miércoles, 24 de marzo de 2010

Día 38

Siento no haber aparecido ayer, pero es que tengo un problema. Sí, mi problema se llama Alex. Pensaréis “Bueno, Dafne, eso no es nada nuevo” y en parte, supongo que tendréis razón, pero no sabéis la historia, así que esperad para opinar.

Pues resulta que después de haberse presentando en mi casa a la hora que le dio la gana, trepando por el árbol de al lado de mi balcón como si fuese un mono o algo así, solo por que tenía un mal presentimiento y quería asegurarse de que estaba a salvo, el muy idiota no me habla. Sí, así, como os lo cuento. De pronto, después de llevar unos días en los que apenas nos separábamos en todo el día, en el que hablábamos tanto que nos quedábamos sin palabras, me ha dejado de hablar. Y bueno, es una estupidez que me enfade porque de repente no me hable, ya que, a fin de cuentas yo le hice lo mismo. ¿Le habrá dicho la abuela alguna tontería acerca de que mantenerse alejado de mi es lo mejor? Y lo que es peor ¿le habrá hecho caso? No, no quiero ni pensarlo. Cuando al fin cede Max llega la abuela y lo fastidia. Max me dijo que la abuela no había avanzado para protegerme, tal vez ella piense que todo lo que me pone en peligro es Alex. Ponerme en peligro… en realidad es el único que me mantiene a salvo.
El día siguiente a mi incidente con los lobos hambrientos Alex fue a por mi a casa como todas las demás mañanas de toda la semana. Me acerqué a él con una sonrisa, contenta de tenerlo allí. Al principio, se ha portado como siempre, o sea, incluso él ha sido más cortés de lo que fui yo y no me ha dejado de hablar porque sí y desde el primer momento. Al principio incluso ha sido él quien ha buscado mi mano, como si después no fuese a romperme el corazón. Nos ha dado tiempo ha llegar al instituto, bueno, un poco menos, porque antes de acercarnos Alex había soltado mi mano. Lo achaqué a que había mucho revuelo de alumnos camino al instituto, aunque normalmente no hiciera caso de esas cosas. Inocente de mí.
Llegamos temprano y Alex se mantenía más alejado de mi que de costumbre, por no hablar de que no había dicho ni media palabra.
-¿Te pasa algo?-le pregunté, cuando ya creí oportuno. Tragó saliva y por primera vez en todo el camino me miró a los ojos, después tragó saliva y volvió a mirar el suelo. Pero no me contestó.-Alex…
Y en ese momento llegó Pablo.
Creo que no os he hablado nunca de Pablo. Veréis, Pablo es un chico de clase que siente predilección por interrumpirnos a Alex y a mí cuando estamos hablando de cosas importantes. Además… bueno, creo que Alex no le cae muy bien. A mi en verdad, sí me cae bien, a ver, es simpático aunque poco oportuno.
-¡Hola chicos!-saludó con bastante humor. Lo miré mal, en fin, me cae bien pero ahora no quería interrupciones.
-Hola.-contestó secamente Alex.-Nos vemos luego.-añadió mirándome. Lo agarré de la manga de la chaqueta al tiempo que se iba, impidiéndoselo.
-Espera.
-Luego te veo.-y me sonrió, como si fuese un día normal y corriente. En verdad yo no lo solté, solo que el se deshizo de mi mano. Se fue a paso lento pero decidido, dejándome allí tirada y sin ninguna explicación, haciendo como que las cosas seguían normales. Já.
-¿Le pasa algo a Alex?-preguntó Pablo, creo que no sabe aún que Alex le tiene ojeriza.
-No lo sé.
Y el timbre sonó. Pablo me acompañó a clase, esperaba ver a Alex por algún sitio, pero no apareció en todo el día. Se había saltado las clases. Eso era extraño y completamente impropio de Alex. Creo que ese día fue en el que más lento se me pasaron las horas de todo el tiempo que llevaba aquí. Deseaba salir para saber si Alex se había ido o si por el contrario me estaría esperando. Me retrasé un poco recogiendo mis cosas a la hora de la salida, y fuera estaba Alex, serio y con mala cara.
-¿Por qué no has entrado a clase?
-No me encontraba bien.
-En verdad tienes mala cara.
-Lo sé.
-¿Por qué sigues aquí? Deberías irte a casa y descansar.
-Tenemos que hablar.
No sé si hay alguien a quien le guste el sonido de esas tres palabras pronunciadas por una persona que resulta importante para ti. Pero desde luego, a mi no. Incluso se me clavaron en el pecho. Que me dijese que teníamos que hablar después de haberse comportado de una forma tan rara todo el día no era ninguna buena señal.
-Está bien.-asentí y lo seguí. Solo avanzamos un poco, lejos de la entrada del instituto. Se detuvo, de espaldas a mí.- ¿Y bien?
-Tenías razón.
-¿Qué?
-Tenías razón.-repitió, girándose a mirarme.-O bueno, tenía razón la persona que te dijo que lo mejor era que tú y yo no andemos cerca. No es bueno.
-¿Qué?-repetí, porque en aquel momento no se me ocurría que otra cosa decir.
-No deberíamos vernos más, pero puesto que eso no es posible, no deberíamos hablarnos más al menos.
-Eso es una estupidez. Tú mismo me lo dijiste.
-He cambiado de opinión.
-¿Has cambiado de opinión? ¿Y qué te ha hecho cambiar de opinión?
-He estado pensando mucho en esto.
-Alex… por favor…
-Lo siento, Dafne.-me dijo.
-No lo hagas…
-Es lo mejor.
-¡Estoy harta de que todo el mundo intente decidir que es lo mejor o no!-le grité.- ¿Qué pasa con todo lo que me dijiste antes de lo de…-tragué saliva.-de lo de la abuela?
-¿Qué pasa?
-¿Ya no sientes lo mismo?-agaché la cabeza, dispuesta a escuchar lo que tuviese que escuchar.
-No seas ridícula, claro que siento lo mismo.
-Pues entonces no lo entiendo.-respiré tranquila, al menos eso no había cambiado junto a su opinión.-Creí que habíamos acordado que podríamos hacerle frente a todo lo que se nos pusiese por delante… juntos.
-Hay cosas a las que sencillamente no hay forma de hacerles frente.
-Eso no lo pensabas antes.
-No hagas esto más difícil, por favor.-me contestó, cerrando los puños con fuerza.
Me quedé en silencio, llamando a Max, este no tardó mucho en aparecer.
“¿Qué me oculta?”
-Algo que no tienes que saber. Aguántate, Dafne, esta vez es él quien ha decidido que es lo mejor.
-Alex… ¿porqué es lo mejor?-le pregunté.-Dime que ha pasado… y te juro que nunca más me acercaré a ti, ni te hablaré y ni siquiera te miraré. Solo… solo explícamelo.
-No hay nada que explicar. Mira… sólo te voy a decir que estando conmigo estás en peligro, podría ser egoísta y ponerte en peligro y seguir a tu lado, pero no lo haré. Por encima de todas las cosas estás tú.
-Eso es mentira.-le dije, cerrando los ojos y los puños muy fuerte.-Si de verdad te importase no me dejarías sola. Sabes lo importante que eres en mi vida, por no hablar de que eres una de las pocas, o mejor dicho casi ninguna, personas que me quedan. Sin ti el aire se hace más difícil de respirar y la vida es cuesta arriba. Si de verdad te importase mi seguridad te mantendrías a mi lado, por que lo único que me mantiene a flote, fuera de hundirme pensando que poco a poco pierdo a todas las personas que quiero, eres tú. Cuando ya no estés no me quedará nada, solo una vida vacía, oscura y fría que se hará cuesta arriba cuando ya no me quede nadie. Si te vas...-me costaba decirle todo aquello, porque nunca he sido de las personas abiertas que muestran sus sentimientos sin ninguna dificultad.-Me pediste que volviese contigo porque me necesitabas… y ahora eres tú quien me dejas, ¡no puedes hacerme esto! No puedes usarme cuando me necesites y dejarme cuando no. De pronto te presentas en mi casa por la noche y en secreto a ver qué tal estoy y al día siguiente decides que lo mejor es que no nos hablemos, ni nos veamos más. Yo también necesito que me hagas caso, que te quedes a mi lado…
-Dafne…
-No. Sólo dime si te quedarás conmigo… si soy lo suficientemente importante para ti… porqué tú para mi sí lo eres. Incumplí una promesa a alguien que es importante para mi solo porque no podía soportar estar alejada de ti…
-Lo siento.-movió la cabeza de un lado a otro.-Se acabó, Dafne. Este es un adiós de verdad, no hay marcha atrás, nada de lo que piense o sienta puede cambiar la situación en la que estamos, estar contigo te pone en un peligro mucho mayor del que puedes imaginar, no voy a dejar que estés en peligro y si para ello tengo que alejarme de ti no dudaré en usarlo.-una lágrima derramó por mi mejilla.-Ódiame, por favor. Ódiame con todas tus fuerzas, tanto que cuando me veas ni siquiera puedas mirarme, ódiame tanto que cuando pienses que alguna vez no lo hiciste te parezca irreal, ódiame de una forma que no deje paso a nada más. Solo el odio hacía mí te mantendrá a salvo. Ódiame tanto como me odio yo mismo.
-Eso es ridículo. No podría odiarte nunca, estás mucho más lejos de mi odio de lo que tú te crees.
-Eso es algo que nunca debería haber pasado.-y sin más se fue. Vi como mi salvavidas huía a toda prisa de mi dejando que me hundiese, que me ahogase. Mi única esperanza desde que llegué aquí se había reducido a él, y si no lo tenía parecía que mi mundo le faltaba un engranaje.
-¿Qué hago ahora, Max? Tú… tú sabes lo que siento… no lo superaré, me hundiré más y más…-le dije, dejándome caer en el suelo. Max se agachó a mi lado.
-¿Quieres saber lo que tienes que hacer?
-Sí.
-Pues lo único que puedes hacer… vivir. Vivir es lo único que te va a mantener a salvo, te romperán el corazón muchas veces, Dafne, pero…
Y se detuvo, porque alguien se acercaba hasta nosotros.
-Dafne… ¿estás bien?-Pablo se inclinó a mi lado y me pegó un suave apretón en el brazo. Lo miré a los ojos y tenía que tener un aspecto francamente asqueroso, porque incluso se estremeció.-Vamos, te acompaño a casa.
Me levanté sin ayuda del suelo y me limpié las lágrimas.
-No hace falta.
-¿Has discutido con Alex?
-Sí, bueno, se podía decir que sí.
-¿Habéis cortado?-casi me reí ante esa pregunta. Cortado, como si alguna vez hubiese habido algo que cortar.
-No había nada que cortar.-contesté secamente.
-Sí que lo había, sino no estarías llorando ahora mismo.-me contestó, mirándome fijamente.
-No lo entenderías.
-A veces…-empezó a decir.-existe la relación aunque ninguno de los dos lo sepa… y la gente de fuera sí lo ve, porque ve lo que ellos mismos no son capaces de ver… no creas que soy el único que pensaba que entre Alex y tú había algo, todo el mundo se daba cuenta de como os mirabais.
-Pero se acabó.
-Bueno, todo se acaba cuando llega su momento, pero si de verdad tienes que estar con él, volverá. Las personas importantes siempre regresan.-me sonrió y yo también le sonreí, y en cierto modo era sincera, trataba de ayudarme y se lo agradecía de corazón.-Y venga, te acompaño de verdad
-No es necesario, en serio.
-Por cierto…-dijo, agarrándome del brazo y empezando a andar.- ¿Quién es tu amigo? Se parece mucho a Alex.
Me quedé helada, flipada, alucinada, anonadada, impresionada, boquiabierta y demás adjetivos por el estilo… y es lógico, Pablo había visto a Max, a mi amigo el fantasma…

5 comentarios:

  1. alaaaaaaaaaaaaaaaa, que FUERTE
    no me lo esperaba para nada... xk le ve????

    ResponderEliminar
  2. Joé... esto me suena a crepusculada xD

    ResponderEliminar
  3. estooo...que fuerte!!joder..espero con ancias lo que siga:P

    bss peke!

    ResponderEliminar
  4. Ese Pablo tan inoportuno interrumpiendo conversaciones me recuerda a alguien...jajaja
    Y desde luego, que bien descrito eso de las palabras "tenemos que hablar", que se clavan en el pecho cuando alguien importante te lo dice...
    y que triste todo :___________ y muy fuerte que el inoportuno puede ver a Max, a ver como arreglas esto xd

    besuss!

    ResponderEliminar
  5. Ese Pablo inoportuno interrumpiendo las conversaciones...me recuerda a alguien jajaja
    Que bien descrito el sentimiento ese que se siente cuando alguien importante te dice "tenemos que hablar", realmente se te clava en el pecho.
    y que triste todo :_____ y muy fuerte que el inoportuno pueda ver a Max, a ver como arreglas esto xd

    besuss!

    ResponderEliminar