
-De que su padre puede oír a la abuela.-Max sonrió y se relajó un poco.
-No puede oírla.
-¿Cómo que no? ¿Y por qué a ti si?-se encogió de hombros.
-Supongo que será cosa de que yo sí soy familia suya…-perdió la vista, intenté escuchar lo que pensaba, pero hacía mucho ya que Max había logrado levantar una barrera para mantenerme al margen de aquello que me moría por saber y él se negaba a contarme.
-Está bien.
-¿Así, sin más? ¿Te rindes?
-Yo solo he dicho “Está bien”, no que me rinda ni nada de eso. No le contaré nada a Alex, nada sobre ti ni sobre ninguna de las cosas raras que pasan, a cambio…
-Sabía que no te rendías…-se puso tenso, esperando lo que quisiese que yo le fuese a pedir.
-En fin, tú pensabas que la abuela se había marchado para siempre, que había avanzado y tú no la volverías a ver hasta que consiguieses lo que demonios te mantiene aquí. Pero en cierto modo, gracias a mi no la has perdido, sino que la tienes más cerca que nunca.
-¿Adonde quieres llegar, Dafne?
-Bueno, creo que me merezco algo por todo eso, aunque no haya hecho nada por que ocurriese está ocurriendo por mi culpa, no sé si me explico.
-Te explicas muy bien. ¿Qué es lo que quieres?
-Explicaciones. Sólo eso. Me lo debes, Max, y tú sabes que me lo debes. Por eso estás más simpático, porque la abuela sigue aquí. No le contaré nada a Alex, te haré caso y mantendré la boca cerrada. Pero tú a mi sí que me contarás algo.
Se puso muy serio, temí que en cualquier momento se pusiese a gritarme y a mi no me quedase más remedio que agacharme en un rincón y temblar de miedo. Porque estaba jugando con fuego, y teniendo en cuenta con quien jugaba, era muy probable que acabase quemándome. Por eso me extrañó tantísimo su respuesta.
-De acuerdo.
-Eso es.-me crucé de brazos y asentí, cerrando los ojos y ocultando mi sorpresa.
-Pero no pienses que te lo voy a contar todo. Ni en broma. Contártelo todo implicaría ponerte en un peligro mucho mayor que cualquiera al que te hayas enfrentado antes.
-Me vale cualquier explicación, dado lo poco que sé acerca de tu historia, cualquier migaja es bien recibida.
-Bien… pues creo que lo mejor será decirte… que yo no soy el tío abuelo de Alex.-me lo dijo muy tranquilo, como si me dijese cualquier cosa que yo ya tuviese que saber.
-¿Qué?
-Eso, que no soy su tío abuelo.
-¿Cómo no vas a serlo? ¡Si sois iguales!-le recriminé, ya sabía yo que había cedido muy fácilmente. Lo único que intentaba era timarme. Me crucé de brazos y me enfadé.-Muy gracioso, Max. Si no quieres contarme nada, simplemente dímelo y no me tomes el pelo.
-¡No te estoy tomando el pelo! He dicho que no soy el tío abuelo de Alex, no que no sea familia suya.
-Pero… ¿por qué iba a decirse entonces que eras su tío abuelo? Hubiesen dicho simplemente que eras su lo que fuese.
-Porque si no era su tío abuelo no encajaba nada.
-¿Qué? ¿Qué eres de Alex?
-No puedo decirte eso, Dafne.
-Oh, claro que puedes. ¿Qué clase de información me intentas dar sin explicar nada de nada?
-Si te lo dijese…
-¿Qué eres de Alex?-se le escapó el control sobre su barrera y me inundó la mente con imágenes confusas y borrosas, que en menos de un segundo habían esfumado y había vuelto tras la barrera de Max, que se puso muy serio y casi enfadado, no conmigo, si no con él mismo por haber perdido el control de esa manera. De todas esas imágenes no pude distinguir ninguna, pero de entre todas, me llegó con claridad una palabra “hermano”.- ¡Max!-le grité.- ¡Deja de tomarme el pelo!-me estaba empezando a mosquear y mucho, así que me levanté y me acerqué a él muy decidida, el se apartó un paso de mi. Por un instante pensé en como de enfadada debía de parecer estar para que un fantasma huyese de mi.- ¿Cómo vas a ser el hermano de Alex? ¡Él tendría que tener la edad de la abuela por lo menos!
-No, él tiene tu edad, 17 años.
-Es imposible que seáis hermanos, Max, deja de intentar tomarme el pelo.
-Pero…
-¡Está bien! Cuando quieras contarme algo coherente y no sucias mentiras, me lo cuentas, pero no me cuentes este tipo de cosas solo por mosquearme, Max.-y salí de mi habitación, enfadada y pegando un portazo.
Así que ahora ya llevo un par de días que no hablo con Max, he optado por ignorarle, tal y como hago cuando hay alguien delante, solo que ahora lo hago haya o no alguien. Sé que intenta arreglar las cosas, pero entendedme, necesito un par de días (o tres, o cuatro) para olvidar lo que me ha hecho, porque se está tomando a broma algo que para mi es serio e importante.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Día 31
Parece increíble que todo haya sido tan repentino...
Tuve que ir al funeral, nadie me obligó pero se lo debía, tanto a la abuela como al abuelo. Fue mucha gente, la abuela era querida en todo el pueblo así que allí donde mirase se veían caras tristes. Pero ninguna tan triste como la del abuelo. No parecía la misma persona, supongo que para él la abuela era su propio salvavidas, se habían pasado toda una vida juntos y aún así, se querían y en los ojos de cada uno se podía ver. Miré al abuelo mucho más que al ataúd de la abuela, era menos doloroso. El funeral se me hizo eterno, parecía que nunca se acabaría y que yo nunca podría huir de allí, y de todas las personas que se acercarían después a decirme cuanto lo sentían, sin hacerse ni la más mínima idea de lo que era sentirlo de verdad. Cerré los ojos tan fuerte que me hice daño, como si así lograse escapar de todo aquello o conseguir que las cosas cambiasen... pero no era así. Sentí como una mano se deslizaba al lado de la mía y me apretaba con fuerza y a la vez cariño. Sabía quien era incluso antes de abrir los ojos, hubiese reconocido su contacto en cualquier lugar del mundo. Abrí los ojos y los dirigí directamente hacía los de Alex, que me estaban esperando.
No me separé ni un solo centímetro de él, por mucho que hubiese prometido no acercarme a él. No podía hacerlo, en esos momentos lo necesitaba más que nunca. Así que decidí tomarme el día como tregua. Por algún extraño motivo, tenerle al lado me hacía sentir mal, como si lo estuviese utilizando y yo no quería hacerlo, ni siquiera que pareciera que lo hacía. A partir de ese instante el funeral se pasó mucho más rápido.
Max no apareció en todo el día, ni siquiera para recriminarme por hablar con Alex, o por estar con él. Estaba demasiado afectado porqué... en fin, la abuela había sido el gran amor de su vida, e incluso el gran amor de su muerte y ella sí había cruzado, había avanzado y no se había quedado atrapada en este lado. Ella ya era libre mientras que él no sabía aún ni que debía hacer para conseguirlo.
Tuve que soportar con la mejor cara posible que persona tras persona se acercase a mi y me dijese cuanto lo sentía, pero Alex siempre estuvo ahí, sin hablarme, solo dándome todo lo que necesitaba en ese momento: a él.
El abuelo huyó pronto a casa, alegando que debía cuidar de mi hermano, se me adelantó a mis planes y yo no pude escaquearme con tanta facilidad. Cada persona que se acercaba me hacía sentirme peor, eran como un recordatorio de lo que había pasado, de que era real y ya no podría hacer nada por evitarlo.
Alex estuvo muy pendiente de mi durante toda la tarde, aunque no cruzamos ni una sola palabra, solo permaneció ahí, dándome la mano y acompañándome allá donde fuese. Supongo que llegó un momento en el que me vio colapsada, porque sin saber ni como estaba fuera del alcance de cualquier persona, a salvo. Lo miré a los ojos y él a mi.
-Aunque...-empezó a decir, soltándome la mano y bajando la mirada al suelo.-aunque tú no consideres que estar juntos sea bueno... pensé que no te importaría que estuviese contigo en estos momentos...
-Pues claro que no me importa...-le dije, casi llorando.-Nunca me importa que estés a mi lado, Alex.-le dije, sabiendo que no me callaría, que había empezado y que ya no lo detendría. Que estaba incumpliendo mi promesa, que lo estaba poniendo en peligro para salvarme a mi. Pero no lo aguantaba más. Cada vez estaba más sola, cada vez perdía a más gente y no quería perderlo también a él. No había peligro, nada le iba a pasar, no, nunca lo permitiría, pero alejarme de él... no era la opción correcta.-Alex... eres la única persona con la que no me importa estar, de hecho eres la única persona con la que quiero estar y no me importa cuanto.
-Pero... me dijiste...
-Lo que te dije no tiene importancia, Alex. Las cosas han cambiado... alguien me dijo que lo mejor era que me mantuviese alejada de ti y así lo hice.
-¿Te han amenazado?
-En realidad no, me lo dijo alguien en quien confío, y sigo pensando que debe ser la mejor opción, pero que sea la mejor no significa que sea la correcta. No aguanto tener que mantenerme alejada de ti... no lo soporto.
-Entonces no lo hagas, por favor...
-No pensaba seguir haciéndolo, Alex. Mantenerme alejada de ti me está matando, y supongo que si hay algún peligro podremos hacerle frente juntos, ¿no?
-¡Claro!-sus labios se curvaron en una sonrisa, y la alegría subió pronto a sus ojos.-Pero... prométeme que no cambiarás de idea.
-¿Porqué tendría que hacerlo?
-Bueno, me dejaste de hablar de la noche a la mañana y has estado sin hacerlo una semana, comprende que tenga miedo.
-Te lo prometo.-le sonreí, incluso en esos momentos era la única persona que me sacaba una sonrisa, entenderéis que lo necesite, ¿no? ¿cómo iba a dejarlo sin más?-Me voy a casa, Alex. No me encuentro muy bien...
-Te acompaño.
-No, necesito estar sola un rato. Mañana te veo.-le cogí la mano y le di un suave apretón. No sé porqué fue exactamente, pero el asunto de la abuela volvió con fuerza a mi cabeza. Me di la vuelta antes de que la primera lágrima llegase a caer.-Oye...-dije antes de irme.-Gracias.
Fui a dar el primer paso, pero me retuvo por el brazo, me giré un poco para mirarlo.
-Ven aquí.-y de un solo empujón me acercó a él y me abrazó. Era la primera vez que esto pasaba así que no supe muy bien cómo reaccionar. El corazón se me aceleró tanto que pensé que llegaría a pararse en algún momento, y con el corazón se me aceleró la respiración. Si necesitaba alguna prueba más para confirmar lo que sentía por Alex, desde luego fue aquella. Sentí como se me encendían las mejillas y cuando Alex se separó estaba igual que yo.-Hasta mañana.-dijo enrojeciendo aún más y saliendo corriendo.
Llegué a casa directamente y fui hasta mi habitación. Para mi sorpresa, allí estaba Max, que me miraba como si supiese todo lo que había ocurrido (y en verdad no dudaba de que lo supiese).
-Hola.
-Hola.-me contestó, entre serio y... no sabría decir cual era el otro sentimiento, pero desde luego, había otro.
-Ya sé que sabes lo que ha pasado.-dije sentándome a su lado.
-Lo sé.
-¿Me espiabas?
-No, pero no sé si habrás notado que tenemos un extraño vínculo.
-Sí.-agaché la cabeza y me miré las manos.-Lo siento.
-No tienes nada que sentir.
-He incumplido una promesa.
-Tampoco confiaba en que pudieses cumplirla... los dos sabemos lo que sientes.-enrojecí.
-No pareces molesto.
-Es que no lo estoy.-parecía que el otro sentimiento iba aclarándose. Era alegría.
-Después de todo lo que insististe... ¿ni siquiera te enfadas?-negó con la cabeza.-Bien, pequeño fantasma, explícame esos motivos tuyos para no estar enfadado conmigo incluso cuando he hecho algo que puede condenarte aquí para siempre.
Me miró y se acercó mucho. Vi como su cara pasaba de la alegría a la euforia.
-Sigue aquí.-me susurró.
-¿Quien sigue aquí?
-Tu abuela. No se ha ido, no ha avanzado.
-¿Qué?-me levanté de la cama y lo miré fijamente.-¿Dónde está? ¿Puedo verla?
-No creo. Igual que yo me uní a ti y solo tú puedes verme, ella se ha unido a otra persona.
-¿A quien? Tal vez pueda ayudarme...
-Tal vez...
-¿Quién es?
-Alex.
Tuve que ir al funeral, nadie me obligó pero se lo debía, tanto a la abuela como al abuelo. Fue mucha gente, la abuela era querida en todo el pueblo así que allí donde mirase se veían caras tristes. Pero ninguna tan triste como la del abuelo. No parecía la misma persona, supongo que para él la abuela era su propio salvavidas, se habían pasado toda una vida juntos y aún así, se querían y en los ojos de cada uno se podía ver. Miré al abuelo mucho más que al ataúd de la abuela, era menos doloroso. El funeral se me hizo eterno, parecía que nunca se acabaría y que yo nunca podría huir de allí, y de todas las personas que se acercarían después a decirme cuanto lo sentían, sin hacerse ni la más mínima idea de lo que era sentirlo de verdad. Cerré los ojos tan fuerte que me hice daño, como si así lograse escapar de todo aquello o conseguir que las cosas cambiasen... pero no era así. Sentí como una mano se deslizaba al lado de la mía y me apretaba con fuerza y a la vez cariño. Sabía quien era incluso antes de abrir los ojos, hubiese reconocido su contacto en cualquier lugar del mundo. Abrí los ojos y los dirigí directamente hacía los de Alex, que me estaban esperando.
No me separé ni un solo centímetro de él, por mucho que hubiese prometido no acercarme a él. No podía hacerlo, en esos momentos lo necesitaba más que nunca. Así que decidí tomarme el día como tregua. Por algún extraño motivo, tenerle al lado me hacía sentir mal, como si lo estuviese utilizando y yo no quería hacerlo, ni siquiera que pareciera que lo hacía. A partir de ese instante el funeral se pasó mucho más rápido.
Max no apareció en todo el día, ni siquiera para recriminarme por hablar con Alex, o por estar con él. Estaba demasiado afectado porqué... en fin, la abuela había sido el gran amor de su vida, e incluso el gran amor de su muerte y ella sí había cruzado, había avanzado y no se había quedado atrapada en este lado. Ella ya era libre mientras que él no sabía aún ni que debía hacer para conseguirlo.
Tuve que soportar con la mejor cara posible que persona tras persona se acercase a mi y me dijese cuanto lo sentía, pero Alex siempre estuvo ahí, sin hablarme, solo dándome todo lo que necesitaba en ese momento: a él.
El abuelo huyó pronto a casa, alegando que debía cuidar de mi hermano, se me adelantó a mis planes y yo no pude escaquearme con tanta facilidad. Cada persona que se acercaba me hacía sentirme peor, eran como un recordatorio de lo que había pasado, de que era real y ya no podría hacer nada por evitarlo.
Alex estuvo muy pendiente de mi durante toda la tarde, aunque no cruzamos ni una sola palabra, solo permaneció ahí, dándome la mano y acompañándome allá donde fuese. Supongo que llegó un momento en el que me vio colapsada, porque sin saber ni como estaba fuera del alcance de cualquier persona, a salvo. Lo miré a los ojos y él a mi.
-Aunque...-empezó a decir, soltándome la mano y bajando la mirada al suelo.-aunque tú no consideres que estar juntos sea bueno... pensé que no te importaría que estuviese contigo en estos momentos...
-Pues claro que no me importa...-le dije, casi llorando.-Nunca me importa que estés a mi lado, Alex.-le dije, sabiendo que no me callaría, que había empezado y que ya no lo detendría. Que estaba incumpliendo mi promesa, que lo estaba poniendo en peligro para salvarme a mi. Pero no lo aguantaba más. Cada vez estaba más sola, cada vez perdía a más gente y no quería perderlo también a él. No había peligro, nada le iba a pasar, no, nunca lo permitiría, pero alejarme de él... no era la opción correcta.-Alex... eres la única persona con la que no me importa estar, de hecho eres la única persona con la que quiero estar y no me importa cuanto.
-Pero... me dijiste...
-Lo que te dije no tiene importancia, Alex. Las cosas han cambiado... alguien me dijo que lo mejor era que me mantuviese alejada de ti y así lo hice.
-¿Te han amenazado?
-En realidad no, me lo dijo alguien en quien confío, y sigo pensando que debe ser la mejor opción, pero que sea la mejor no significa que sea la correcta. No aguanto tener que mantenerme alejada de ti... no lo soporto.
-Entonces no lo hagas, por favor...
-No pensaba seguir haciéndolo, Alex. Mantenerme alejada de ti me está matando, y supongo que si hay algún peligro podremos hacerle frente juntos, ¿no?
-¡Claro!-sus labios se curvaron en una sonrisa, y la alegría subió pronto a sus ojos.-Pero... prométeme que no cambiarás de idea.
-¿Porqué tendría que hacerlo?
-Bueno, me dejaste de hablar de la noche a la mañana y has estado sin hacerlo una semana, comprende que tenga miedo.
-Te lo prometo.-le sonreí, incluso en esos momentos era la única persona que me sacaba una sonrisa, entenderéis que lo necesite, ¿no? ¿cómo iba a dejarlo sin más?-Me voy a casa, Alex. No me encuentro muy bien...
-Te acompaño.
-No, necesito estar sola un rato. Mañana te veo.-le cogí la mano y le di un suave apretón. No sé porqué fue exactamente, pero el asunto de la abuela volvió con fuerza a mi cabeza. Me di la vuelta antes de que la primera lágrima llegase a caer.-Oye...-dije antes de irme.-Gracias.
Fui a dar el primer paso, pero me retuvo por el brazo, me giré un poco para mirarlo.
-Ven aquí.-y de un solo empujón me acercó a él y me abrazó. Era la primera vez que esto pasaba así que no supe muy bien cómo reaccionar. El corazón se me aceleró tanto que pensé que llegaría a pararse en algún momento, y con el corazón se me aceleró la respiración. Si necesitaba alguna prueba más para confirmar lo que sentía por Alex, desde luego fue aquella. Sentí como se me encendían las mejillas y cuando Alex se separó estaba igual que yo.-Hasta mañana.-dijo enrojeciendo aún más y saliendo corriendo.
Llegué a casa directamente y fui hasta mi habitación. Para mi sorpresa, allí estaba Max, que me miraba como si supiese todo lo que había ocurrido (y en verdad no dudaba de que lo supiese).
-Hola.
-Hola.-me contestó, entre serio y... no sabría decir cual era el otro sentimiento, pero desde luego, había otro.
-Ya sé que sabes lo que ha pasado.-dije sentándome a su lado.
-Lo sé.
-¿Me espiabas?
-No, pero no sé si habrás notado que tenemos un extraño vínculo.
-Sí.-agaché la cabeza y me miré las manos.-Lo siento.
-No tienes nada que sentir.
-He incumplido una promesa.
-Tampoco confiaba en que pudieses cumplirla... los dos sabemos lo que sientes.-enrojecí.
-No pareces molesto.
-Es que no lo estoy.-parecía que el otro sentimiento iba aclarándose. Era alegría.
-Después de todo lo que insististe... ¿ni siquiera te enfadas?-negó con la cabeza.-Bien, pequeño fantasma, explícame esos motivos tuyos para no estar enfadado conmigo incluso cuando he hecho algo que puede condenarte aquí para siempre.
Me miró y se acercó mucho. Vi como su cara pasaba de la alegría a la euforia.
-Sigue aquí.-me susurró.
-¿Quien sigue aquí?
-Tu abuela. No se ha ido, no ha avanzado.
-¿Qué?-me levanté de la cama y lo miré fijamente.-¿Dónde está? ¿Puedo verla?
-No creo. Igual que yo me uní a ti y solo tú puedes verme, ella se ha unido a otra persona.
-¿A quien? Tal vez pueda ayudarme...
-Tal vez...
-¿Quién es?
-Alex.
domingo, 14 de marzo de 2010
Día 28
La abuela ha enfermado. No es nada serio pero ocuparme de ella me ha tenido bastante ocupada, de no ser por su enfermedad, me replantearía seriamente el hecho de pedirle que me mande lejos de aquí. Jamás pensé que un pueblucho como este pudiera traerme tantos problemas. Pero la principal razón por la que quiero irme es, como todos ya sabréis, Alex y mi intento de mantenerme alejada de él.
Después de lo que pasó aquel día, hablé con Max de nuevo, y le prometí que no me acercaría a Alex, que si con eso lo mantenía a salvo, no habría problema. Pero sí que lo hay, y Max lo supo desde el primer momento en que prometí mantenerme lejos. No puedo, es más difícil de lo que creía. Alex ya es parte de mi vida, es mi salvavidas, en todo el tiempo que hace desde la muerte de mis padres es el único que me ha hecho sonreír sinceramente (bueno, Max algunas veces también, pero siempre he pensado que era porque se parece demasiado a Alex).
Hace ya una semana de todo aquello y desde que huí de su casa (o mejor dicho de su padre) no le he vuelto a dirigir la palabra, ni a mirarlo. Le rehuyo, me escondo cuando lo veo o simplemente hago como que no lo he visto y aligero el paso.
Me duele, me estoy haciendo daño, y lo que es aún peor, se lo estoy haciendo a él.
Yo sé porque le he dejado de hablar, pero él no lo sabe. Simplemente, de buenas a primeras, ya no lo miraba, ni le hablaba, ni le prestaba atención.
¡Claro que le presto atención! No puedo pensar en otra cosa y más cuando cada vez que se ha acercado a preguntarme si me pasa algo con él le he dicho "no" y he salido corriendo de allí. No me fío de estar más tiempo a su lado, porque no lo aguantaría y no sería capaz de seguir sin hablarle.
Creo que Max está sorprendido de que haya aguantado tanto tiempo, no confiaba mucho en ello, y yo tampoco la verdad.
Hoy Alex me ha vuelto a parar, hacía ya un par de días que parecía haber asimilado que no le hablo, pero hoy ha vuelto a insistir, me ha pedido una explicación y no se la he podido negar. En fin, no iba a contarle que veo al fantasma de su tío abuelo y que él había sido quien me había dicho que lo mejor era alejarme de él, pero sí tenía que decirle algo.
Iba saliendo de clase, cuando me ha cogido por el brazo, y aún cuando me he girado no me ha soltado, supongo que para que no me escapase como suelo hacer.
-Dafne, tenemos que hablar.-me lo ha dicho tan serio que antes de que dijese nada más yo ya tenía un nudo en la garganta, y supe que no me iría, ni aunque me soltase el brazo, ni siquiera aunque Max gritase obligándome.
-Adelante.-he intentado soltarme, al menos para mantenerme lo más alejada posible de él, pero no he podido, él no ha cedido y en verdad yo tampoco quería que lo hiciera.
-¿Qué pasa, Dafne? ¿Es que acaso he hecho algo malo?
-¿Qué? No, ¿por qué dices eso?
-Porque me has dejado de hablar, me has estado evitando toda una semana y ahora te mueres por irte.
-No es cierto.-me relajé un poco y lo miré. Me di cuenta como Max ya había llegado hasta nosotros y se había situado a mi lado. Ni siquiera me miraba enfadado, era más que nada resignación. Él sabía que al final acabaría pasando, pude escucharlo perfectamente, no quería fallarle, peor tampoco quería dejar a Alex sin más, sin una explicación.
-¿Qué pasa?
-Alex, no puedo explicártelo.-le contesté, siendo sincera. Ni siquiera yo sabía a ciencia cierta porque mantenerme alejada de él lo mantenía a salvo, pero confiaba en Max, él no me haría daño porque sí, y sabía que alejarme de él era una forma de tortura dolorosa.
-Pero al menos… dime qué he hecho.
-No es por ti…
-¿No es por ti, es por mi? Esa es una excusa muy vieja y no tiene sentido alguno.
-No has hecho nada, de verdad, Alex. Solo que… no es bueno que estemos juntos.
-Pero ¿por qué? ¿A quien le hacemos daño siendo amigos? ¡No lo entiendo!
-Yo tampoco. Pero confía en mi.-le dije, mirándolo fijamente.-No es bueno que sigamos siendo amigos.-y me giré, dispuesta a irme y notando como la presión de su mano en mi brazo disminuía.
-Escúchame un momento, sólo… sólo respóndeme a una pregunta… me lo debes.-me detuve y me volví a girar hacia él. Mantenía los ojos fijos en el suelo y tenía los puños apretados. Estaba temblando y lo que es peor, estaba llorando.
-No puedo Max… no puedo verle así.-pensé tan fuerte y tristemente que Max se estremeció.
-Lo siento, pero… es lo mejor.-tragué la saliva y esperé a escuchar aquello que Alex tuviese que decirme.
-Yo…-empezó a decir él, con esfuerzo.-yo nunca había tenido una amiga antes, ¿sabes? Me daban miedo las chicas y no podía hablar con ellas sin trabarme o incluso desmayarme, como ya comprobaste. Pero contigo… el primer día tuve miedo, pero después todo eso despareció. Sentía como si te conociese desde siempre, no te tenía miedo ni muchísimo menos. Eras la primera chica con la que de verdad me sentía bien, en realidad eras la primera persona con la que me sentía así. Después de eso te convertiste en mi salvavidas-se me encogió el corazón al escuchar mis propias palabras saliendo de sus labios.- y te volviste necesaria en mi vida. Eras como una droga, y no podía pasar tiempo sin ti. Estos días que llevas sin hablarme han sido los peores días de mi vida. De pronto este lugar ha dejado de tener sentido para mí y no sé como lo pudo llegar a tener antes de que tú llegases. No… no sé que va a ser de mi sin ti, Dafne. ¿Es lo mejor? ¿Para quién? Porque desde luego no para mi…vivir sin ti me partirá el corazón.
-Alex…
-No, solo contéstame… ¿Para quién es mejor? ¿Para ti? ¿Es que acaso… no te sientes bien cuando estás conmigo? Porque yo sí…
-¡Dafne!-el grito de Max me sobresaltó. Estaba tenso.-Tienes que volver a casa.
-Tranquilo Max. No va a pasar nada.-le dije silenciosamente, llevándome las manos al pecho como si así calmase a mi corazón, que suplicaba clemencia y un último momento al lado de Alex.
-No es por Alex, Dafne, debes ir a casa. ¡Ahora!
-Pero…
-¡Es tu abuela!
-¿Qué?-Max se estremeció ante el huracán de sentimientos que azotaron mi corazón.
-Tu abuela, ¡tienes que ir a casa!
-Alex, ¡tengo que irme!
-No, espera… contéstame.
-¡Lo siento!-le grité, saliendo corriendo hacia casa y dejándolo allí, tirado, sin más ni más. Llegué a casa más pronto que de costumbre, y me encontré con un verdadero alboroto en la puerta y una ambulancia con las luces encendidas y parpadeantes. Se me paró el corazón un segundo antes de recordar que tenía que entrar.
Encontré al abuelo en la puerta, estaba llorando.
Solo he visto llorar al abuelo una vez, y fue con la muerte de mis padres, trató de ocultarlo tal y como estaba haciendo ahora.
-Abuelo…-me acerqué lentamente a él.
-Dafne…-se secó las lágrimas y me dedicó la sonrisa más triste que he visto nunca.-Sube arriba con tu hermano, el pobre está solo y asustado, no sabe que pasa…
-Yo tampoco lo sé…
-Tu abuela…-y no pudo seguir, lloró tan fuerte que me encogió el corazón, arañándolo, maltratándolo.
La abuela también no, por favor, no...
Después de lo que pasó aquel día, hablé con Max de nuevo, y le prometí que no me acercaría a Alex, que si con eso lo mantenía a salvo, no habría problema. Pero sí que lo hay, y Max lo supo desde el primer momento en que prometí mantenerme lejos. No puedo, es más difícil de lo que creía. Alex ya es parte de mi vida, es mi salvavidas, en todo el tiempo que hace desde la muerte de mis padres es el único que me ha hecho sonreír sinceramente (bueno, Max algunas veces también, pero siempre he pensado que era porque se parece demasiado a Alex).
Hace ya una semana de todo aquello y desde que huí de su casa (o mejor dicho de su padre) no le he vuelto a dirigir la palabra, ni a mirarlo. Le rehuyo, me escondo cuando lo veo o simplemente hago como que no lo he visto y aligero el paso.
Me duele, me estoy haciendo daño, y lo que es aún peor, se lo estoy haciendo a él.
Yo sé porque le he dejado de hablar, pero él no lo sabe. Simplemente, de buenas a primeras, ya no lo miraba, ni le hablaba, ni le prestaba atención.
¡Claro que le presto atención! No puedo pensar en otra cosa y más cuando cada vez que se ha acercado a preguntarme si me pasa algo con él le he dicho "no" y he salido corriendo de allí. No me fío de estar más tiempo a su lado, porque no lo aguantaría y no sería capaz de seguir sin hablarle.
Creo que Max está sorprendido de que haya aguantado tanto tiempo, no confiaba mucho en ello, y yo tampoco la verdad.
Hoy Alex me ha vuelto a parar, hacía ya un par de días que parecía haber asimilado que no le hablo, pero hoy ha vuelto a insistir, me ha pedido una explicación y no se la he podido negar. En fin, no iba a contarle que veo al fantasma de su tío abuelo y que él había sido quien me había dicho que lo mejor era alejarme de él, pero sí tenía que decirle algo.
Iba saliendo de clase, cuando me ha cogido por el brazo, y aún cuando me he girado no me ha soltado, supongo que para que no me escapase como suelo hacer.
-Dafne, tenemos que hablar.-me lo ha dicho tan serio que antes de que dijese nada más yo ya tenía un nudo en la garganta, y supe que no me iría, ni aunque me soltase el brazo, ni siquiera aunque Max gritase obligándome.
-Adelante.-he intentado soltarme, al menos para mantenerme lo más alejada posible de él, pero no he podido, él no ha cedido y en verdad yo tampoco quería que lo hiciera.
-¿Qué pasa, Dafne? ¿Es que acaso he hecho algo malo?
-¿Qué? No, ¿por qué dices eso?
-Porque me has dejado de hablar, me has estado evitando toda una semana y ahora te mueres por irte.
-No es cierto.-me relajé un poco y lo miré. Me di cuenta como Max ya había llegado hasta nosotros y se había situado a mi lado. Ni siquiera me miraba enfadado, era más que nada resignación. Él sabía que al final acabaría pasando, pude escucharlo perfectamente, no quería fallarle, peor tampoco quería dejar a Alex sin más, sin una explicación.
-¿Qué pasa?
-Alex, no puedo explicártelo.-le contesté, siendo sincera. Ni siquiera yo sabía a ciencia cierta porque mantenerme alejada de él lo mantenía a salvo, pero confiaba en Max, él no me haría daño porque sí, y sabía que alejarme de él era una forma de tortura dolorosa.
-Pero al menos… dime qué he hecho.
-No es por ti…
-¿No es por ti, es por mi? Esa es una excusa muy vieja y no tiene sentido alguno.
-No has hecho nada, de verdad, Alex. Solo que… no es bueno que estemos juntos.
-Pero ¿por qué? ¿A quien le hacemos daño siendo amigos? ¡No lo entiendo!
-Yo tampoco. Pero confía en mi.-le dije, mirándolo fijamente.-No es bueno que sigamos siendo amigos.-y me giré, dispuesta a irme y notando como la presión de su mano en mi brazo disminuía.
-Escúchame un momento, sólo… sólo respóndeme a una pregunta… me lo debes.-me detuve y me volví a girar hacia él. Mantenía los ojos fijos en el suelo y tenía los puños apretados. Estaba temblando y lo que es peor, estaba llorando.
-No puedo Max… no puedo verle así.-pensé tan fuerte y tristemente que Max se estremeció.
-Lo siento, pero… es lo mejor.-tragué la saliva y esperé a escuchar aquello que Alex tuviese que decirme.
-Yo…-empezó a decir él, con esfuerzo.-yo nunca había tenido una amiga antes, ¿sabes? Me daban miedo las chicas y no podía hablar con ellas sin trabarme o incluso desmayarme, como ya comprobaste. Pero contigo… el primer día tuve miedo, pero después todo eso despareció. Sentía como si te conociese desde siempre, no te tenía miedo ni muchísimo menos. Eras la primera chica con la que de verdad me sentía bien, en realidad eras la primera persona con la que me sentía así. Después de eso te convertiste en mi salvavidas-se me encogió el corazón al escuchar mis propias palabras saliendo de sus labios.- y te volviste necesaria en mi vida. Eras como una droga, y no podía pasar tiempo sin ti. Estos días que llevas sin hablarme han sido los peores días de mi vida. De pronto este lugar ha dejado de tener sentido para mí y no sé como lo pudo llegar a tener antes de que tú llegases. No… no sé que va a ser de mi sin ti, Dafne. ¿Es lo mejor? ¿Para quién? Porque desde luego no para mi…vivir sin ti me partirá el corazón.
-Alex…
-No, solo contéstame… ¿Para quién es mejor? ¿Para ti? ¿Es que acaso… no te sientes bien cuando estás conmigo? Porque yo sí…
-¡Dafne!-el grito de Max me sobresaltó. Estaba tenso.-Tienes que volver a casa.
-Tranquilo Max. No va a pasar nada.-le dije silenciosamente, llevándome las manos al pecho como si así calmase a mi corazón, que suplicaba clemencia y un último momento al lado de Alex.
-No es por Alex, Dafne, debes ir a casa. ¡Ahora!
-Pero…
-¡Es tu abuela!
-¿Qué?-Max se estremeció ante el huracán de sentimientos que azotaron mi corazón.
-Tu abuela, ¡tienes que ir a casa!
-Alex, ¡tengo que irme!
-No, espera… contéstame.
-¡Lo siento!-le grité, saliendo corriendo hacia casa y dejándolo allí, tirado, sin más ni más. Llegué a casa más pronto que de costumbre, y me encontré con un verdadero alboroto en la puerta y una ambulancia con las luces encendidas y parpadeantes. Se me paró el corazón un segundo antes de recordar que tenía que entrar.
Encontré al abuelo en la puerta, estaba llorando.
Solo he visto llorar al abuelo una vez, y fue con la muerte de mis padres, trató de ocultarlo tal y como estaba haciendo ahora.
-Abuelo…-me acerqué lentamente a él.
-Dafne…-se secó las lágrimas y me dedicó la sonrisa más triste que he visto nunca.-Sube arriba con tu hermano, el pobre está solo y asustado, no sabe que pasa…
-Yo tampoco lo sé…
-Tu abuela…-y no pudo seguir, lloró tan fuerte que me encogió el corazón, arañándolo, maltratándolo.
La abuela también no, por favor, no...
miércoles, 10 de marzo de 2010
Día 24
Siento haber estado tan perdida, pero últimamente he estado bastante ocupada entre exámenes y otras cosas que ya os iré contando…
En primer lugar, el otro día estuve en casa de Alex (otra vez) dándole clases a sus hermanos. La abuela ha acordado con su madre que vaya tres tardes a la semana, aunque si me dijesen que fuese toda la semana, iría sin pensármelo dos veces, a pesar de lo pesado que está últimamente Max (incluso más que de costumbre) con que me aleje de Alex.
Así que el otro día, después de terminar las clases, Alex se ofreció amablemente a enseñarme la casa y yo no quise ser descortés. Incluso me enseñó el despacho de su padre (señor al que todavía no había conocido) donde Max se puso muy nervioso.
-Dafne, sal de aquí.-me dijo, bueno, casi me ordenó, pero yo ya había aprendido a hacer oídos sordos cuando había alguien delante.
-Y mira,-dijo casi a la vez Alex, sacando algo de uno de los cajones del escritorio.
-¡Salid de aquí ahora!-gritó Max, haciendo que me doliese la cabeza.
-¿Qué es eso?-dije acercándome al escritorio donde Alex estaba inclinado.
-Es un árbol genealógico.-presté más atención y me acerqué más. En los márgenes de la hoja de papel (enorme) en la que estaban escritos los nombres de toda la familia de Alex y Max, había fotos con incripciones bajo ellas. Encontré rápidamente la foto de Max pero no vi la de Alex, ni la de sus hermanos, al igual que sus nombres tampoco estaban escritos.
-No estás.-le dije,
-A mamá no le ha dado tiempo a actualizarlo. Mira, este es mi padre.-señaló una foto. En ella aparecía un hombre bastante joven, así que supuse que la foto debía tener algunos años. Entonces vi la foto que estaba justo encima de esa, con una inscripción que lo señalaba como el abuelo de Alex, o sea, como el hermano de Max, y era exactamente igual que el padre de Alex.
-Vaya, parece que en vuestra familia es muy común eso de los parecidos.-le comenté, dándome cuenta que el abuelo del padre de Alex, es decir, el padre de Max, era también exactamente igual que su hijo y su nieto.
-Supongo.-se encogió de hombros y sonrió.
-No hagas preguntas sobre eso, Dafne.-dijo Max, moví la cabeza de un lado a otro.
-¿Qué estais haciendo aquí?-una voz nos sobresaltó desde la puerta, que quedaba justamente a nuestra espalda.
-Hola papá.-le saludó Alex, claro que yo ya lo había reconocido, ante mi estaba el mismo tipo de la fotografía, sin años de más, sin señas de que el tiempo hubiese pasado. Pero... ¿a qué edad tuvo a Alex? ¿a los 11?
-Dejalo.-cortó mis pensamientos Max, que estaba mucho más tenso.-Salid de aquí, Dafne, por favor, salid de aquí.
-Ella es Dafne.-me miró mal, y no estoy inventando nadani exagerándolo, me miró con unos ojos envenenados a los que no les agrada en absoluto que yo estuviese ahí.
-Encantado.-murmuró con palabras poco ciertas.-Aún no me has contestado qué estabais haciendo aquí.
-Le estaba enseñando la casa.-le contesto Alex.
-Pues enséñale el resto de la casa, pero no volváis aquí.
-Sí, papá.-contestó Alex y me cogió de la mano, tuve que enrojecer mucho, cosa que a su padre no le gustó nada, parecía que iba a saltar en cualquier momento a comerme.
-Yo me voy ya… -me solté de Alex y di un paso hacia la puerta.
-Te acompaño a casa.
-No hace falta.-le contesté.
-Insisto.
-Te ha dicho que no hace falta, deja que se vaya.-le dijo su padre. Oh, dios mio, le faltaba saltar sobre mi y arrancarme los ojos. Max me miró mal a la vez que preocupado.
-Voy a acompañarla.-se reveló Alex.
-No dejes que se enfade.-me susurró Max. Fue extraño, era la primera vez que susurraba, como si alguien más lo fuese a escuchar.
-Adiós.-y me escabullí de allí como pude, huyendo de que Alex me acompañase.
Al llegar a casa Max, que había desaparecido durante toda la vuelta, ya estaba en mi habitación “sentado” y esperándome.
-Ese hombre me da miedo.-le dije, sentándome a su lado. Si las miradas matasen, Max me estaría cometiendo asesinato.
-Llevo advirtiéndote desde que conociste a Alex que te alejases de esa casa.
-Tampoco puede ser malo, en fin, después de todo es el padre de Alex.
-Ese hombre me ha escuchado, Dafne.
-¿Qué?-me sorprendí.
-Por eso te he susurrado. Sé que no me veía, porque revisó la habitación al oírme hablar, pero me escuchó. Y sabe que tú me escuchas. Y peor aún, a saber que puede estar imaginándose en estos momentos.
-¿Imaginándose?
-Sí, algo muy peligroso para ti, e incluso para Alex.-no me preocupó en absoluto la parte en la que me ponía en peligro a mi. Pero la parte de Alex era muy diferente…
-¿Qué va a hacerle a Alex?
-Espero que nada.-frunció el ceño. Me levanté de la cama y me acerqué a la mesa.
-Max… si me alejo de Alex… estará a salvo, ¿verdad?
-Sí.
-¿Seguro?
-Créeme, en estos momentos, eres la única que lo está poniendo en peligro.
-Está bien.-acabé accediendo a la vez que en algún lugar de mi corazón se escuchaba el ruido de cristales rotos.-Si con eso está a salvo, lo haré.-casi ni noté la lágrima que resbalaba por mi mejilla. Max me miró con preocupación y compasión, sonreí ante el hecho de que un fantasma sintiese pena de mi.
-Es lo mejor, Dafne, sino no te lo estaría pidiendo…
-Lo sé… ese hombre…-me dio un escalofrío solo de recordarlo- no es… bueno y no quiero que Alex salga mal de esto. Al final te he hecho caso.
-Sé que te duele…
-No…-mentí, aunque Max leía mi mente, así que mentirle era mucho más difícil (por no decir imposible).
-Lo siento.
-No te preocupes, Max.-volví a sentarme a su lado.-Tú no tienes la culpa. En verdad debería de haberte hecho caso desde el principio, así no me habría encariñado con Alex y esto apenas me importaría… pero ya ves, soy tan egoísta que he tenido que verle las orejas al lobo para salir corriendo.-me reí, sin ganas. Pero Max se puso tenso a mi lado.-Es una broma, Max.
-Lo sé.-me miró muy serio, pero después se relajó.-Algún día podréis volver a ser amigos, de verdad. Vosotros sí lo conseguiréis.-eso tampoco me ayudó. De verdad lo agradecía, pero eso no significaba que fuese útil. Lo miré a los ojos, de pronto estaba muy cansada.
-Max, no lo hagas… enfermaré.
-Esta vez no, Dafne, te lo prometo… solo te dormirás. Mañana será otro día.
-No quiero.-gemí, cayendo en la cama y encogiéndome.
-Es lo mejor.
-No…
Y ya no recuerdo nada más.
En primer lugar, el otro día estuve en casa de Alex (otra vez) dándole clases a sus hermanos. La abuela ha acordado con su madre que vaya tres tardes a la semana, aunque si me dijesen que fuese toda la semana, iría sin pensármelo dos veces, a pesar de lo pesado que está últimamente Max (incluso más que de costumbre) con que me aleje de Alex.
Así que el otro día, después de terminar las clases, Alex se ofreció amablemente a enseñarme la casa y yo no quise ser descortés. Incluso me enseñó el despacho de su padre (señor al que todavía no había conocido) donde Max se puso muy nervioso.
-Dafne, sal de aquí.-me dijo, bueno, casi me ordenó, pero yo ya había aprendido a hacer oídos sordos cuando había alguien delante.
-Y mira,-dijo casi a la vez Alex, sacando algo de uno de los cajones del escritorio.
-¡Salid de aquí ahora!-gritó Max, haciendo que me doliese la cabeza.
-¿Qué es eso?-dije acercándome al escritorio donde Alex estaba inclinado.
-Es un árbol genealógico.-presté más atención y me acerqué más. En los márgenes de la hoja de papel (enorme) en la que estaban escritos los nombres de toda la familia de Alex y Max, había fotos con incripciones bajo ellas. Encontré rápidamente la foto de Max pero no vi la de Alex, ni la de sus hermanos, al igual que sus nombres tampoco estaban escritos.
-No estás.-le dije,
-A mamá no le ha dado tiempo a actualizarlo. Mira, este es mi padre.-señaló una foto. En ella aparecía un hombre bastante joven, así que supuse que la foto debía tener algunos años. Entonces vi la foto que estaba justo encima de esa, con una inscripción que lo señalaba como el abuelo de Alex, o sea, como el hermano de Max, y era exactamente igual que el padre de Alex.
-Vaya, parece que en vuestra familia es muy común eso de los parecidos.-le comenté, dándome cuenta que el abuelo del padre de Alex, es decir, el padre de Max, era también exactamente igual que su hijo y su nieto.
-Supongo.-se encogió de hombros y sonrió.
-No hagas preguntas sobre eso, Dafne.-dijo Max, moví la cabeza de un lado a otro.
-¿Qué estais haciendo aquí?-una voz nos sobresaltó desde la puerta, que quedaba justamente a nuestra espalda.
-Hola papá.-le saludó Alex, claro que yo ya lo había reconocido, ante mi estaba el mismo tipo de la fotografía, sin años de más, sin señas de que el tiempo hubiese pasado. Pero... ¿a qué edad tuvo a Alex? ¿a los 11?
-Dejalo.-cortó mis pensamientos Max, que estaba mucho más tenso.-Salid de aquí, Dafne, por favor, salid de aquí.
-Ella es Dafne.-me miró mal, y no estoy inventando nadani exagerándolo, me miró con unos ojos envenenados a los que no les agrada en absoluto que yo estuviese ahí.
-Encantado.-murmuró con palabras poco ciertas.-Aún no me has contestado qué estabais haciendo aquí.
-Le estaba enseñando la casa.-le contesto Alex.
-Pues enséñale el resto de la casa, pero no volváis aquí.
-Sí, papá.-contestó Alex y me cogió de la mano, tuve que enrojecer mucho, cosa que a su padre no le gustó nada, parecía que iba a saltar en cualquier momento a comerme.
-Yo me voy ya… -me solté de Alex y di un paso hacia la puerta.
-Te acompaño a casa.
-No hace falta.-le contesté.
-Insisto.
-Te ha dicho que no hace falta, deja que se vaya.-le dijo su padre. Oh, dios mio, le faltaba saltar sobre mi y arrancarme los ojos. Max me miró mal a la vez que preocupado.
-Voy a acompañarla.-se reveló Alex.
-No dejes que se enfade.-me susurró Max. Fue extraño, era la primera vez que susurraba, como si alguien más lo fuese a escuchar.
-Adiós.-y me escabullí de allí como pude, huyendo de que Alex me acompañase.
Al llegar a casa Max, que había desaparecido durante toda la vuelta, ya estaba en mi habitación “sentado” y esperándome.
-Ese hombre me da miedo.-le dije, sentándome a su lado. Si las miradas matasen, Max me estaría cometiendo asesinato.
-Llevo advirtiéndote desde que conociste a Alex que te alejases de esa casa.
-Tampoco puede ser malo, en fin, después de todo es el padre de Alex.
-Ese hombre me ha escuchado, Dafne.
-¿Qué?-me sorprendí.
-Por eso te he susurrado. Sé que no me veía, porque revisó la habitación al oírme hablar, pero me escuchó. Y sabe que tú me escuchas. Y peor aún, a saber que puede estar imaginándose en estos momentos.
-¿Imaginándose?
-Sí, algo muy peligroso para ti, e incluso para Alex.-no me preocupó en absoluto la parte en la que me ponía en peligro a mi. Pero la parte de Alex era muy diferente…
-¿Qué va a hacerle a Alex?
-Espero que nada.-frunció el ceño. Me levanté de la cama y me acerqué a la mesa.
-Max… si me alejo de Alex… estará a salvo, ¿verdad?
-Sí.
-¿Seguro?
-Créeme, en estos momentos, eres la única que lo está poniendo en peligro.
-Está bien.-acabé accediendo a la vez que en algún lugar de mi corazón se escuchaba el ruido de cristales rotos.-Si con eso está a salvo, lo haré.-casi ni noté la lágrima que resbalaba por mi mejilla. Max me miró con preocupación y compasión, sonreí ante el hecho de que un fantasma sintiese pena de mi.
-Es lo mejor, Dafne, sino no te lo estaría pidiendo…
-Lo sé… ese hombre…-me dio un escalofrío solo de recordarlo- no es… bueno y no quiero que Alex salga mal de esto. Al final te he hecho caso.
-Sé que te duele…
-No…-mentí, aunque Max leía mi mente, así que mentirle era mucho más difícil (por no decir imposible).
-Lo siento.
-No te preocupes, Max.-volví a sentarme a su lado.-Tú no tienes la culpa. En verdad debería de haberte hecho caso desde el principio, así no me habría encariñado con Alex y esto apenas me importaría… pero ya ves, soy tan egoísta que he tenido que verle las orejas al lobo para salir corriendo.-me reí, sin ganas. Pero Max se puso tenso a mi lado.-Es una broma, Max.
-Lo sé.-me miró muy serio, pero después se relajó.-Algún día podréis volver a ser amigos, de verdad. Vosotros sí lo conseguiréis.-eso tampoco me ayudó. De verdad lo agradecía, pero eso no significaba que fuese útil. Lo miré a los ojos, de pronto estaba muy cansada.
-Max, no lo hagas… enfermaré.
-Esta vez no, Dafne, te lo prometo… solo te dormirás. Mañana será otro día.
-No quiero.-gemí, cayendo en la cama y encogiéndome.
-Es lo mejor.
-No…
Y ya no recuerdo nada más.
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