Ayer no pude sentarme casi ni un minuto.
Como por fin pude levantarme de cama, aproveché el día al máximo, estuve de arriba para abajo, dando vueltas por fuera y dentro de la casa. Max siguió sin apartarse de mi en todo el día, aunque seguí notando como miraba a la abuela... así que una vez solos, hice al fin la pregunta que me corroía desde hacía días:
-¿Te pasa algo con mi abuela?
Me miró y sonrió un poco, pero instáneamente la sonrisa desapareció de su casa.
-¿Sigues teniendo ganas de que te expliqué cosas?- puse los ojos en blanco, había que ser imbécil para hacerme esa pregunta a estas alturas, creo que me escuchó, porque volvió a sonreír un poco.-Puedo contarte algo que no va a ponerte en peligro, si así lo deseas.
-Me conformo con que me cuentes algo más, en realidad me conformo con que me cuentes cualquier cosa dado lo poco que sé de ti y de tu historia.-le contesté. Miró por la ventana y solo escuché como pensaba "aún es suficientemente de día".-¿Suficientemente de día para qué?
-Para que salgamos a dar una vuelta por el bosque.
-¿Por el bosque?
-Sí, si salimos ahora volveremos antes de que anochezca.
-No hace falta que volvamos antes de que anochezca, la abuela no se preocupará.
-No lo decía por la tranquilidad de tu abuela, si no por la mía. Volveremos antes del anochecer.-y no dio paso a ningún tipo de "pero", tampoco pensaba decirle nada, iba a contarme algo, una explicación de tantas que había pedido... no iba a quejarme, desde luego.
Así que salí de casa, sin despedirme ni nada, la abuela ya estaba acostumbrada a que saliese y entrase cuando quisiera. Así que seguí a Max a través de la parte del bosque que pegaba con casa, hasta que ya no sabía para donde iba.
-¿Queda mucho?
Max iba mirando árbol por árbol hasta que se detuvo al lado de uno.
-Es aquí.-señaló un árbol, que tenía una especie de X marcada en la corteza y después señaló el suelo.-Escarva un poco.
Lo miré, dudando apenas dos segundos, luego la curiosidad me pudo. Me agaché, escarvé un poco y encontré una pequeña cajita de lata.
-¿Y esto?
-Sabes lo que son las cápsulas del tiempo, ¿no?-asentí.-Tu abuela y yo hicimos una, apenas un mes antes de que me mataran. La enterramos aquí, pensando volver a abrirla cuando fuesemos viejos, y recordar todo lo que vivíamos por aquel entonces... pero ninguno de los dos sabía que es lo que pasaría después...
-¿Puedo abrirla?-le pregunté, aún con la caja entre las manos, consciente de lo importante que era aquello para él, y muy posiblemente, también para la abuela.
-Claro.- se agachó a mi lado, con los ojos muy pendientes de todo lo que pasaba con la caja. Abrí la caja con cuidado y la solté en el suelo, cogiendo la foto que se hayaba en el fondo de la caja, cubriéndola por entero. Me vi a mi misma, aunque claro que supe que era la abuela.-Sí, te pareces mucho a ella, más de lo que crees.
-Como tú con Alex.-le sonreí, y el esbozó una casi sonrisa.
-Sí, igual...-levanté una ceja.-Sigue mirando... puedes preguntarme cualquier cosa-se me iluminó la cara.-pero solo te contestaré a las que estén relacionadas con cualquiera de estas cosas.
Volví a centrar mi atención en la caja, y vi un anillo, grande y de plástico.
-¿Y esto?
-Me tocó cuando era pequeño, en los cereales, se lo regalé a tu abuela y le dije que cuando fuesemos mayores ese sería nuestro anillo de bodas, que lo guardase ella. Años después aún lo consevaba, así que lo metimos aquí.
-¿Por qué mi abuela me dijo que solo eráis conocidos?
-Supongo que decir que éramos algo más hubiese sido incómodo, estando tu abuelo pululando por allí.
-¿Y qué con eso? En fin, solo eráis un par de adolescentes enamorados, nada serio.
-Creo que no entiendes que el mundo ha avanzado mucho en todos estos años... en mis tiempos-me recordó a mi abuelo diciendo eso (luego recordé que de seguir vivo, Max tendría la edad de mi abuelo)-la gente se casaba joven, tu abuela y yo nos conociamos desde pequeños, nos íbamos a casar en apenas un año...
-Vaya...-abrí mucho los ojos ante el hecho de que podía no existir si las cosas hubiesen sido diferentes.-Pues...-añadí, soltando el anillo y volviendo a coger la foto, donde mi parecidísima abuela y Max sonreían dados de la mano.-yo creo que no habla de ti porque le hace daño.-"A veces yo también lo creo, pero tu abuelo..."pensó-que quiera al abuelo no significa que no te recuerde, ibas a casarte con ella, claro está que no te habrá olvidado...-sonrió un poco.-¿Por eso te comportas así conmigo?-le pregunté, señalanado a la abuela en la foto.
-¿Así como?
-Me tienes demasiada paciencia y te preocupas por mi, ¿lo haces proque me parezco a ella?
-Lo hago porque sin ti no tengo salida de este mundo, he pasado muchos años perdido sin nadie que me viese, y al fin has llegado tú. Si te pasase algo, ¿qué ganaría? ¿compañía en este lado?
Agaché la cabeza y miré la foto.
-Claro, yo no te preocupo.-susurré, obviamente él me escuchó.
-Oye, tampoco es eso...
-No importa.-cerré la caja con fuerza, volviendo a meterlo todo en ella, y la enterré en su sitio de nuevo, a tiempo de ver como el cielo oscurecía y Max se ponía tenso a mi lado.
-Nos vamos, Dafne, date prisa.
-Solo está anocheciendo, Max, no te preocupes.
-¡Nos vamos!-y de nuevo se enfureció de tal forma que me asustó y heló la sangre al punto de no poderme mover.-Oh, no, vamos, eh, no te voy a hacer nada, solo puedo asustarte, ¿recuerdas?-se acercó a mi y me intentó dar, pero su mano atravesó mi hombro, helándome aún más.-Venga Dafne, se hace de noche y este sitio no es seguro.
En mitad de mi parálisis, escuché el aullido de un lobo en la lejanía ( o no tan lejanía, cosa que me asustó aún más)-No puedes reaccionar así cada vez que te grite, Dafne, si no no acabaremos nunca. Venga, tenemos que salir de aquí y yo no puedo sacarte a la fuerza, este lugar es peligroso...
-¿P...p...p...p...o...r...q...u...é? S...o...l...o...es... un bosque.-volvía a reaccionar, con esfuerzo, pero lo conseguía.
-Aquí fue donde me asesinaron, en este mismo lugar.-tragué saliva con dificultad y me paralicé de nuevo.-¿Ves? No puedo gritarte, ni puedo contarte donde morí, ¿cómo pretendes qué te cuente qué pasó? ¡No lo soportarías!-después pensó que eso no me ayudaría (en realidad nada de lo que me pudiese decir iba a ayudarme en esos momentos.-Ire a buscar ayuda.
Y desapareció, e incluso así, en mi estado, pensé que cómo iba a poder ayudarme cuando nadie más que yo lo veía. También pensé en si los lobos estarían cerca ya... No sé cuanto tiempo pasó exactamente, pero me iba sintiendo más débil con cada segundo que pasaba hasta que escuché a alguien llegar corriendo a mi lado.
-¿Dafne? ¿Dafne? ¿Estás bien?
Era Alex. Lo miré y me cogió de los hombros, zarandeándome un poco para que me despertase.
-Alex... ¿Qué haces a...?-intenté temrinar, pero no pude.
-Estaba en casa, y de pronto se cayó al suelo la libreta que te dejaste cuando le diste clase a mis hermanos, me dio un mal presentimiento y fui a tu casa. Tu abuela me dijo que habías salido, que probablemente estarías en el bosque, y aquí estoy.-me contestó, cuando ya estaba de pie, pero apoyada en él y sin fuerzas para ir sola.
-¿Y cómo sabías que estaba justamente aquí?-todas las energías que había perdido, parecían volver estado a su lado.
-No lo sabía.-me contestó mirándome fijamente.-Simplemente me dejé llevar por mi presentimiento, y no he fallado mucho.-Le sonreí.-¿Se puede saber qué haces aquí a estas horas?-Max apareció tras Alex.
-Marchaos, ya.-dijo. Me pregunté cuanta concentración y esfuerzo había tenido que gastar Max, y cuan peligroso podía ser estar ahí para que hubiese buscado la forma de ayudarme a toda costa. Les sonreí, tanto a Max como a Alex.
-No me he dado cuenta de como anochecía.-le contesté.
-¿Y por qué no te has levantado e ido?
-Porque...-no tenía ninguna explicación razonable a eso, sin tener que mencionar a fantasmas.-He... escuchado lobos, les tengo un miedo horrible y... me he asustado, pero ya estoy bien, gracias.
Y me separé de él, Max se mantenía a mi lado, tenso y frunciendo el ceño ante mi comentario.
-¿Le tienes miedo a los lobos?
"No, pero no querrás que le cuente que te veo."
-No, claro que no.-movió la cabeza de un lado a otro y desapareció, fruncí el ceño y miré a Alex.
-¿Segura de que estás bien?
-Sí, tranquilo.
-Vamos, te acompaño a casa.
-No hace fal...-una voz en mi cabeza (la de Max) soltó algo como "deja al chico que te acompañe a casa, y no te separes de él, cuanto más tiempo juntos, mucho mejor para vuestra seguridad... la de ambos". Moví la cabeza yo y miré a Alex.-Esta bien.
Caminamos en silencio hasta llegar a mi casa, en la puera me giré hacía él.
-Te veo mañana.
-Gracias, de nuevo, no sé que hubiese sido de mi si no apareces por ahí.
-No ha sido nada, pero procura no meterte en bosques cuando sea de noche, por favor, no siempre estaré para ayudarte.-me sonrió.
-Lástima.-le sonreí yo. Se quedó mirando mi frente y levanto la mano hacia ella.
-Te has arañado. Fui a tocarme y nuestras manos se rozaron, ambos agachamos la cabeza y miramos a otro lado.
-Me... me miraré dentro. Hasta mañana.
Y huí, de nuevo.
La abuela me ofreció la cena, pero no tenía apetito. Subí y entré al baño, solo tenía un pequeño rasguño, me lavé la cara y cuando me la secé, al quitarme la toalla, Max ya estaba ahí, con una cara que... ¡por favor!
-¿Qué pasa?-le prgeunté girándome a mirarlo.
-Ya sé porque sigo aquí.
-Muy bien, y ¿puedo saberlo?
-La historia se va a repetir...
-¿Qué historia?
-La mía.
-Explícate mejor.
-Aléjate de Alex, Dafne, por favor.
-¿Qué? Primero me dices que no me separe de él y ahora que me aleje... ¿Quien te entiende? Pues, ¿sabes qué, Max? No pienso alejarme de él.
-Antes era diferente, era mejor que estuvieses con él.
-¿Y qué ha cambiado?
-Todo.
-¿Todo?
-Sí, vosootros habéis cambiado, vuestra forma de miraros, de protegeros... si de verdad quieres proteger a Alex, aléjate de él, Dafne, si no le pasará lo mismo que a mi.
-¿Por qué? ¿Qué te pasó que pueda repetirse? ¿Qué hay que siga siendo igual?
-Nada ha cambiado. Lleva desde que nació enfrentadose al mismo peligro que me tocó vivir, sin saberlo, el mismo que me mató.
-¿De qué peligro hablas?
-Aléjate de él.-y desapareció, dejándome con la palabra en la boca...
Mira, Max, si pretendes que me aleje de Alex... sigue intentándolo, pero te aseguro que no lo conseguirás. Alex es lo único que me mantiene cuerda en este sitio, es mi salvavidas... No quiero ni imaginarme qué pasaría si él no estuviese.
lunes, 22 de febrero de 2010
sábado, 20 de febrero de 2010
Día 9
Siento no haber dado señales d vida en estos días, pero después de que cayese dormida de forma extraña, enfermé. Llevo unos días en los que no duermo, ni como, y la fiebre no se va. Max no se ha separado de mi en todo el tiempo, y la abuela ha pasado casi el mismo tiempo que él conmigo. Max está preocupado y se siente culpable, lo he escuchado y no hay más que verlo. Cuando la abuela está conmigo, noto como la mira, que cosa tan extraña... parece como si en su época hubiesen sido algo más que "conocidos".
Si hubiese sido lista (y hubiese tenido un poco más de fuerzas) hubiese aprovechado la culpabilidad que había surgido en Max para intentar sonsacarle algo de información, pero francamente, estaba más ocupada en intentar distinguir lo que pasaba de verdad, con lo que soñaba o deliraba por culpa de la fiebre. Tuve pesadillas cada vez que cerré los ojos, pero siempre eran bobadas sin sentido.
Alex estuvo en casa para visitarme también. Fue extraño como vi tanto a Max como a Alex con la misma preocupación, que los hacía parecerse aún más el uno al otro. Esta mañana, aprovechando que era sábado, volvió. Ya hoy me siento mucho mejor, la fiebre ha desaparecido casi por completo y las fuerzas han vuelto, aunque la abuela no me permite levantarme de la cama.
Pue slo dicho, Alex estuvo esta mañana en casa, contándome cosas del instituto y diciéndome que sus hermanos esperaban que volviese. De nuevo, estando Alex conmigo, sonreí de verdad y sin esa falsedad que surgia cada vez que estaba con alguien. También noté como Max miraba a Alex cada vez que este nombraba a su familia, con una mezcla extraña de sentimientos mostrados en su cara.
Una vez Alex se fue y me quedé sola en el cuarto, aproveché para llevar a cabo mi plan de sonsacarle información a Max.
-Tengo varias preguntas que hacerte...
-Lo siento.-me miró preocupado de nuevo.
-¿POr qué?
-No pensé que aquello te fuese a afectar de este modo.-me contestó.
-No te preocupes, ya estoy mejor...-se relajó un poco.-pero...-se puso tenso (todo lo tenso que un fantasma sea capaz de ponerse)-exijo algunas explicaciones, puesto que gracias a que no me las diste me hiciste lo que quiera que me hiciste y enfermé, así que ya puedes empezar.
-Mira, Dafne, si no te explico nada es por tu propio bien...
-Me da igual, explícame.
-No puedo, la razón por la que me mat... me morí es precisamente esta. No hablo de una enfermedad como la que acabas de pasar, si te lo contase, estarías en peligro de muerte, ¿entiendes? No voy a arriesgar tu vida.
-¿Te mataron?- abrí mucho los ojos desde el momento en el que casi lo dijo, y él me miró mal.
-Yo no he dicho eso.
-¡Max! Si de verdad quieres que te ayude, me tendrás que explicar porque sigues aquí... ¿es por cosa de tu asesino o qué?
-No, no creo que siga aquí por culpa de eso.
-Bien.-me crucé de brazos y asentí con la cabeza.-Así que de verdad te asesinaron.
Me miró con tanta rabia que me heló la sangre, tarde u npoco en poder quitar mis ojos de los suyos y miré al suelo.
-Sí, me asesinaron, pero no vas a sacar nada más de ese tema, Dafne, ¿o es que quieres que hagan lo mismo contigo?
-Claro que no, solo intento entenderte, ¿qué pasó para que te asesinaran?
-Por favor, Dafne, no sigas.-y su expresión molesta pasó a ser casi suplicante.
-¿Y puedes decirme porqué sigues aquí?
-No.
-Entonces, ¿como pretendes que te ayude?
-Está bien.-aceptó al fin.-tengo algunas teorías acerca de porque sigo aquí.
-¿Y bien?
-Creo que es por Alex.
-¿Alex? ¿Qué tiene que ver Alex en todo esto?
-Creo que va a pasarle algo, algo como me pasó a mi. Creo que tengo que alejarlo del peligro.
-Dirás que yo tengo que alejarlo del peligro.
-Bueno, es lo mismo.
-No, tú si sabes que es ese peligro, mientras que yo no tengo ni idea.
-Así es menos peligroso.
-Max, por favor... si no me lo dices tú, lo averiguaré de todas formas.
-No dejaré que lo hagas.-su expresión se volvió a endurecer.-Y deja de buscarme las cosquillas, Dafne, porque ya sabes que yo puedo ser peligroso.
-Es verdad, puedes mantenerme en cama durante días, pero así no ayudas a nadie.-le dije, empezándome a enfurecer también.-No puedes detenerme, Max, no puedes. Sabes perfectamente que si quiero averiguar que es lo que pasa en tu casa lo haré, sin necesidad de que tú me cuentes nada.
-No lo hagas, por favor, me mataron precisamente por saber qué era lo que pasaba. ¿Quieres morir?
-¿Y tú? ¿Quieres que me maten?
-Sabes que no. Mira Dafne... te prometo que te lo contaré todo,-"al fin y al cabo eres mi única salida" pensó, como si yo no lo pudiera escuchar.-pero dame tiempo.
-¿Cuánto?
-El suficiente para saber que estarás a salvo, ¿de acuerdo?
-Está bien. Te daré tiempo, Max, pero procura que no sea demasiado, porque si no yo misma empezaré a hacer mis propias averiguaciones.
Y ninguno de los dos ha hablado más en todo el día.
Bueno, al emnos sé más que la última vez.
Sé que Max fue asesinado y que él cree que la razón de que siga aquí es que a Alex le pasará lo mismo. Ahora bien, ¿cómo pretende que salve a Alex del asesinato? ¡Eso es una locura!
Aunque viniendo de un fantasma, ¿qué podía esperar que no fuese una locura?
Si hubiese sido lista (y hubiese tenido un poco más de fuerzas) hubiese aprovechado la culpabilidad que había surgido en Max para intentar sonsacarle algo de información, pero francamente, estaba más ocupada en intentar distinguir lo que pasaba de verdad, con lo que soñaba o deliraba por culpa de la fiebre. Tuve pesadillas cada vez que cerré los ojos, pero siempre eran bobadas sin sentido.
Alex estuvo en casa para visitarme también. Fue extraño como vi tanto a Max como a Alex con la misma preocupación, que los hacía parecerse aún más el uno al otro. Esta mañana, aprovechando que era sábado, volvió. Ya hoy me siento mucho mejor, la fiebre ha desaparecido casi por completo y las fuerzas han vuelto, aunque la abuela no me permite levantarme de la cama.
Pue slo dicho, Alex estuvo esta mañana en casa, contándome cosas del instituto y diciéndome que sus hermanos esperaban que volviese. De nuevo, estando Alex conmigo, sonreí de verdad y sin esa falsedad que surgia cada vez que estaba con alguien. También noté como Max miraba a Alex cada vez que este nombraba a su familia, con una mezcla extraña de sentimientos mostrados en su cara.
Una vez Alex se fue y me quedé sola en el cuarto, aproveché para llevar a cabo mi plan de sonsacarle información a Max.
-Tengo varias preguntas que hacerte...
-Lo siento.-me miró preocupado de nuevo.
-¿POr qué?
-No pensé que aquello te fuese a afectar de este modo.-me contestó.
-No te preocupes, ya estoy mejor...-se relajó un poco.-pero...-se puso tenso (todo lo tenso que un fantasma sea capaz de ponerse)-exijo algunas explicaciones, puesto que gracias a que no me las diste me hiciste lo que quiera que me hiciste y enfermé, así que ya puedes empezar.
-Mira, Dafne, si no te explico nada es por tu propio bien...
-Me da igual, explícame.
-No puedo, la razón por la que me mat... me morí es precisamente esta. No hablo de una enfermedad como la que acabas de pasar, si te lo contase, estarías en peligro de muerte, ¿entiendes? No voy a arriesgar tu vida.
-¿Te mataron?- abrí mucho los ojos desde el momento en el que casi lo dijo, y él me miró mal.
-Yo no he dicho eso.
-¡Max! Si de verdad quieres que te ayude, me tendrás que explicar porque sigues aquí... ¿es por cosa de tu asesino o qué?
-No, no creo que siga aquí por culpa de eso.
-Bien.-me crucé de brazos y asentí con la cabeza.-Así que de verdad te asesinaron.
Me miró con tanta rabia que me heló la sangre, tarde u npoco en poder quitar mis ojos de los suyos y miré al suelo.
-Sí, me asesinaron, pero no vas a sacar nada más de ese tema, Dafne, ¿o es que quieres que hagan lo mismo contigo?
-Claro que no, solo intento entenderte, ¿qué pasó para que te asesinaran?
-Por favor, Dafne, no sigas.-y su expresión molesta pasó a ser casi suplicante.
-¿Y puedes decirme porqué sigues aquí?
-No.
-Entonces, ¿como pretendes que te ayude?
-Está bien.-aceptó al fin.-tengo algunas teorías acerca de porque sigo aquí.
-¿Y bien?
-Creo que es por Alex.
-¿Alex? ¿Qué tiene que ver Alex en todo esto?
-Creo que va a pasarle algo, algo como me pasó a mi. Creo que tengo que alejarlo del peligro.
-Dirás que yo tengo que alejarlo del peligro.
-Bueno, es lo mismo.
-No, tú si sabes que es ese peligro, mientras que yo no tengo ni idea.
-Así es menos peligroso.
-Max, por favor... si no me lo dices tú, lo averiguaré de todas formas.
-No dejaré que lo hagas.-su expresión se volvió a endurecer.-Y deja de buscarme las cosquillas, Dafne, porque ya sabes que yo puedo ser peligroso.
-Es verdad, puedes mantenerme en cama durante días, pero así no ayudas a nadie.-le dije, empezándome a enfurecer también.-No puedes detenerme, Max, no puedes. Sabes perfectamente que si quiero averiguar que es lo que pasa en tu casa lo haré, sin necesidad de que tú me cuentes nada.
-No lo hagas, por favor, me mataron precisamente por saber qué era lo que pasaba. ¿Quieres morir?
-¿Y tú? ¿Quieres que me maten?
-Sabes que no. Mira Dafne... te prometo que te lo contaré todo,-"al fin y al cabo eres mi única salida" pensó, como si yo no lo pudiera escuchar.-pero dame tiempo.
-¿Cuánto?
-El suficiente para saber que estarás a salvo, ¿de acuerdo?
-Está bien. Te daré tiempo, Max, pero procura que no sea demasiado, porque si no yo misma empezaré a hacer mis propias averiguaciones.
Y ninguno de los dos ha hablado más en todo el día.
Bueno, al emnos sé más que la última vez.
Sé que Max fue asesinado y que él cree que la razón de que siga aquí es que a Alex le pasará lo mismo. Ahora bien, ¿cómo pretende que salve a Alex del asesinato? ¡Eso es una locura!
Aunque viniendo de un fantasma, ¿qué podía esperar que no fuese una locura?
martes, 16 de febrero de 2010
Día 5
Anoche no pude dormir bien. Entre unas cosas y otras no he pegado ojo en toda la noche. Una cosa es el fantasma prófugo, otra el chico real que se parece al fantasma prófugo y su extraña conexión con él. No soy la única que piensa que hay algo raro ahí, ¿verdad? Bueno, apartando el hecho de que haya un fantasma, que eso ya es suficientemente raro de por sí.
Esta mañana me crucé con Alex por el insituto, y milagrosamente se acercó él a mi. Su tartamudeo había disminuido considerablemente y no parecía al borde del infarto como el día anterior. Le he sonreido, además le he sonreido con sinceridad, como si nunca se me hubiese olvidado como se hacía eso. No sé exactamente como he llegado a sacarle el tema de su tio abuelo, pero lo he hecho, aunque tampoco haya servido de mucho. Me ha dicho que su tío murió en el bosque, que lo encontraron una semana después y que a él nunca le había contado qué era exactamente lo que había pasado. ¿Por qué había tanto secreto en torno a Max? Ah, sí, no os lo he dicho, la abuela me dijo ayer que se chico se llamaba Maximiliano ¡toma ya! Prefiero llamarlo Max, es más corto y menos anticuado en mi opinión.
Creo que soy la chica con la que más ha hablado este chico en la vida, porque todo el mundo nos miraba raro, y cuando él se ha ido alegando que tenía cosas que hacer, todo el mundo me miraba a mi. Podría achacarlo a mi condición de nueva en el colegio, pero creedme si os digo que no era por eso.
Al volver a casa mi abuela me tenía una sorpresa reservada, en realidad dos, solo que ella era consciente solo de una.
A su lado estaba Max, mirándola y mirándome, incluso me mareó al ver con la rapidez que lo hacía.
-Dafne, te tengo que pedir un enorme favor.
-Dime abuela.-me he sentado en el sofá, con curiosidad. Desde que murieron mis padres nadie me pide nada, ¿no se dan cuenta que lo que necesito es precisamente que me mantenan ocupada con cualquier cosa, por muy ridícula que sea?
-Verás, ya te habrás dado cuenta que en este pueblo tan pequeño- pueblucho enano, habría dicho yo- todos nos llevamos muy bien, y procuramos ayudarnos cuando podemos.
-Sí, me he fijado.-le contesté, sin saber donde quería llegar. Max centró su vista en mi y esta vez no apartó los ojos.
-Pues resulta que unos vecinos, amigos míos, necesitan ayuda con sus hijos pequeños.
-¿Quieres que haga de niñera?
-En realidad he pensado que podrías darles clases particulares, creo que eso os ayudaría a todos, ellos mejorarían sus notas y tú podrías refrescar cosas que ya se te hayan olvidado un poco.- o que directamente no recuerde, se le olvidó decir.
-Bueno...- había pedido que me diesen algo que hacer, ¿no? pues ya está, acarreando con mis deseos.-vale.
-¡Genial! Empiezas esta tarde, es más, empiezas después de comer.
-¿Ya?
-No necesitas más tiempo. Anda, pon la mesa.
Y así se quedó tan tranquila, cargándome el muerto (va sin segundas)... Max se pasó toda la comida mirándome muy serio, casi me asustaba. Pensé muy fuerte para que me escuchase, pero, o no quiso responderme, o no me escuchó. No tuve tiempo apenas de nada, antes incluso de empezar a recoger la mesa la abuela dijo que ella se haría cargo junto que Cristian, que me miraba atentamente también, supongo que intrigado por la cara de concentración que debía tener. Casi me empujó fuera de casa, dejando un cutre mapa en mi mano para que supiese llegar. Max me seguía.
-¿Qué te ha...?
-Vas a mi casa.-me interrumpió, poniéndose más serio aún.
-¿Y? ¿Porqué tienes esa cara?
-No quiero que entres en esa casa.
-¿Qué pasa? ¿Alguien me va a comer?- y me miró, de un mal humor horrible. Me arrepentí antes de haberlo terminado de decir.
-Mira...-dijo, después de un rato en el que yo trataba de descifrar el mapa que me había dado la abuela.- cuando entres en esa casa... mantente lo más alejada de todo el mundo, mantente atenta a mi mente por si te doy cualquier advertencia.
-Pero... ¿qué clase de familia tienes tú?
-Tú hazme caso.-me contestó, como si con eso fuese suficiente.
-Yo siempre te tengo que hacer caso, aunque no me des ninguna explicación, ¿es eso?
-Te las daré cuando tenga que hacerlo.
-Te ayudaré y haré caso cuando me des esas explicaciones...-le contesté, mirándole con rabia.
-¿Dafne?-escuché detrás de mi. Me giré a tiempo de ver como Alex buscaba alguien detrás de mi, supongo que me había escuchado y ahora estaría preguntándose hasta que punto había perdido la cabeza y si era seguro estar allí.
-Hola.-lo saludé, recuperando el buen humor.
-Mi madre me ha mandado a buscarte, creo que tienes que darle clases a mis hermanos pequeños.
-Sí, eso parece.-Empezó a andar lo suficientemente lento como para que lo alcanzase, y eso hice, pero pocos segundos después no había nadie a mi lado, lo vi en el suelo, se había caído. me acerqué a él y le pregunté si estaba bien. Se había hecho daño en el codo, que ahora le sangraba. Y de pronto se desmayó. Me quedé alucinada.
-Sí, aparte de ser torpe y tenerle miedo a las chicas, también se lo tiene a la sangre.-dijo Max, mirándole y volviéndose a llevar una mano ala frente mientras movía la cabeza de un lado a otro.
-No te metas con él.-le dije, acercándome a Alex y arrodillándome a su lado.
-No le pasa nada, está bien.-de pronto me acordé de mi teoría de la extraña conexión, me levanté y me puse delante de Max, que me miraba confuso.-¿Qué...?
Y le clavé el dedo en el pecho, y de nuevo él era real.
-Lo sabía... explícame qué pasa.
-No sé que pasa.
-Dime la verdad.-le advertí.
-Eso estoy haciendo, en eso es lo que me tienes que ayudar...-me contestó. Escuché un ruido tras de mi, era Álex, que se despertaba.
-¿Estás bien?-le pregunté, ayudándole a levantarse.
-Soy un poco sensible a la sangre.
-Ya veo.-le sonreí y él me devolvió la sonrisa.- Venga, vamos a casa.
Que casa tan extraña, por favor. Parecía que dentro de esa casa, excepto por un par de cosas, el tiempo se había detenido en los tiempos de Max. Este parecía más enfadado a cada paso, como si no soportase estar allí.
"Puedes irte si quieres" le ofrecí, a sabiendas que esta vez sí me escuchaba.
-No me voy a ir.-me contestó, deslizándose a mi lado y poniéndose delante de mi.
Los chicos, hermanos de Alex, eran adorables. Me crucé con su madre a la salida, y parecían tan agradable como el resto de la familia. No vi al padre por ningún sitio, aunque sabía que vivía con ellos.
Al salir Alex se ofreció a acompañarme a casa, pues ya era de noche, acepté y al salir vi como Max se relajaba y desaparecía. Bien, parece que al menos no consideraba que estuviese en peligro al lado de Alex.
Me despedí en la entrada y subí directamente a mi cuarto, esperando encontrar a mi fantasma por allí, y efectivamente, así era.
-Bien, explícame.-le dije, cerrando la puerta y cruzándome de brazos.
-Siéntate.
-No quiero s...
-¡Siéntate!- Le hice caso de mala gana y me senté en la cama.-Deberías dormir.
-No tengo sue...-y clavó sus ojos en los míos, y a la vez sentí como el sueño me iba invadiendo poco a poco hasta que caí en la cama, profundamente dormida.
¡Maldito seas, Max! Deja de darme largas y explícame las cosas de una vez.
Esta mañana me crucé con Alex por el insituto, y milagrosamente se acercó él a mi. Su tartamudeo había disminuido considerablemente y no parecía al borde del infarto como el día anterior. Le he sonreido, además le he sonreido con sinceridad, como si nunca se me hubiese olvidado como se hacía eso. No sé exactamente como he llegado a sacarle el tema de su tio abuelo, pero lo he hecho, aunque tampoco haya servido de mucho. Me ha dicho que su tío murió en el bosque, que lo encontraron una semana después y que a él nunca le había contado qué era exactamente lo que había pasado. ¿Por qué había tanto secreto en torno a Max? Ah, sí, no os lo he dicho, la abuela me dijo ayer que se chico se llamaba Maximiliano ¡toma ya! Prefiero llamarlo Max, es más corto y menos anticuado en mi opinión.
Creo que soy la chica con la que más ha hablado este chico en la vida, porque todo el mundo nos miraba raro, y cuando él se ha ido alegando que tenía cosas que hacer, todo el mundo me miraba a mi. Podría achacarlo a mi condición de nueva en el colegio, pero creedme si os digo que no era por eso.
Al volver a casa mi abuela me tenía una sorpresa reservada, en realidad dos, solo que ella era consciente solo de una.
A su lado estaba Max, mirándola y mirándome, incluso me mareó al ver con la rapidez que lo hacía.
-Dafne, te tengo que pedir un enorme favor.
-Dime abuela.-me he sentado en el sofá, con curiosidad. Desde que murieron mis padres nadie me pide nada, ¿no se dan cuenta que lo que necesito es precisamente que me mantenan ocupada con cualquier cosa, por muy ridícula que sea?
-Verás, ya te habrás dado cuenta que en este pueblo tan pequeño- pueblucho enano, habría dicho yo- todos nos llevamos muy bien, y procuramos ayudarnos cuando podemos.
-Sí, me he fijado.-le contesté, sin saber donde quería llegar. Max centró su vista en mi y esta vez no apartó los ojos.
-Pues resulta que unos vecinos, amigos míos, necesitan ayuda con sus hijos pequeños.
-¿Quieres que haga de niñera?
-En realidad he pensado que podrías darles clases particulares, creo que eso os ayudaría a todos, ellos mejorarían sus notas y tú podrías refrescar cosas que ya se te hayan olvidado un poco.- o que directamente no recuerde, se le olvidó decir.
-Bueno...- había pedido que me diesen algo que hacer, ¿no? pues ya está, acarreando con mis deseos.-vale.
-¡Genial! Empiezas esta tarde, es más, empiezas después de comer.
-¿Ya?
-No necesitas más tiempo. Anda, pon la mesa.
Y así se quedó tan tranquila, cargándome el muerto (va sin segundas)... Max se pasó toda la comida mirándome muy serio, casi me asustaba. Pensé muy fuerte para que me escuchase, pero, o no quiso responderme, o no me escuchó. No tuve tiempo apenas de nada, antes incluso de empezar a recoger la mesa la abuela dijo que ella se haría cargo junto que Cristian, que me miraba atentamente también, supongo que intrigado por la cara de concentración que debía tener. Casi me empujó fuera de casa, dejando un cutre mapa en mi mano para que supiese llegar. Max me seguía.
-¿Qué te ha...?
-Vas a mi casa.-me interrumpió, poniéndose más serio aún.
-¿Y? ¿Porqué tienes esa cara?
-No quiero que entres en esa casa.
-¿Qué pasa? ¿Alguien me va a comer?- y me miró, de un mal humor horrible. Me arrepentí antes de haberlo terminado de decir.
-Mira...-dijo, después de un rato en el que yo trataba de descifrar el mapa que me había dado la abuela.- cuando entres en esa casa... mantente lo más alejada de todo el mundo, mantente atenta a mi mente por si te doy cualquier advertencia.
-Pero... ¿qué clase de familia tienes tú?
-Tú hazme caso.-me contestó, como si con eso fuese suficiente.
-Yo siempre te tengo que hacer caso, aunque no me des ninguna explicación, ¿es eso?
-Te las daré cuando tenga que hacerlo.
-Te ayudaré y haré caso cuando me des esas explicaciones...-le contesté, mirándole con rabia.
-¿Dafne?-escuché detrás de mi. Me giré a tiempo de ver como Alex buscaba alguien detrás de mi, supongo que me había escuchado y ahora estaría preguntándose hasta que punto había perdido la cabeza y si era seguro estar allí.
-Hola.-lo saludé, recuperando el buen humor.
-Mi madre me ha mandado a buscarte, creo que tienes que darle clases a mis hermanos pequeños.
-Sí, eso parece.-Empezó a andar lo suficientemente lento como para que lo alcanzase, y eso hice, pero pocos segundos después no había nadie a mi lado, lo vi en el suelo, se había caído. me acerqué a él y le pregunté si estaba bien. Se había hecho daño en el codo, que ahora le sangraba. Y de pronto se desmayó. Me quedé alucinada.
-Sí, aparte de ser torpe y tenerle miedo a las chicas, también se lo tiene a la sangre.-dijo Max, mirándole y volviéndose a llevar una mano ala frente mientras movía la cabeza de un lado a otro.
-No te metas con él.-le dije, acercándome a Alex y arrodillándome a su lado.
-No le pasa nada, está bien.-de pronto me acordé de mi teoría de la extraña conexión, me levanté y me puse delante de Max, que me miraba confuso.-¿Qué...?
Y le clavé el dedo en el pecho, y de nuevo él era real.
-Lo sabía... explícame qué pasa.
-No sé que pasa.
-Dime la verdad.-le advertí.
-Eso estoy haciendo, en eso es lo que me tienes que ayudar...-me contestó. Escuché un ruido tras de mi, era Álex, que se despertaba.
-¿Estás bien?-le pregunté, ayudándole a levantarse.
-Soy un poco sensible a la sangre.
-Ya veo.-le sonreí y él me devolvió la sonrisa.- Venga, vamos a casa.
Que casa tan extraña, por favor. Parecía que dentro de esa casa, excepto por un par de cosas, el tiempo se había detenido en los tiempos de Max. Este parecía más enfadado a cada paso, como si no soportase estar allí.
"Puedes irte si quieres" le ofrecí, a sabiendas que esta vez sí me escuchaba.
-No me voy a ir.-me contestó, deslizándose a mi lado y poniéndose delante de mi.
Los chicos, hermanos de Alex, eran adorables. Me crucé con su madre a la salida, y parecían tan agradable como el resto de la familia. No vi al padre por ningún sitio, aunque sabía que vivía con ellos.
Al salir Alex se ofreció a acompañarme a casa, pues ya era de noche, acepté y al salir vi como Max se relajaba y desaparecía. Bien, parece que al menos no consideraba que estuviese en peligro al lado de Alex.
Me despedí en la entrada y subí directamente a mi cuarto, esperando encontrar a mi fantasma por allí, y efectivamente, así era.
-Bien, explícame.-le dije, cerrando la puerta y cruzándome de brazos.
-Siéntate.
-No quiero s...
-¡Siéntate!- Le hice caso de mala gana y me senté en la cama.-Deberías dormir.
-No tengo sue...-y clavó sus ojos en los míos, y a la vez sentí como el sueño me iba invadiendo poco a poco hasta que caí en la cama, profundamente dormida.
¡Maldito seas, Max! Deja de darme largas y explícame las cosas de una vez.
lunes, 15 de febrero de 2010
Día 4
¡Vaya día!
Bien, creo que lo más correcto será empezar por el principio, por como me he levantado, me he preparado y me he ido al instituto, como si no fuese el primer día, o como si mi vida fuese como la de cualquier persona. Y todo iba normal hasta que ha vuelto a aparecer, y una parte de mi ha saltado y ha dicho "¡está aquí! !adiós a aburrirse!". Pero yo quiero aburrirme y mantenerme lo más alejada posible de historias de fantasmas. He podido ignorarle como 10 minutos, después me ha leído la mente, creo, y se ha dado cuenta que sabía que estaba ahí, entonces me he parado, lo he mirado con mala cara y he seguido caminando. He llegado pronto, muy pronto. Apenas había nadie por allí, solo un par de chicos, y otro par de chicas que me miraban raro. Bueno, creo que tendré que acostumbrarme, soy el bicho raro/nuevo del instituto, ¿no?
Y entonces ha aparecido él, la viva (y nunca mejor dicho) imagen del pesado de mi fantasma, que también lo miraba parado a mi lado. He debido parecer idiota mirándole o algo, pero es que me he quedado muy, muy, muy pillada. Tanto que cuando he reaccionado me he acercado a él, como si lo conociese.
-Hola.-vi como su cara pasaba del rosa al blanco en una fracción de segundo. Creo que intentó saludarme, pero no podría asegurarlo, porque en menos que nada él se había desmayado. Vi como mi fantasma se llevaba una mano a la frente.
-Este chico no cambiará nunca... él y su estúpido miedo a las chicas.
"¿Quien es? Es igual que tú." pensé con tanta fuerza que casi pareció que lo había pronunciado, mientras me arrodillaba al lado del chico desmayado.
-Mi sobrino nieto.- me contestó, inclinándose a mi lado y colocando su barbilla en mi hombro. LITERALMENTE colocó su barbilla en mi hombro, nada de una sensación extraña de frío, no, sentí su contacto, algo más frío que cualquier persona normal, pero era real. Me eché a un lado de improviso y lo miré, él me miraba también, pero su desconcierto no era nada comparado con el mío.
"¿Qué...?"
-Despiértale antes de que venga alguien.-se limitó a contestarme.-Ya habrá tiempo para charlas y explicaciones.- Y dicho esto, desapareció. Genial, ha estado hasta en la sopa (o mejor dicho, en los cereales) desde que me lo encontré y ahora que de verdad quería que estuviese aquí, desaparecía. No era justo...
-¡Eh!-me volvía a acercar al chico, quien abrió los ojos poco a poco.-¿Estás bien?-asintió.-Me alegro. Soy Dafne, y verás que soy nueva por aquí. ¿Cómo te llamas?
-A...A...A...A...l...l...l...e...e...e...j...j...j...-Oh, dios mio, no me puedo creer que este chico sea familia del pesado del fantasma.
-Te llamaré Alex.-le sonreí, pareció relajarse un poco. -Nos vemos...
Y me fui.
Me dio tiempo a darle tres vueltas al instituto antes de que tocase el timbre, con lo que quedaba claro lo diminuto que era, en verdad trataba de encontrar al fantasma, pero no dio señales de vida, bueno, ya me entendeis, de vida, obviamente, no podía dar señales...
No ha aparecido en todo el día, en cambio yo he estado haciendo mis propias indagaciones sobre esa familia... la abuela conocía al fantasma, es increíble pero cierto, "conocidos de clase" me ha dicho, y también que murió en extrañas circunstancias, y que nunca se le dijo nada más al pueblo.
Esta bien, esa es una buena historia, pero si pretende que le ayude yo quiero saber la verdad. Además, ¿extrañas circunstancias? ¿Qué demonios pasa en este pueblo?
Bien, creo que lo más correcto será empezar por el principio, por como me he levantado, me he preparado y me he ido al instituto, como si no fuese el primer día, o como si mi vida fuese como la de cualquier persona. Y todo iba normal hasta que ha vuelto a aparecer, y una parte de mi ha saltado y ha dicho "¡está aquí! !adiós a aburrirse!". Pero yo quiero aburrirme y mantenerme lo más alejada posible de historias de fantasmas. He podido ignorarle como 10 minutos, después me ha leído la mente, creo, y se ha dado cuenta que sabía que estaba ahí, entonces me he parado, lo he mirado con mala cara y he seguido caminando. He llegado pronto, muy pronto. Apenas había nadie por allí, solo un par de chicos, y otro par de chicas que me miraban raro. Bueno, creo que tendré que acostumbrarme, soy el bicho raro/nuevo del instituto, ¿no?
Y entonces ha aparecido él, la viva (y nunca mejor dicho) imagen del pesado de mi fantasma, que también lo miraba parado a mi lado. He debido parecer idiota mirándole o algo, pero es que me he quedado muy, muy, muy pillada. Tanto que cuando he reaccionado me he acercado a él, como si lo conociese.
-Hola.-vi como su cara pasaba del rosa al blanco en una fracción de segundo. Creo que intentó saludarme, pero no podría asegurarlo, porque en menos que nada él se había desmayado. Vi como mi fantasma se llevaba una mano a la frente.
-Este chico no cambiará nunca... él y su estúpido miedo a las chicas.
"¿Quien es? Es igual que tú." pensé con tanta fuerza que casi pareció que lo había pronunciado, mientras me arrodillaba al lado del chico desmayado.
-Mi sobrino nieto.- me contestó, inclinándose a mi lado y colocando su barbilla en mi hombro. LITERALMENTE colocó su barbilla en mi hombro, nada de una sensación extraña de frío, no, sentí su contacto, algo más frío que cualquier persona normal, pero era real. Me eché a un lado de improviso y lo miré, él me miraba también, pero su desconcierto no era nada comparado con el mío.
"¿Qué...?"
-Despiértale antes de que venga alguien.-se limitó a contestarme.-Ya habrá tiempo para charlas y explicaciones.- Y dicho esto, desapareció. Genial, ha estado hasta en la sopa (o mejor dicho, en los cereales) desde que me lo encontré y ahora que de verdad quería que estuviese aquí, desaparecía. No era justo...
-¡Eh!-me volvía a acercar al chico, quien abrió los ojos poco a poco.-¿Estás bien?-asintió.-Me alegro. Soy Dafne, y verás que soy nueva por aquí. ¿Cómo te llamas?
-A...A...A...A...l...l...l...e...e...e...j...j...j...-Oh, dios mio, no me puedo creer que este chico sea familia del pesado del fantasma.
-Te llamaré Alex.-le sonreí, pareció relajarse un poco. -Nos vemos...
Y me fui.
Me dio tiempo a darle tres vueltas al instituto antes de que tocase el timbre, con lo que quedaba claro lo diminuto que era, en verdad trataba de encontrar al fantasma, pero no dio señales de vida, bueno, ya me entendeis, de vida, obviamente, no podía dar señales...
No ha aparecido en todo el día, en cambio yo he estado haciendo mis propias indagaciones sobre esa familia... la abuela conocía al fantasma, es increíble pero cierto, "conocidos de clase" me ha dicho, y también que murió en extrañas circunstancias, y que nunca se le dijo nada más al pueblo.
Esta bien, esa es una buena historia, pero si pretende que le ayude yo quiero saber la verdad. Además, ¿extrañas circunstancias? ¿Qué demonios pasa en este pueblo?
domingo, 14 de febrero de 2010
Día 3
Mañana empiezo en el nuevo instituto. El hecho de que me hayan aceptado sin rechistar a estas alturas de curso me hace preguntarme porqué... ¿no será que su índice de aprobado es tan bajo que les da igual cuando lleguen los alumnos? Bueno, si fuese así, no me extrañaría nada viniendo de un pueblucho como este. Además me sentiría mejor, voy ha empezar el insituto teniendo una laguna mental de 3 años, no voy a estar precisamente al nivel que deberia de estar.
O puede que la abuela haya movido un par de hilos, haya hecho que les de pena y me hayan aceptado, cosa que espero que no sea así, porque si no menudos meses me esperan por delante...
Hoy llevo un día de completa tranquilidad y soledad, que es la única amiga que tengo en este sitio. He aprovechado el día en hacer un esfuerzo y tratar de recordar algo, pero no he podido, todos mis esfuerzos se reducen a un fogonazo de luz y después estaba despertando en el hospital. Faltaba algo, obviamente.
El chico fantasma no ha aparecido hoy. Me parece ridículo lo aburrida que parece mi vida cuando no aparece, ni siquiera tengo nada que escribir. Que estupidez.
Espero que mañana tenga algo más que deciros, aunque sean estúpidas cosas normales y aburridas de instituto y nada sobrenatural como historias de fantasmas.
Buenas noches ^^.
O puede que la abuela haya movido un par de hilos, haya hecho que les de pena y me hayan aceptado, cosa que espero que no sea así, porque si no menudos meses me esperan por delante...
Hoy llevo un día de completa tranquilidad y soledad, que es la única amiga que tengo en este sitio. He aprovechado el día en hacer un esfuerzo y tratar de recordar algo, pero no he podido, todos mis esfuerzos se reducen a un fogonazo de luz y después estaba despertando en el hospital. Faltaba algo, obviamente.
El chico fantasma no ha aparecido hoy. Me parece ridículo lo aburrida que parece mi vida cuando no aparece, ni siquiera tengo nada que escribir. Que estupidez.
Espero que mañana tenga algo más que deciros, aunque sean estúpidas cosas normales y aburridas de instituto y nada sobrenatural como historias de fantasmas.
Buenas noches ^^.
sábado, 13 de febrero de 2010
Día 2
Anoche no podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos veía al chicorarofantasma, ese que me he inventado. Brilla en la oscuridad. En realidad con esto descubro que tengo mucha imaginación, y yo que creía que carecía de ella...
Hoy, cuando bajé a desayunar, él estaba allí. Que estupidez, mi locura iba en aumento. Traté de ignorarlo, incluso cuando gritaba y se mezclaban su voz con sus pensamientos y con los míos. Hice como que allí no había nadie, y era verdad, no había nadie más en el comedor aparte de mi abuela y de mi.
-Buenos días.-me saludó mi abuela, confirmando que no había nada extraño en el comedor como, por ejemplo, un chico fantasme gritando y plantándose delante de mi, obligándome a atravesarlo y a sentir ese frío profundo que parecía tan real.
-Buenos días, abuela.-traté de sonar amable, traté de parecer totalemente cuerda y no sé si lo coneguí.
-¿Cómo estás?-sí, lo había conseguido, volvíamos a la rutina.
-Bien.-sonreí como si de verdad estuviese bien. Me dolían las mejillas al hacerlo por la falta de costumbre. El chico se calló y permaneció mirándome. Escuché como pensaba en si lo estaba ignorando o por el contrario había dejado de poderle ver, debí hacer algún gesto extraño que demostrase que lo había oído porque volvió a plantarse delante de mi y a llamar mi atención.
Fue el peor desayuno de mi vida. Incluso peor que cuando a Cristian le dio por tirar cereales a diestro y siniestro por todo el comedor mientras pataleaba, chillaba y lloraba. Plantó su cabeza en mi tazón y permaneció allí, mirándome tranquilamente mientras yo hundía mi cuchara en el tazón y en su cabeza para poder comer. Me daban escalofríos constantemente. Una cosa es que supiese que era no real, y otra muy distinta que no lo pareciese. Mi abuela me miraba extrañada, creo que pensaba que estaba sufriendo algún tipo de tormento interno. Pobre mujer. Me apresuré en terminar, recogí todo lo que había utilizado y subí a mi cuarto, subiendo los escalones de dos en dos y con prisa. Al llegar cerré con fuerza la puerta y me eché sobre ella, como si mi habitación estuviese blindada contra fantasmas y no pudiesen atravesar paredes.
Pero este fantasma mío era muy especial, y en vez de atravesar cualquier pared, atravesó la puerta y a mi con ella, y de nuevo me dejó congelada... Por un instante me invadió el mal humor y el miedo a la locura quedó en un segundo plano.
-¿Puedes dejarme en paz?-le solté, susurrando de forma amenazante mientras me acercaba a él, siempre a una distancia prudencial del frío que emanaba de todo su cuerpo (¿se puede llamar así, no?).
-No puedo.
-Claro que puedes.
-Verás...-y se sentó en mi cama como si alguien le hubiese dado permiso, es más, se sentó allí como si fuese normal y no fuese a atravesar la cama... y no la atravesó. Abrí los ojos y la boca.
-¿Cómo h...?-lo interrumpí.
-Con esfuerzo.-recobré un poco la dignidad y me crucé de brazos, recuperando un poco también el miedo de que estaba dandole alas a mi propia ilusión.
-Como te iba diciendo...-siguió, tan tranquilo sentado en mi cama mientras yo lo miraba y sentía como me temblaban las piernas y me entraba un impuslo horrible de abrir la puerta y salir huyendo y gritando de la habitación.-no puedo dejarte en paz.
-Ya sé que como te he creado no puedes irte así como así hasta que yo no recupere un poco de mi cordura.
-¿Perdón?-se levantó y se acercó a mi, mientras yo daba un par de pasos atrás.-¿Piensas que solo soy un invento de tu mente?
-¿Qué ibas a ser si no? ¿Un fantasma de verdad?
-¡Soy un fantasma!-replicó él de mal humor. Y me asustó. Di un paso más atrás y me choqué con la pared. Me eché a temblar y me resbalé hasta el suelo.-Lo... lo siento.-empezaba a hiperventilar.-¿Ves? ¿Crees que tú misma crearías algo que te diese tanto miedo? Soy real. Los fantasmas existen, siempre han existido y siempre existirán... eso solo que tú sólo me has visto a mi.-respiré profundamente y no lo miré, con temor de que volviese a perder los nervios de nuevo.-Y no me voy a ir porque hace ya mucho que perdí la esperanza de que nunca nadie me viese, y tú lo haces... me tienes que ayudar.
-¿A..a...ayudar? ¿A qué?
-A descubrir como puedo salir de aquí y dejar de ser un fantasma. Quiero ser libre, saber que es lo que me ata a este sitio y poder solucionarlo. ¿Nunca has escuchado eso de que los fantasmas no son más que muertos que aún tienen asuntos pendientes en esta vida?
-Sí... pero eso no significa que yo pueda ayudarte a solucionarlo.-dije. Seguía sin creer en que fuese real.
-Deja de pensar que no existo, o que me has creado tú.-me contestó, controlando su mal humor pero reflejándolo igualmente. Al mirarlo a los ojos comprendí que era cierto que no podía haber creado algo así. Era completamente independiente a mi mente, apartando el hecho de que pudiese escuchar lo que pensaba o que él pudiese escuchar lo que pensaba yo. Tenía sus propias manías, como tamborilear con los dedos de una mano sobre su pierna, cosas minúsculas e insignificantes que mi mente cutre nunca hubiese puesto ahí.
-No puedo ayudarte.-pareció complacido ante el hecho de que hubiese comprendido que existía realmente.
-Puedes verme, por ahora es suficiente.
-¿Y no puedes dejarme sola? Puedo verte, pero eso no quiere decir que pueda ayudarte, busca a otra persona que pueda hacerlo.
-¿Qué crees que llevo haciendo todo este tiempo?
-Pues sigue.
-Ya lo he encontrado.
-No voy a ayudarte. Tengo suficiente con mis propios problemas.
-No pienso irme hasta que no me ayudes.-y con su cabezonería volvió a hacerme pensar que pertenecía a mi mente, que buscaba una forma de mantenerme ocupada en cualquier cosa.
-¡Maldita sea! ¡Soy real!-y dicho esto se giró y con toda su ¿fuerza? tiró un jarrón lleno de flores al suelo, rompiéndolo y haciendo un gran ruido. Dos segundos después mi abuela ya estaba allí, encontrándome en la otra punta de la habitación, lejos del jarrón roto y alegando que no sabía que había pasado.
Bien, los fantasmas existen. Y este resulta especialemnte pesado conmigo y parece que lo seguirá siendo hasta que decida ayudarlo. Al menos ha desaparecido unas horas, igual me nota demasiado enfadada como para volver por ahora. Y lo estoy. Ese jarrón era de mamá y lo ha roto como si a él no le importase nada más que él. Ha roto una de las pocas cosas que quedan en esta casa de mamá y pretende que le ayude. Pues que lo siga pretendiendo, el cutre fantasma ese, si fuese un gran fantasma como el de las películas podría resolver sus propios problemas sin necesidad de recurrir a alguien como yo, que carece de espíritu aventurero.
Espero que mañana no vuelva por aquí. Más le vale...
Hoy, cuando bajé a desayunar, él estaba allí. Que estupidez, mi locura iba en aumento. Traté de ignorarlo, incluso cuando gritaba y se mezclaban su voz con sus pensamientos y con los míos. Hice como que allí no había nadie, y era verdad, no había nadie más en el comedor aparte de mi abuela y de mi.
-Buenos días.-me saludó mi abuela, confirmando que no había nada extraño en el comedor como, por ejemplo, un chico fantasme gritando y plantándose delante de mi, obligándome a atravesarlo y a sentir ese frío profundo que parecía tan real.
-Buenos días, abuela.-traté de sonar amable, traté de parecer totalemente cuerda y no sé si lo coneguí.
-¿Cómo estás?-sí, lo había conseguido, volvíamos a la rutina.
-Bien.-sonreí como si de verdad estuviese bien. Me dolían las mejillas al hacerlo por la falta de costumbre. El chico se calló y permaneció mirándome. Escuché como pensaba en si lo estaba ignorando o por el contrario había dejado de poderle ver, debí hacer algún gesto extraño que demostrase que lo había oído porque volvió a plantarse delante de mi y a llamar mi atención.
Fue el peor desayuno de mi vida. Incluso peor que cuando a Cristian le dio por tirar cereales a diestro y siniestro por todo el comedor mientras pataleaba, chillaba y lloraba. Plantó su cabeza en mi tazón y permaneció allí, mirándome tranquilamente mientras yo hundía mi cuchara en el tazón y en su cabeza para poder comer. Me daban escalofríos constantemente. Una cosa es que supiese que era no real, y otra muy distinta que no lo pareciese. Mi abuela me miraba extrañada, creo que pensaba que estaba sufriendo algún tipo de tormento interno. Pobre mujer. Me apresuré en terminar, recogí todo lo que había utilizado y subí a mi cuarto, subiendo los escalones de dos en dos y con prisa. Al llegar cerré con fuerza la puerta y me eché sobre ella, como si mi habitación estuviese blindada contra fantasmas y no pudiesen atravesar paredes.
Pero este fantasma mío era muy especial, y en vez de atravesar cualquier pared, atravesó la puerta y a mi con ella, y de nuevo me dejó congelada... Por un instante me invadió el mal humor y el miedo a la locura quedó en un segundo plano.
-¿Puedes dejarme en paz?-le solté, susurrando de forma amenazante mientras me acercaba a él, siempre a una distancia prudencial del frío que emanaba de todo su cuerpo (¿se puede llamar así, no?).
-No puedo.
-Claro que puedes.
-Verás...-y se sentó en mi cama como si alguien le hubiese dado permiso, es más, se sentó allí como si fuese normal y no fuese a atravesar la cama... y no la atravesó. Abrí los ojos y la boca.
-¿Cómo h...?-lo interrumpí.
-Con esfuerzo.-recobré un poco la dignidad y me crucé de brazos, recuperando un poco también el miedo de que estaba dandole alas a mi propia ilusión.
-Como te iba diciendo...-siguió, tan tranquilo sentado en mi cama mientras yo lo miraba y sentía como me temblaban las piernas y me entraba un impuslo horrible de abrir la puerta y salir huyendo y gritando de la habitación.-no puedo dejarte en paz.
-Ya sé que como te he creado no puedes irte así como así hasta que yo no recupere un poco de mi cordura.
-¿Perdón?-se levantó y se acercó a mi, mientras yo daba un par de pasos atrás.-¿Piensas que solo soy un invento de tu mente?
-¿Qué ibas a ser si no? ¿Un fantasma de verdad?
-¡Soy un fantasma!-replicó él de mal humor. Y me asustó. Di un paso más atrás y me choqué con la pared. Me eché a temblar y me resbalé hasta el suelo.-Lo... lo siento.-empezaba a hiperventilar.-¿Ves? ¿Crees que tú misma crearías algo que te diese tanto miedo? Soy real. Los fantasmas existen, siempre han existido y siempre existirán... eso solo que tú sólo me has visto a mi.-respiré profundamente y no lo miré, con temor de que volviese a perder los nervios de nuevo.-Y no me voy a ir porque hace ya mucho que perdí la esperanza de que nunca nadie me viese, y tú lo haces... me tienes que ayudar.
-¿A..a...ayudar? ¿A qué?
-A descubrir como puedo salir de aquí y dejar de ser un fantasma. Quiero ser libre, saber que es lo que me ata a este sitio y poder solucionarlo. ¿Nunca has escuchado eso de que los fantasmas no son más que muertos que aún tienen asuntos pendientes en esta vida?
-Sí... pero eso no significa que yo pueda ayudarte a solucionarlo.-dije. Seguía sin creer en que fuese real.
-Deja de pensar que no existo, o que me has creado tú.-me contestó, controlando su mal humor pero reflejándolo igualmente. Al mirarlo a los ojos comprendí que era cierto que no podía haber creado algo así. Era completamente independiente a mi mente, apartando el hecho de que pudiese escuchar lo que pensaba o que él pudiese escuchar lo que pensaba yo. Tenía sus propias manías, como tamborilear con los dedos de una mano sobre su pierna, cosas minúsculas e insignificantes que mi mente cutre nunca hubiese puesto ahí.
-No puedo ayudarte.-pareció complacido ante el hecho de que hubiese comprendido que existía realmente.
-Puedes verme, por ahora es suficiente.
-¿Y no puedes dejarme sola? Puedo verte, pero eso no quiere decir que pueda ayudarte, busca a otra persona que pueda hacerlo.
-¿Qué crees que llevo haciendo todo este tiempo?
-Pues sigue.
-Ya lo he encontrado.
-No voy a ayudarte. Tengo suficiente con mis propios problemas.
-No pienso irme hasta que no me ayudes.-y con su cabezonería volvió a hacerme pensar que pertenecía a mi mente, que buscaba una forma de mantenerme ocupada en cualquier cosa.
-¡Maldita sea! ¡Soy real!-y dicho esto se giró y con toda su ¿fuerza? tiró un jarrón lleno de flores al suelo, rompiéndolo y haciendo un gran ruido. Dos segundos después mi abuela ya estaba allí, encontrándome en la otra punta de la habitación, lejos del jarrón roto y alegando que no sabía que había pasado.
Bien, los fantasmas existen. Y este resulta especialemnte pesado conmigo y parece que lo seguirá siendo hasta que decida ayudarlo. Al menos ha desaparecido unas horas, igual me nota demasiado enfadada como para volver por ahora. Y lo estoy. Ese jarrón era de mamá y lo ha roto como si a él no le importase nada más que él. Ha roto una de las pocas cosas que quedan en esta casa de mamá y pretende que le ayude. Pues que lo siga pretendiendo, el cutre fantasma ese, si fuese un gran fantasma como el de las películas podría resolver sus propios problemas sin necesidad de recurrir a alguien como yo, que carece de espíritu aventurero.
Espero que mañana no vuelva por aquí. Más le vale...
viernes, 12 de febrero de 2010
Día 1
Parece mentira que solo lleve un día aquí.
Hoy he salido a pasear a huir un poco de la oscuridad que hay en la casa y de que mis abuelos estén pendientes de mi a todas horas. No me gusta tener que mentirles cuando me preguntan si estoy bien y tengo que sonreír diciendo que sí.
No estoy bien.
Por eso huí de casa durante unas horas, a "conocer el pueblo" como les dije, más bien a encontrar un rincón donde poderme hundir tranquilamente para luego estar bien de verdad, un sitio donde soltarlo todo del tirón. Pero resulta que en este pueblo no hay de eso...
Llevaba apenas media hora andando cuando descubrí que algo no iba bien.
Es cierto que al despertar del como me sentía rara, había un constante zumbido en mi cabeza y me dolía muchísimo, normalmente solo cuando estaba sola se pasaba. Por eso me resultaba extraño que ahora, en mitad d eninguna parte, ese zumbido apareciese. Moví la cabeza de un lado a otro y me olvidé un poco de ello, llegó un momento en el que ni siquiera lo recordaba.
Al fin encontré un sitio bonito, adecuado para estar sola y pensar en lo que demonios necesitase pensar sin nadie que me mirase con pena mientras lo hacía.
descubrí pronto que estaba justamente en el sitio que podía ver desde mi ventana, al lado del río, de las montañas, de la naturaleza, de la libertad... suspiré y me dejé caer sobre la hierba. Me eché y cerré los ojos con fuerza, como si así consiguiese despertar de la pesadilla o al menos olvidarla. Pero por supuesto que no lo conseguí, cerrar los ojos me sumergía en una oscuridad mucho más inmensa de la que ya de por sí tenía con los ojos abiertos. Con los ojos cerrados solo conseguía ver a mis padres por todas partes, hablando, riendo, viviendo. Abrí los ojos, mientras una lágrima rodaba por mis mejillas, volví a la cruda realidad en la que yo estaba perdida en la oscuridad y ellos estaban muertos.
Tardé poco en notar como el zumbido aumentaba su intensidad en mi cabeza, pues poco tenía que ver con mis oídos. Me incorporé y me giré, con la extrañe impresión de que alguien me miraba. Estaba sola. Me volví a girar a tiempo de ver como un chico que antes no estaba allí, ahora sí lo estaba.
Me asusté y caí al suelo. El chico no se movió, solo siguió mirándome.
-¡Me has asustado!-le grité al tiempo que me levantaba y me limpiaba el barro.
"Me ve." le escuché decir y le miré con mal humor.
-Pues claro que te veo.-le contesté.
-¿Cómo has escuchado eso?
-Lo acabas de decir.
-Yo no he dicho nada de eso... en voz alta.
-No me tomes el pelo.-le dije, acercándome a él e intentando clavar mi dedo en su pecho, de forma amenzante. Mi dedo atravesó limpiamente su pecho, como si allí no hubiese nada, me asusté, perdí el equilibrio y me caí, atravesándolo. Sentí un frío intenso, que dejó congelados cada uno de mis músculos. Se me aceleraron la respiración y el corazón al tiempo que me giraba y lo miraba, para darme cuenta que seguía allí. Entonces fue cuando me fijé de verdad en él. Sí, era como yo, pero después no lo era de verdad. Su piel, más blanca incluso que la mía, parecía transparente bajo la, cada vez más escasa, luz del sol. Lo único que en él brillaba eran sus ojos.
-Lo siento.-parecía avergonzado, desvió la vista hacia otro lado y se llevó la mano a la cabeza y se rascó. ¿Qué demonios había pasado? Me levanté y acerqué la mano otra vez a él. Volví a atravesarle como si él no estuvese allí. Di un par de pasos atrás, más asustada. Él me miró, con unos ojos fríos y triste que me helaron la sangre.
-¿Qué ha pas...?
-Soy un fantasma, sí, y tú eres la primera persona que puede verme en todos estos años.-y me lo soltó así, como si fuese la cosa más natural del mundo o como si yo tuviese que tener una reacción normal ante eso.
Chillé con fuerza y, naturalemente, salí huyendo de allí.
En fin, creo que todo este asunto empieza a hacerle mella a mi cordura. Me estoy volviendo loca, desde luego, los fantasmas no existen. Al final, los temores de todo el mundo se están haciendo realidad, la muerte d emis padres me ha dejado tan mal que ahora incluso creo que veo fantasmas. Muy bien, Dafne, apuntate 1.
En fin, hasta mañana.
Hoy he salido a pasear a huir un poco de la oscuridad que hay en la casa y de que mis abuelos estén pendientes de mi a todas horas. No me gusta tener que mentirles cuando me preguntan si estoy bien y tengo que sonreír diciendo que sí.
No estoy bien.
Por eso huí de casa durante unas horas, a "conocer el pueblo" como les dije, más bien a encontrar un rincón donde poderme hundir tranquilamente para luego estar bien de verdad, un sitio donde soltarlo todo del tirón. Pero resulta que en este pueblo no hay de eso...
Llevaba apenas media hora andando cuando descubrí que algo no iba bien.
Es cierto que al despertar del como me sentía rara, había un constante zumbido en mi cabeza y me dolía muchísimo, normalmente solo cuando estaba sola se pasaba. Por eso me resultaba extraño que ahora, en mitad d eninguna parte, ese zumbido apareciese. Moví la cabeza de un lado a otro y me olvidé un poco de ello, llegó un momento en el que ni siquiera lo recordaba.
Al fin encontré un sitio bonito, adecuado para estar sola y pensar en lo que demonios necesitase pensar sin nadie que me mirase con pena mientras lo hacía.
descubrí pronto que estaba justamente en el sitio que podía ver desde mi ventana, al lado del río, de las montañas, de la naturaleza, de la libertad... suspiré y me dejé caer sobre la hierba. Me eché y cerré los ojos con fuerza, como si así consiguiese despertar de la pesadilla o al menos olvidarla. Pero por supuesto que no lo conseguí, cerrar los ojos me sumergía en una oscuridad mucho más inmensa de la que ya de por sí tenía con los ojos abiertos. Con los ojos cerrados solo conseguía ver a mis padres por todas partes, hablando, riendo, viviendo. Abrí los ojos, mientras una lágrima rodaba por mis mejillas, volví a la cruda realidad en la que yo estaba perdida en la oscuridad y ellos estaban muertos.
Tardé poco en notar como el zumbido aumentaba su intensidad en mi cabeza, pues poco tenía que ver con mis oídos. Me incorporé y me giré, con la extrañe impresión de que alguien me miraba. Estaba sola. Me volví a girar a tiempo de ver como un chico que antes no estaba allí, ahora sí lo estaba.
Me asusté y caí al suelo. El chico no se movió, solo siguió mirándome.
-¡Me has asustado!-le grité al tiempo que me levantaba y me limpiaba el barro.
"Me ve." le escuché decir y le miré con mal humor.
-Pues claro que te veo.-le contesté.
-¿Cómo has escuchado eso?
-Lo acabas de decir.
-Yo no he dicho nada de eso... en voz alta.
-No me tomes el pelo.-le dije, acercándome a él e intentando clavar mi dedo en su pecho, de forma amenzante. Mi dedo atravesó limpiamente su pecho, como si allí no hubiese nada, me asusté, perdí el equilibrio y me caí, atravesándolo. Sentí un frío intenso, que dejó congelados cada uno de mis músculos. Se me aceleraron la respiración y el corazón al tiempo que me giraba y lo miraba, para darme cuenta que seguía allí. Entonces fue cuando me fijé de verdad en él. Sí, era como yo, pero después no lo era de verdad. Su piel, más blanca incluso que la mía, parecía transparente bajo la, cada vez más escasa, luz del sol. Lo único que en él brillaba eran sus ojos.
-Lo siento.-parecía avergonzado, desvió la vista hacia otro lado y se llevó la mano a la cabeza y se rascó. ¿Qué demonios había pasado? Me levanté y acerqué la mano otra vez a él. Volví a atravesarle como si él no estuvese allí. Di un par de pasos atrás, más asustada. Él me miró, con unos ojos fríos y triste que me helaron la sangre.
-¿Qué ha pas...?
-Soy un fantasma, sí, y tú eres la primera persona que puede verme en todos estos años.-y me lo soltó así, como si fuese la cosa más natural del mundo o como si yo tuviese que tener una reacción normal ante eso.
Chillé con fuerza y, naturalemente, salí huyendo de allí.
En fin, creo que todo este asunto empieza a hacerle mella a mi cordura. Me estoy volviendo loca, desde luego, los fantasmas no existen. Al final, los temores de todo el mundo se están haciendo realidad, la muerte d emis padres me ha dejado tan mal que ahora incluso creo que veo fantasmas. Muy bien, Dafne, apuntate 1.
En fin, hasta mañana.
jueves, 11 de febrero de 2010
Hola
Bueno, en primer lugar, toca presentarme.
Me llamo Dafne, tengo 17 años y hace un mes ya que mi vida cambió radicalmente. Por culpa de un accidente perdí a mis padres y yo, que iba en el asiento trasero, entré en coma durante unas semanas. Al despertar, no recordaba nada de lo que me había pasado en los últimos 3 años. Por lo que los últimos recuerdos que poseía eran de cuando tenía 14 años.
Era ridículo ver como todas las personas que supuestamente debería conocer eran solo desconocidas para mi, o como habían cambiado aquellas que sí que recordaba. Era extraño ver como yo misma estaba irreconocible, con 3 años más y sin saber qué había pasado en ese tiempo.
Lo peor de todo fue saber que mis padres habían muerto. Fue un golpe muy duro y reaccioné tan mal que los médicos pensaron que entraría en estado de shock. Pero lo superé, o al menos fingí hacerlo delante de todo el mundo.
Tuve que soportar como persona tras persona me preguntara que cómo me encontraba, y me dijeran cuanto lo sentían por mis padres. Y lo llevé bien, con una sonrisa y un simple gracias, mientras por dentro sentía como me ardía el corazón ante el hecho de que todas esas personas no sentían en absoluto nada, o al menos no de la forma en la que yo lo hacía. El tercer día después de despertar vino a verme Cristian, mi hermano pequeño, el cual no parecía terminar de entender qué era exactamente lo que estaba pasando. Era normal para un niño de 5 años.
Salí pronto del hospital, y más pronto aún me vi en casa de mis abuelos, junto con mi hermano. Lejos de los recuerdos que aún conservaba, sin recordar nada de los tres últimos años y echando de menos a mis padres.
Por no hablar de que mis abuelos vivían en la otra punta del país y que tuve que dejar todo lo que quería (es más, todo lo que recordaba) para irme a un sitio en el que a lo largo de mi vida podía haber estado tan solo un par de veces.
Creo que fue al llegar aquí cuando decidí empezar a escribir mi vida, por que después de haber perdido 3 años, no quiero que pueda volver a ocurrir. Pienso que es una buena forma de sacarme de este agujero extraño y oscuro en el que estoy metida desde lo de mis padres, o al menos una buena forma de olvidarlo aunque sea durante unos minutos.
Este lugar me gusta, desde la ventana de mi habitación (que antes fue de mamá) se ven las montañas y el río. Naturaleza en estado puro. A mis padres siempre le ha gustado.
Los echo de menos. Sí. Mucho.
Me llamo Dafne, tengo 17 años y hace un mes ya que mi vida cambió radicalmente. Por culpa de un accidente perdí a mis padres y yo, que iba en el asiento trasero, entré en coma durante unas semanas. Al despertar, no recordaba nada de lo que me había pasado en los últimos 3 años. Por lo que los últimos recuerdos que poseía eran de cuando tenía 14 años.
Era ridículo ver como todas las personas que supuestamente debería conocer eran solo desconocidas para mi, o como habían cambiado aquellas que sí que recordaba. Era extraño ver como yo misma estaba irreconocible, con 3 años más y sin saber qué había pasado en ese tiempo.
Lo peor de todo fue saber que mis padres habían muerto. Fue un golpe muy duro y reaccioné tan mal que los médicos pensaron que entraría en estado de shock. Pero lo superé, o al menos fingí hacerlo delante de todo el mundo.
Tuve que soportar como persona tras persona me preguntara que cómo me encontraba, y me dijeran cuanto lo sentían por mis padres. Y lo llevé bien, con una sonrisa y un simple gracias, mientras por dentro sentía como me ardía el corazón ante el hecho de que todas esas personas no sentían en absoluto nada, o al menos no de la forma en la que yo lo hacía. El tercer día después de despertar vino a verme Cristian, mi hermano pequeño, el cual no parecía terminar de entender qué era exactamente lo que estaba pasando. Era normal para un niño de 5 años.
Salí pronto del hospital, y más pronto aún me vi en casa de mis abuelos, junto con mi hermano. Lejos de los recuerdos que aún conservaba, sin recordar nada de los tres últimos años y echando de menos a mis padres.
Por no hablar de que mis abuelos vivían en la otra punta del país y que tuve que dejar todo lo que quería (es más, todo lo que recordaba) para irme a un sitio en el que a lo largo de mi vida podía haber estado tan solo un par de veces.
Creo que fue al llegar aquí cuando decidí empezar a escribir mi vida, por que después de haber perdido 3 años, no quiero que pueda volver a ocurrir. Pienso que es una buena forma de sacarme de este agujero extraño y oscuro en el que estoy metida desde lo de mis padres, o al menos una buena forma de olvidarlo aunque sea durante unos minutos.
Este lugar me gusta, desde la ventana de mi habitación (que antes fue de mamá) se ven las montañas y el río. Naturaleza en estado puro. A mis padres siempre le ha gustado.
Los echo de menos. Sí. Mucho.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)