Últimamente paso poco tiempo en casa. Cuando no estoy con Alex dando un paseo, estoy dando un paseo sola. Pero no quiero permanecer en casa, todo me recuerda a la abuela y bueno, puede que no haya avanzado y que siga aquí, pero yo no puedo verla ni hablar con ella, así que tampoco me sirve de mucho.
Max se empeña en que no salga sola, pero yo me empeño más aún en hacer oídos sordos. Procuro volver antes de que anochezca, porque una cosa es que haga como que no lo escucho y otra que no sepa que se preocupa si me quedo de noche en el bosque. Y todo lo que rodea a este pueblucho es bosque…
Así que hoy, como cada día después de separarme de Alex, he ido al bosque. Hoy Max estaba especialmente pesado, parecía como si tuviese más razones que de costumbre para impedirme ir al bosque. Pero siendo él un fantasma y yo de carne y hueso no le ha sido fácil, claro. Se ha plantado como mil veces delante de mí, haciéndome evitarle y rodearle o atravesarlo.
Poco a poco y sin darme cuenta, he acabado en el sitio donde Max me llevó aquel día, y me he arrodillado al lado de donde estaban enterrada la caja, y la he vuelto a desenterrar. Necesitaba tener algo suyo de verdad, algo que nadie más tuviese y ni siquiera supiese que existía.
Lo primero que he visto ha sido el anillo, así que por primera vez en días me he dirigido a Max.
-¿Puedo quedármelo?- él asintió.
-Todo tuyo, pero ahora vete.
-Aún no ha anochecido, Max.-le dije, quedándome un rato más mirando la foto de la abuela. Creo que al final ha entendido que necesitaba hacer eso y se ha sentado a mi lado, mirándome fijamente.
-Te pareces mucho a ella, más de lo que tú misma piensas.-me dijo.
-¿De verdad?-le pregunté.
-Sí. Pero sobretodo te pareces a tu madre.
-¿Conociste a mi madre?-le pregunté sorprendida.
-Llevo vagando por estas tierras desde hace muchos años, y tu casa siempre ha sido mi preferencia. Así que he presenciado la boda de tu abuela, el nacimiento de tu madre, su infancia… a ti nunca te había visto.
-Es que no he venido mucho por aquí.-le contesté. Vi como oscurecía y me dispuse a volver a enterrar de nuevo la caja, quedándome el anillo en el bolsillo de la chaqueta. Cuando terminé ya era de noche, y Max estaba a mi lado, tenso y mirando hacia todos lados.
-Tienes que irte ya.-me dijo, casi con enfado.- No sé como no me he dado cuenta de como anochecía.
Me di la vuelta dispuesta a levantarme e irme. Pero me encontré con algo que me impidió hacerlo. Allí, a un par de metros de mi se alzaba un lobo enorme, que me recordó (tarde) que la última vez que estuve aquí ya me había dado cuenta de la existencia de lobos por la zona. El lobo me miraba, mientras la saliva chorreaba por su boca abierta. Había encontrado su cena.
-Te…tenías razón.-le dije a Max. Por una vez en mi vida no me dejé llevar por el miedo y me levanté con rapidez para salir corriendo. A ver, sé que un lobo es menos torpe que yo y que corre más, pero quedarme ahí parada hubiese sido ponerle mi vida en bandeja (literalmente, hubiese sido su cena). Corrí como nunca antes había corrido y… tropecé, como era de esperar. Me giré, quería saber cuando sería el momento exacto. El lobo se había detenido de nuevo a un par de metros de mí, y me miraba, como si me conociese. Se relamió y yo me arrastré por el suelo, alejándome de él, al tiempo de sentir una punzada en el tobillo, el cual me había doblado. Genial, si tenía alguna posibilidad de escapar, se había esfumado del todo, junto con mi valentía momentánea. El miedo estaba allí, había permanecido oculto el máximo tiempo posible, pero no había sido suficiente. Empecé a jadear, mientras trataba de echarme hacía atrás, con esfuerzo y dolor. El lobo avanzó lentamente, como si supiese que no podía escapar, que me tenía a tiro…
Y entonces apareció otro lobo, más pequeño, que saltó de no sé donde y se colocó a su lado. Era un poco más pequeño, pero parecía más enfadado. Debían estar realmente hambrientos, y se peleaban por su cena, es decir, por mi.
-Venga, Dafne, levántate.
-No puedo, me he torcido el tobillo.-le dije a Max, éste se acercó a mi tobillo y lo miró.
-No parece nada grave. Venga, tenemos que irnos ahora que están ocupados, Dafne.-y me ayudó a levantarme, con sus manos, como si no fuese un fantasma sino una persona real.
-¿Cómo…?-empecé a preguntar.
-No hay tiempo.-me hizo pasarle un brazo alrededor del cuello y él me pasó uno por la cintura.- Apóyate en mi.
Parecía increíble que fuese un fantasma, era real y ahora mismo era mi único soporte, si volvía a ser incorpóreo me caería y posiblemente no podría volverme a levantar sola. Decidí no pensar en eso, por mi bien.
No avanzábamos muy deprisa, pero era mejor que estarse quieta y esperar que un lobo me atacase. Al fin, después de lo que a mi me pareció una eternidad, llegamos a casa, lejos de los lobos. Max no me soltó en ningún momento hasta que me soltó en mi cama.
-¿Estás bien?
-Me duele un poco el tobillo, pero no te preocupes.-le contesté.- ¿Cómo has hecho eso?-le pregunté. Al lado de mi curiosidad, mi dolor era segundario.
-No lo sé.-mentía, lo sabía perfectamente, me estaba mintiendo como si yo no pudiese saber que lo hacía.
-Está bien.-no quise discutir, había tenido suficientes emociones fuertes por un día.
-¿Quieres que te traiga hielo o algo?
-No. Solo… solo quiero dormir.-le contesté.
-Está bien.-me contestó.- Me quedaré aquí, por si me necesitas.
-Vale, gracias.-me giré y me puse de cara a la pared, encogida, tardé un poco en quedarme dormida, pero al fin lo conseguí. Soñé con lobos atacándome y peleándose. Me desperté sobresaltada entre pesadilla y pesadilla al escuchar un ruido en la puerta que daba al pequeño balcón que tenía mi habitación. Me acerqué con temor a la puerta, a tiempo de ver a través del cristal la conocida silueta de Alex. Abrí corriendo y lo abracé. Estaba jadeando.
-¿Estás bien?-me preguntó, acariciándome el pelo. Yo asentí.
-¿Qué haces aquí a estas horas? ¿Cómo has llegado hasta mi habitación?
-Tuve otro mal presentimiento de estos míos.-me sonrió.-He trepado por ese árbol, es peligroso, cualquiera puede llegar hasta tu habitación.
-Te has arañado.-le dije, limpiándole la sangre de la cara.
-Oh.-se mareó un poco y casi lo tuve que sujetar yo, recordando gracias a un fuerte dolor que tenía el tobillo jodido. Claro, él y su sensibilidad ante la sangre.
-¿Quieres pasar?-le pregunté, preocupada, tenía mala cara.
-No, lo mejor será que vuelva a casa. ¿Te pasa algo en el pie?
-Me he torcido el tobillo.-le expliqué.-Pero no es nada grave, mañana estaré bien.
-Mañana te veo, Dafne. Se acercó y me dio un beso en la frente, que prolongó durante unos segundos. No quise que se separase cuando lo hizo, y al parecer él tampoco quería. Se giró, dispuesto a irse, pero volvió a girarse y me abrazó muy fuerte. Después me soltó y bajó por el árbol con una agilidad sorprendente. Me quedé unos segundos ahí mirándolo, hasta que se perdió en la oscuridad, después entré, cerré la puerta y me puse a escribiros esto.
mmm...
ResponderEliminarla otra vez en el bosque... se escuchaban lobos...
un lobo grande y un lobo más pequeño...
Alex siempre aparece y dice tener un presentimiento raro...
Mi mente imagina algo, algo que puede dar mucho jugo a la historia :P
Quiero más!!!
Creo que ya lo he adivinadooooo =)
ResponderEliminarmola, mola, mola. que bonito y emocionante todo.
a la espera de la siguiente entrega!!!
Perdona que no te haya firmado antes pero ya sabes la manera en que me absorbe la semana santa xD
ResponderEliminarMe ha encantado esta actualización y ahora voy a por la siguiente :)
besuss!