Parece increíble que todo haya sido tan repentino...
Tuve que ir al funeral, nadie me obligó pero se lo debía, tanto a la abuela como al abuelo. Fue mucha gente, la abuela era querida en todo el pueblo así que allí donde mirase se veían caras tristes. Pero ninguna tan triste como la del abuelo. No parecía la misma persona, supongo que para él la abuela era su propio salvavidas, se habían pasado toda una vida juntos y aún así, se querían y en los ojos de cada uno se podía ver. Miré al abuelo mucho más que al ataúd de la abuela, era menos doloroso. El funeral se me hizo eterno, parecía que nunca se acabaría y que yo nunca podría huir de allí, y de todas las personas que se acercarían después a decirme cuanto lo sentían, sin hacerse ni la más mínima idea de lo que era sentirlo de verdad. Cerré los ojos tan fuerte que me hice daño, como si así lograse escapar de todo aquello o conseguir que las cosas cambiasen... pero no era así. Sentí como una mano se deslizaba al lado de la mía y me apretaba con fuerza y a la vez cariño. Sabía quien era incluso antes de abrir los ojos, hubiese reconocido su contacto en cualquier lugar del mundo. Abrí los ojos y los dirigí directamente hacía los de Alex, que me estaban esperando.
No me separé ni un solo centímetro de él, por mucho que hubiese prometido no acercarme a él. No podía hacerlo, en esos momentos lo necesitaba más que nunca. Así que decidí tomarme el día como tregua. Por algún extraño motivo, tenerle al lado me hacía sentir mal, como si lo estuviese utilizando y yo no quería hacerlo, ni siquiera que pareciera que lo hacía. A partir de ese instante el funeral se pasó mucho más rápido.
Max no apareció en todo el día, ni siquiera para recriminarme por hablar con Alex, o por estar con él. Estaba demasiado afectado porqué... en fin, la abuela había sido el gran amor de su vida, e incluso el gran amor de su muerte y ella sí había cruzado, había avanzado y no se había quedado atrapada en este lado. Ella ya era libre mientras que él no sabía aún ni que debía hacer para conseguirlo.
Tuve que soportar con la mejor cara posible que persona tras persona se acercase a mi y me dijese cuanto lo sentía, pero Alex siempre estuvo ahí, sin hablarme, solo dándome todo lo que necesitaba en ese momento: a él.
El abuelo huyó pronto a casa, alegando que debía cuidar de mi hermano, se me adelantó a mis planes y yo no pude escaquearme con tanta facilidad. Cada persona que se acercaba me hacía sentirme peor, eran como un recordatorio de lo que había pasado, de que era real y ya no podría hacer nada por evitarlo.
Alex estuvo muy pendiente de mi durante toda la tarde, aunque no cruzamos ni una sola palabra, solo permaneció ahí, dándome la mano y acompañándome allá donde fuese. Supongo que llegó un momento en el que me vio colapsada, porque sin saber ni como estaba fuera del alcance de cualquier persona, a salvo. Lo miré a los ojos y él a mi.
-Aunque...-empezó a decir, soltándome la mano y bajando la mirada al suelo.-aunque tú no consideres que estar juntos sea bueno... pensé que no te importaría que estuviese contigo en estos momentos...
-Pues claro que no me importa...-le dije, casi llorando.-Nunca me importa que estés a mi lado, Alex.-le dije, sabiendo que no me callaría, que había empezado y que ya no lo detendría. Que estaba incumpliendo mi promesa, que lo estaba poniendo en peligro para salvarme a mi. Pero no lo aguantaba más. Cada vez estaba más sola, cada vez perdía a más gente y no quería perderlo también a él. No había peligro, nada le iba a pasar, no, nunca lo permitiría, pero alejarme de él... no era la opción correcta.-Alex... eres la única persona con la que no me importa estar, de hecho eres la única persona con la que quiero estar y no me importa cuanto.
-Pero... me dijiste...
-Lo que te dije no tiene importancia, Alex. Las cosas han cambiado... alguien me dijo que lo mejor era que me mantuviese alejada de ti y así lo hice.
-¿Te han amenazado?
-En realidad no, me lo dijo alguien en quien confío, y sigo pensando que debe ser la mejor opción, pero que sea la mejor no significa que sea la correcta. No aguanto tener que mantenerme alejada de ti... no lo soporto.
-Entonces no lo hagas, por favor...
-No pensaba seguir haciéndolo, Alex. Mantenerme alejada de ti me está matando, y supongo que si hay algún peligro podremos hacerle frente juntos, ¿no?
-¡Claro!-sus labios se curvaron en una sonrisa, y la alegría subió pronto a sus ojos.-Pero... prométeme que no cambiarás de idea.
-¿Porqué tendría que hacerlo?
-Bueno, me dejaste de hablar de la noche a la mañana y has estado sin hacerlo una semana, comprende que tenga miedo.
-Te lo prometo.-le sonreí, incluso en esos momentos era la única persona que me sacaba una sonrisa, entenderéis que lo necesite, ¿no? ¿cómo iba a dejarlo sin más?-Me voy a casa, Alex. No me encuentro muy bien...
-Te acompaño.
-No, necesito estar sola un rato. Mañana te veo.-le cogí la mano y le di un suave apretón. No sé porqué fue exactamente, pero el asunto de la abuela volvió con fuerza a mi cabeza. Me di la vuelta antes de que la primera lágrima llegase a caer.-Oye...-dije antes de irme.-Gracias.
Fui a dar el primer paso, pero me retuvo por el brazo, me giré un poco para mirarlo.
-Ven aquí.-y de un solo empujón me acercó a él y me abrazó. Era la primera vez que esto pasaba así que no supe muy bien cómo reaccionar. El corazón se me aceleró tanto que pensé que llegaría a pararse en algún momento, y con el corazón se me aceleró la respiración. Si necesitaba alguna prueba más para confirmar lo que sentía por Alex, desde luego fue aquella. Sentí como se me encendían las mejillas y cuando Alex se separó estaba igual que yo.-Hasta mañana.-dijo enrojeciendo aún más y saliendo corriendo.
Llegué a casa directamente y fui hasta mi habitación. Para mi sorpresa, allí estaba Max, que me miraba como si supiese todo lo que había ocurrido (y en verdad no dudaba de que lo supiese).
-Hola.
-Hola.-me contestó, entre serio y... no sabría decir cual era el otro sentimiento, pero desde luego, había otro.
-Ya sé que sabes lo que ha pasado.-dije sentándome a su lado.
-Lo sé.
-¿Me espiabas?
-No, pero no sé si habrás notado que tenemos un extraño vínculo.
-Sí.-agaché la cabeza y me miré las manos.-Lo siento.
-No tienes nada que sentir.
-He incumplido una promesa.
-Tampoco confiaba en que pudieses cumplirla... los dos sabemos lo que sientes.-enrojecí.
-No pareces molesto.
-Es que no lo estoy.-parecía que el otro sentimiento iba aclarándose. Era alegría.
-Después de todo lo que insististe... ¿ni siquiera te enfadas?-negó con la cabeza.-Bien, pequeño fantasma, explícame esos motivos tuyos para no estar enfadado conmigo incluso cuando he hecho algo que puede condenarte aquí para siempre.
Me miró y se acercó mucho. Vi como su cara pasaba de la alegría a la euforia.
-Sigue aquí.-me susurró.
-¿Quien sigue aquí?
-Tu abuela. No se ha ido, no ha avanzado.
-¿Qué?-me levanté de la cama y lo miré fijamente.-¿Dónde está? ¿Puedo verla?
-No creo. Igual que yo me uní a ti y solo tú puedes verme, ella se ha unido a otra persona.
-¿A quien? Tal vez pueda ayudarme...
-Tal vez...
-¿Quién es?
-Alex.
Verás tú... esto se está convirtiendo en un círculo vicioso... tós ligaos a tós xD
ResponderEliminarse va poniendo interesante la cosa :D
que fuerteee!!! =0
ResponderEliminarpensaba que se iba a enlazar a su abuelo, pero a Alex...???
y... ha faltado el beso!!! =D
juaaaaaaaaas! que fuerte el final.
ResponderEliminarpero eso, ha faltado el beso, espero que lo estés reservando para ponerlo en un momento entodavía más especial.
besuss!
ostias!!como mola!!la muerte de la abuela no pero el final es fantastico!!
ResponderEliminarun beso peke!!