Anoche no podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos veía al chicorarofantasma, ese que me he inventado. Brilla en la oscuridad. En realidad con esto descubro que tengo mucha imaginación, y yo que creía que carecía de ella...
Hoy, cuando bajé a desayunar, él estaba allí. Que estupidez, mi locura iba en aumento. Traté de ignorarlo, incluso cuando gritaba y se mezclaban su voz con sus pensamientos y con los míos. Hice como que allí no había nadie, y era verdad, no había nadie más en el comedor aparte de mi abuela y de mi.
-Buenos días.-me saludó mi abuela, confirmando que no había nada extraño en el comedor como, por ejemplo, un chico fantasme gritando y plantándose delante de mi, obligándome a atravesarlo y a sentir ese frío profundo que parecía tan real.
-Buenos días, abuela.-traté de sonar amable, traté de parecer totalemente cuerda y no sé si lo coneguí.
-¿Cómo estás?-sí, lo había conseguido, volvíamos a la rutina.
-Bien.-sonreí como si de verdad estuviese bien. Me dolían las mejillas al hacerlo por la falta de costumbre. El chico se calló y permaneció mirándome. Escuché como pensaba en si lo estaba ignorando o por el contrario había dejado de poderle ver, debí hacer algún gesto extraño que demostrase que lo había oído porque volvió a plantarse delante de mi y a llamar mi atención.
Fue el peor desayuno de mi vida. Incluso peor que cuando a Cristian le dio por tirar cereales a diestro y siniestro por todo el comedor mientras pataleaba, chillaba y lloraba. Plantó su cabeza en mi tazón y permaneció allí, mirándome tranquilamente mientras yo hundía mi cuchara en el tazón y en su cabeza para poder comer. Me daban escalofríos constantemente. Una cosa es que supiese que era no real, y otra muy distinta que no lo pareciese. Mi abuela me miraba extrañada, creo que pensaba que estaba sufriendo algún tipo de tormento interno. Pobre mujer. Me apresuré en terminar, recogí todo lo que había utilizado y subí a mi cuarto, subiendo los escalones de dos en dos y con prisa. Al llegar cerré con fuerza la puerta y me eché sobre ella, como si mi habitación estuviese blindada contra fantasmas y no pudiesen atravesar paredes.
Pero este fantasma mío era muy especial, y en vez de atravesar cualquier pared, atravesó la puerta y a mi con ella, y de nuevo me dejó congelada... Por un instante me invadió el mal humor y el miedo a la locura quedó en un segundo plano.
-¿Puedes dejarme en paz?-le solté, susurrando de forma amenazante mientras me acercaba a él, siempre a una distancia prudencial del frío que emanaba de todo su cuerpo (¿se puede llamar así, no?).
-No puedo.
-Claro que puedes.
-Verás...-y se sentó en mi cama como si alguien le hubiese dado permiso, es más, se sentó allí como si fuese normal y no fuese a atravesar la cama... y no la atravesó. Abrí los ojos y la boca.
-¿Cómo h...?-lo interrumpí.
-Con esfuerzo.-recobré un poco la dignidad y me crucé de brazos, recuperando un poco también el miedo de que estaba dandole alas a mi propia ilusión.
-Como te iba diciendo...-siguió, tan tranquilo sentado en mi cama mientras yo lo miraba y sentía como me temblaban las piernas y me entraba un impuslo horrible de abrir la puerta y salir huyendo y gritando de la habitación.-no puedo dejarte en paz.
-Ya sé que como te he creado no puedes irte así como así hasta que yo no recupere un poco de mi cordura.
-¿Perdón?-se levantó y se acercó a mi, mientras yo daba un par de pasos atrás.-¿Piensas que solo soy un invento de tu mente?
-¿Qué ibas a ser si no? ¿Un fantasma de verdad?
-¡Soy un fantasma!-replicó él de mal humor. Y me asustó. Di un paso más atrás y me choqué con la pared. Me eché a temblar y me resbalé hasta el suelo.-Lo... lo siento.-empezaba a hiperventilar.-¿Ves? ¿Crees que tú misma crearías algo que te diese tanto miedo? Soy real. Los fantasmas existen, siempre han existido y siempre existirán... eso solo que tú sólo me has visto a mi.-respiré profundamente y no lo miré, con temor de que volviese a perder los nervios de nuevo.-Y no me voy a ir porque hace ya mucho que perdí la esperanza de que nunca nadie me viese, y tú lo haces... me tienes que ayudar.
-¿A..a...ayudar? ¿A qué?
-A descubrir como puedo salir de aquí y dejar de ser un fantasma. Quiero ser libre, saber que es lo que me ata a este sitio y poder solucionarlo. ¿Nunca has escuchado eso de que los fantasmas no son más que muertos que aún tienen asuntos pendientes en esta vida?
-Sí... pero eso no significa que yo pueda ayudarte a solucionarlo.-dije. Seguía sin creer en que fuese real.
-Deja de pensar que no existo, o que me has creado tú.-me contestó, controlando su mal humor pero reflejándolo igualmente. Al mirarlo a los ojos comprendí que era cierto que no podía haber creado algo así. Era completamente independiente a mi mente, apartando el hecho de que pudiese escuchar lo que pensaba o que él pudiese escuchar lo que pensaba yo. Tenía sus propias manías, como tamborilear con los dedos de una mano sobre su pierna, cosas minúsculas e insignificantes que mi mente cutre nunca hubiese puesto ahí.
-No puedo ayudarte.-pareció complacido ante el hecho de que hubiese comprendido que existía realmente.
-Puedes verme, por ahora es suficiente.
-¿Y no puedes dejarme sola? Puedo verte, pero eso no quiere decir que pueda ayudarte, busca a otra persona que pueda hacerlo.
-¿Qué crees que llevo haciendo todo este tiempo?
-Pues sigue.
-Ya lo he encontrado.
-No voy a ayudarte. Tengo suficiente con mis propios problemas.
-No pienso irme hasta que no me ayudes.-y con su cabezonería volvió a hacerme pensar que pertenecía a mi mente, que buscaba una forma de mantenerme ocupada en cualquier cosa.
-¡Maldita sea! ¡Soy real!-y dicho esto se giró y con toda su ¿fuerza? tiró un jarrón lleno de flores al suelo, rompiéndolo y haciendo un gran ruido. Dos segundos después mi abuela ya estaba allí, encontrándome en la otra punta de la habitación, lejos del jarrón roto y alegando que no sabía que había pasado.
Bien, los fantasmas existen. Y este resulta especialemnte pesado conmigo y parece que lo seguirá siendo hasta que decida ayudarlo. Al menos ha desaparecido unas horas, igual me nota demasiado enfadada como para volver por ahora. Y lo estoy. Ese jarrón era de mamá y lo ha roto como si a él no le importase nada más que él. Ha roto una de las pocas cosas que quedan en esta casa de mamá y pretende que le ayude. Pues que lo siga pretendiendo, el cutre fantasma ese, si fuese un gran fantasma como el de las películas podría resolver sus propios problemas sin necesidad de recurrir a alguien como yo, que carece de espíritu aventurero.
Espero que mañana no vuelva por aquí. Más le vale...
No sé por qué... pero ese fantasma me cae bien xD
ResponderEliminarmola mucho!!
ResponderEliminarlo que le espera a dafne...jeejeje
un beso peke ña!!tk!
Que fantasma más puñetero! xD pero oye, que mola! :)
ResponderEliminarbesuss!