domingo, 14 de marzo de 2010

Día 28

La abuela ha enfermado. No es nada serio pero ocuparme de ella me ha tenido bastante ocupada, de no ser por su enfermedad, me replantearía seriamente el hecho de pedirle que me mande lejos de aquí. Jamás pensé que un pueblucho como este pudiera traerme tantos problemas. Pero la principal razón por la que quiero irme es, como todos ya sabréis, Alex y mi intento de mantenerme alejada de él.
Después de lo que pasó aquel día, hablé con Max de nuevo, y le prometí que no me acercaría a Alex, que si con eso lo mantenía a salvo, no habría problema. Pero sí que lo hay, y Max lo supo desde el primer momento en que prometí mantenerme lejos. No puedo, es más difícil de lo que creía. Alex ya es parte de mi vida, es mi salvavidas, en todo el tiempo que hace desde la muerte de mis padres es el único que me ha hecho sonreír sinceramente (bueno, Max algunas veces también, pero siempre he pensado que era porque se parece demasiado a Alex).
Hace ya una semana de todo aquello y desde que huí de su casa (o mejor dicho de su padre) no le he vuelto a dirigir la palabra, ni a mirarlo. Le rehuyo, me escondo cuando lo veo o simplemente hago como que no lo he visto y aligero el paso.
Me duele, me estoy haciendo daño, y lo que es aún peor, se lo estoy haciendo a él.
Yo sé porque le he dejado de hablar, pero él no lo sabe. Simplemente, de buenas a primeras, ya no lo miraba, ni le hablaba, ni le prestaba atención.
¡Claro que le presto atención! No puedo pensar en otra cosa y más cuando cada vez que se ha acercado a preguntarme si me pasa algo con él le he dicho "no" y he salido corriendo de allí. No me fío de estar más tiempo a su lado, porque no lo aguantaría y no sería capaz de seguir sin hablarle.
Creo que Max está sorprendido de que haya aguantado tanto tiempo, no confiaba mucho en ello, y yo tampoco la verdad.
Hoy Alex me ha vuelto a parar, hacía ya un par de días que parecía haber asimilado que no le hablo, pero hoy ha vuelto a insistir, me ha pedido una explicación y no se la he podido negar. En fin, no iba a contarle que veo al fantasma de su tío abuelo y que él había sido quien me había dicho que lo mejor era alejarme de él, pero sí tenía que decirle algo.
Iba saliendo de clase, cuando me ha cogido por el brazo, y aún cuando me he girado no me ha soltado, supongo que para que no me escapase como suelo hacer.
-Dafne, tenemos que hablar.-me lo ha dicho tan serio que antes de que dijese nada más yo ya tenía un nudo en la garganta, y supe que no me iría, ni aunque me soltase el brazo, ni siquiera aunque Max gritase obligándome.
-Adelante.-he intentado soltarme, al menos para mantenerme lo más alejada posible de él, pero no he podido, él no ha cedido y en verdad yo tampoco quería que lo hiciera.
-¿Qué pasa, Dafne? ¿Es que acaso he hecho algo malo?
-¿Qué? No, ¿por qué dices eso?
-Porque me has dejado de hablar, me has estado evitando toda una semana y ahora te mueres por irte.
-No es cierto.-me relajé un poco y lo miré. Me di cuenta como Max ya había llegado hasta nosotros y se había situado a mi lado. Ni siquiera me miraba enfadado, era más que nada resignación. Él sabía que al final acabaría pasando, pude escucharlo perfectamente, no quería fallarle, peor tampoco quería dejar a Alex sin más, sin una explicación.
-¿Qué pasa?
-Alex, no puedo explicártelo.-le contesté, siendo sincera. Ni siquiera yo sabía a ciencia cierta porque mantenerme alejada de él lo mantenía a salvo, pero confiaba en Max, él no me haría daño porque sí, y sabía que alejarme de él era una forma de tortura dolorosa.
-Pero al menos… dime qué he hecho.
-No es por ti…
-¿No es por ti, es por mi? Esa es una excusa muy vieja y no tiene sentido alguno.
-No has hecho nada, de verdad, Alex. Solo que… no es bueno que estemos juntos.
-Pero ¿por qué? ¿A quien le hacemos daño siendo amigos? ¡No lo entiendo!
-Yo tampoco. Pero confía en mi.-le dije, mirándolo fijamente.-No es bueno que sigamos siendo amigos.-y me giré, dispuesta a irme y notando como la presión de su mano en mi brazo disminuía.
-Escúchame un momento, sólo… sólo respóndeme a una pregunta… me lo debes.-me detuve y me volví a girar hacia él. Mantenía los ojos fijos en el suelo y tenía los puños apretados. Estaba temblando y lo que es peor, estaba llorando.
-No puedo Max… no puedo verle así.-pensé tan fuerte y tristemente que Max se estremeció.
-Lo siento, pero… es lo mejor.-tragué la saliva y esperé a escuchar aquello que Alex tuviese que decirme.
-Yo…-empezó a decir él, con esfuerzo.-yo nunca había tenido una amiga antes, ¿sabes? Me daban miedo las chicas y no podía hablar con ellas sin trabarme o incluso desmayarme, como ya comprobaste. Pero contigo… el primer día tuve miedo, pero después todo eso despareció. Sentía como si te conociese desde siempre, no te tenía miedo ni muchísimo menos. Eras la primera chica con la que de verdad me sentía bien, en realidad eras la primera persona con la que me sentía así. Después de eso te convertiste en mi salvavidas-se me encogió el corazón al escuchar mis propias palabras saliendo de sus labios.- y te volviste necesaria en mi vida. Eras como una droga, y no podía pasar tiempo sin ti. Estos días que llevas sin hablarme han sido los peores días de mi vida. De pronto este lugar ha dejado de tener sentido para mí y no sé como lo pudo llegar a tener antes de que tú llegases. No… no sé que va a ser de mi sin ti, Dafne. ¿Es lo mejor? ¿Para quién? Porque desde luego no para mi…vivir sin ti me partirá el corazón.
-Alex…
-No, solo contéstame… ¿Para quién es mejor? ¿Para ti? ¿Es que acaso… no te sientes bien cuando estás conmigo? Porque yo sí…
-¡Dafne!-el grito de Max me sobresaltó. Estaba tenso.-Tienes que volver a casa.
-Tranquilo Max. No va a pasar nada.-le dije silenciosamente, llevándome las manos al pecho como si así calmase a mi corazón, que suplicaba clemencia y un último momento al lado de Alex.
-No es por Alex, Dafne, debes ir a casa. ¡Ahora!
-Pero…
-¡Es tu abuela!
-¿Qué?-Max se estremeció ante el huracán de sentimientos que azotaron mi corazón.
-Tu abuela, ¡tienes que ir a casa!
-Alex, ¡tengo que irme!
-No, espera… contéstame.
-¡Lo siento!-le grité, saliendo corriendo hacia casa y dejándolo allí, tirado, sin más ni más. Llegué a casa más pronto que de costumbre, y me encontré con un verdadero alboroto en la puerta y una ambulancia con las luces encendidas y parpadeantes. Se me paró el corazón un segundo antes de recordar que tenía que entrar.
Encontré al abuelo en la puerta, estaba llorando.
Solo he visto llorar al abuelo una vez, y fue con la muerte de mis padres, trató de ocultarlo tal y como estaba haciendo ahora.
-Abuelo…-me acerqué lentamente a él.
-Dafne…-se secó las lágrimas y me dedicó la sonrisa más triste que he visto nunca.-Sube arriba con tu hermano, el pobre está solo y asustado, no sabe que pasa…
-Yo tampoco lo sé…
-Tu abuela…-y no pudo seguir, lloró tan fuerte que me encogió el corazón, arañándolo, maltratándolo.
La abuela también no, por favor, no...

4 comentarios:

  1. Si hubiera que calificar esta actualización con un adjetivo, ese sería "agridulce", por los perfectamente contrastados sentimientos que se van sucediendo.
    Y como siempre, esto está muuuy interesante.

    besuss!

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  2. oye... a esa le han echao un mal de ojo, ¿eh?
    la pobre no puede con su suerte

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  3. me tusta!!!prometo una actu lo mas pronto posible...es decir en cuanto tenga algo de imaginacion!!un besito!!

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  4. joer..la pasa de todo a la pobre. =S no gana para disgustos! jajajajajajajaja
    peeero, aun asi me gusta!
    sabes k me tienes enganchadiiisima ^^

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