-¿No crees que eres muy mayor para creer en ese tipo de cosas?-y sonrió. Y por un instante me olvidé de lo que estábamos hablando, hasta que volvió a ponerse serio. Me estaba mintiendo y yo sabía que lo estaba haciendo. En verdad se creía que yo era estúpida, sino no lo entiendo. Puse mala cara e hice el intento de levantarme, pero él fue más rápido y me detuvo.-No te levantes.
-Estoy bien, ya ni siquiera estoy herida.-pero volví a caer en la cama, muy a mi pesar. Lo miré muy seria, quería que supiese que yo sabía que me estaba mintiendo. No era justo, yo estaba intentando ser sincera.
-Pero es mejor que sigas aquí. Estás a salvo.
-En casa estaré mejor.-y esta vez conseguí levantarme, pero supe que era porque él me había dejado. Me senté y lo miré muy seria.-Alex.
-Dime.
-No me gustan.
-¿El qué?-me miró sin entender.
-Las mentiras.-y dicho esto me levanté, tambaleándome un poco pero sin perder mi dignidad, y anduve hasta donde supuse estaría la puerta de la calle. La localicé pronto, estaba frente a las escaleras que acababa de bajar. La fui a abrir.
-¿Dónde se supone que vas?-escuché a mi espalda, no era Alex, sino Pablo. De pronto recordé que estaba en su casa.
-Me voy a casa.-le dije, completamente convencida. Max estaba a su lado y me miraba serio.
-Quédate aquí, Dafne, por favor, aunque sea solo un rato.
-Un rato no va a ayudar nada.-le contesté.-El abuelo debe estar preocupado.
-Estará mucho más preocupado si consigues que te maten.-lo miré con una mala mueca.
-¿Quién querría matarme?-sonreí, nerviosa recordando al lobo de la otro noche.
-Como si no lo supieras.-contestó Pablo. Vi como Alex aparecía en lo alto de las escaleras.
-Parece que todos sabéis mucho, pero yo no sé nada. Todo lo que sé son suposiciones mías, basadas en qué sé yo, que nadie me confirma.-moví la cabeza de un lado a otro.-No voy a haceros caso, ¿hay algo ahí que quiere matarme? Estupendo, a ver quien puede más.
Y salí de esa casa. Huí de ellos, porque me mentían, me hacían daño a sabiendas de que yo lo sabía, como si fuese una niña que no entendería nada, como si pudiesen protegerme sin explicaciones. No, no, yo necesito algo más que eso. Necesito respuestas y nadie parece dispuesto a dármelas.
Entré en casa, era temprano aún y el abuelo tal vez estuviese durmiendo, por eso intenté no hacer mucho ruido.
-¿Dafne?-escuché, venía del salón. Me acerqué allí, a tiempo de ver al abuelo levantándose del sillón.-Me tenías preocupado.
-Lo siento.-respondí simplemente, mirándolo muy seria.
-La próxima vez que te quedes en casa de una amiga, avisa un poco antes, cuando escuché el teléfono a esa hora pensé que te habría pasado algo.-le sonreí.
-Lo siento.-repetí.-No volverá a pasar.
Me giré, necesitaba un momento de soledad, de esos en los que se llora sin saber muy bien porqué.
-Por cierto…-me giré y lo miré de nuevo.
-Felicidades Dafne.-me sonrió y su cara se llenó de arrugas, muchas más de las que normalmente tenía. Abrí los ojos perpleja. ¿Felicidades? ¿Felicidades? ¿Cómo se me podía haber olvidado mi propio cumpleaños? Tragué saliva y miré al abuelo, tratando de parecer feliz.
-Gracias, abuelo.
Y subí las escaleras y me eché sobre la cama, bocabajo, casi sin poder respirar. Era mi cumpleaños y nadie lo sabía, ni siquiera yo. Estos últimos meses habían sido mucho más cuesta arriba de lo que a mi misma me había parecido. Me giré y me quedé mirando el techo. Bien, tenía 18 años. Una idea ligera, alocada, cruzó por mi cabeza un instante antes de perderse entre las demás, pero seguía brillando, allí, en su rincón.
Al día siguiente decidí que en algún momento de mi vida tendría que hacer una locura, y no se me ocurría ningún momento mejor que aquel. Bajé los escalones de dos en dos, y encontré al abuelo y a Christian en la cocina. Les sonreí. Me sentía mayor, libre, legalmente capaz de hacer todo cuanto antes no se me estaba permitido.
-Buenos días.-los dos me miraron.
-Estás muy animada hoy.-comentó el abuelo. Sí, tal vez lo estaba, supongo que tomar decisiones te relaja, lo difícil es decidir, pero una vez conseguido, todo se vuelve mucho más sencillo, y normalmente, las cosas sencillas hacen feliz a la gente.
-Abuelo…-me puse seria de repente.-tengo algo que decirte, algo muy importante para mi.
-Dime.-el abuelo se sentó, a la espera de eso tan importante, lo vi llevarse las manos a la cabeza y me reí, parecía que supiese por donde iban los tiros.
-Quiero irme de aquí.-me miró, muy serio, casi triste, por un segundo lo pensé mejor, luego me acordé de la cantidad de problemas que parecía traerle mi presencia al pueblo.
-¿Y dónde quieres irte?
-Qué sé yo… Lejos, a un sitio donde nadie puede encontrarme por mucho que busquen, donde nadie me conozca y pueda empezar completamente de cero… no creas que te estoy pidiendo dinero, o peor aún, permiso.-aquello me sonó idiota y estúpido hasta a mi, pero era así, no le pedía permiso, me limitaba a explicarle cuales eran mis intenciones.-Cogeré un tren o un autobús y me pararé en el último lugar que pueda. Tengo algún dinero ahorrado y también algo de la herencia de mis padres… podré sobrevivir más tiempo del que necesito y eso que necesito bastante.
-¿Y esa decisión tan repentina?-me encogí de hombros.
-Necesito un poco de acción en mi vida, supongo… este pueblo es excesivamente tranquilo, si sigo aquí moriré de aburrimiento.-JÁ JÁ muy tranquilo, con hombres lobo y seres extraños, como Pablo, que sabe demasiado, o como Max, que es un fantasma. Pero decidí que eso era demasiado para el abuelo, que no tenía porque saberlo todo.
-¿Y no hay nada que hacer para pararte? ¿Para que te quedes?-negué con la cabeza y él miró a Christian. Oh, no no, nada de chantaje emocional.
-Estará bien, él es una chico fuerte.-le sonreí y movió la cabeza de un lado a otro. Sí, había ganado, supe que el abuelo sabía que había otros motivos, pero no preguntó. Él abuelo era así, era fácil quererle.-Pues…-di un par de pasos hacia atrás, saliendo de la cocina.-A organizarlo todo un poco.
Sí, las decisiones se toman pensando en uno mismo, por mucho que eso se niegue. Yo necesitaba largarme de ese sitio que me acabaría volviendo loca, observé a Max, desde que había descubierto un aliado nuevo en Pablo, que podía verlo y ayudarlo, pasaba poco tiempo en casa, y cuando estaba, yo me sentía extrañamente vigilada.
-No puedes irte.-a veces Max suena preocupado, otras, como esta, suena autoritario.
-Claro que puedo, y lo voy a hacer.-cogí la maleta que guardaba debajo de la cama y me encontré medio llena, de cuando llegué aquí. Sonreí, desde el primer momento supe que no duraría mucho en este sitio.
-No puedes. Es peligroso.
-Lo peligroso es quedarse en este pueblucho.-le miré seria y después sonreí.-Te irá mucho mejor sin mi, Pablo te ayudará mejor que yo, él sabe tu historia.-porque la sabía, él sí y yo no, una punzada de celos me atravesó el pecho. Yo lo había intentado ayudar desde el principio, pero a mi nunca me lo contó, en cambio, Pablo sí sabía como había muerto Max.
-Si lo que quieres es que te lo cuente lo haré.-aunque la curiosidad es una mala aliada a veces, esta vez se comportó, se quedó en su rincón, saltando un poco pero sin molestar. Ya no me importaba, soy de esas que cuando toman una decisión, no cambian fácilmente de parecer, ni aun con promesas de que le cuenten aquello que se moría por saber. Decidí que ya no me importaba, que lo que demonios pasase en ese pueblo se quedaría en ese pueblo, que no me iba a llevar más historias en la maleta, suficiente había con las muchas que ya levaba.
-No es necesario. Disculpa, pero ya he decidido que no me importa. Es tu historia, no la mía. He elegido ser egoísta por una jodida vez en mi vida.-le contesté, harta de que todo el mundo me cargase con sus problemas, como si yo no tuviese suficientes con los míos.
-Dafne…
-Ya tienes a la abuela, no me echarás en falta.
-¿Y crees que a Alex le bastará con tu abuela?-me encogí de hombros mientras una oleada de furia recorría mi cuerpo.
-Ni lo sé ni me importa. Alex también tiene su propia historia de lobos que no son lobos o que no admiten serlo, de secretos que no son para compartir ni conmigo. Si me voy le ahorraré problemas, le ahorraré mentiras, dolores de cabeza, peleas con lobos más grandes… en fin, preocupaciones.
-A veces, eres absolutamente ridícula.-alguien se había deslizado a través de la ventana del balcón, abierta de par en par.-Mucho más que ridícula.
Levanté los ojos y lo miré. Y por otro instante se me olvidó que estaba enfada con él. Me moví al armario y cogí algunas camisetas, llevándolas hasta la maleta.
-Tenías razón, debería de haber cortado ese árbol.-murmuré.
-Hubiese escuchado la conversación de todas formas.
-Eso no es educado, aunque no sé porque me extraño, las personas educadas no mienten.-le dije.
-Max, déjanos solos, por favor.-aún escuchándolo tan claramente, tuve que levantar los ojos para ver como Alex miraba a Max y éste a él. Abrí los ojos y la boca. Otra prueba más, otra mentira, otra desilusión, otro motivo para largarme de allí. Aún me quedaban muchas cosas en el armario, decidí que ya le diría al abuelo que me las enviase, cerré con fuerza y rapidez la maleta y salí del cuarto, casi a la carrera. Me planté en el umbral de la puerta de la cocina y miré seria al abuelo, tenía poco tiempo, me interceptaría a la salida.
-Abuelo, me voy.
-Está bien, no vuelvas tard…-pero entonces vio mi maleta y supo que no me refería a que fuese a dar una vuelta, me refería a irme, a dejarlo todo, a empezar de cero con una maleta llena de ropa pero vacía de recuerdos.-Creí que… tardarías más en irte.
-Yo también lo creí. Pero cada vez aguanto menos este sitio.-y le sonreí mientras una traicionera y solitaria lágrima resbalaba por mi mejilla. Me acerqué a él, lenta, decidida, triste de alguna forma.-Te echaré de menos abuelo…-y lo abracé, rápida, fría, llorosa… me separé tan pronto que se quedó allí parado, como si siguiese abrazándolo. Me acerqué a Christian, que miraba sin entender mucho.
-¿Tú también te vas?-al parecer sí que entendía. Más de lo que quisiera. Asentí.-Todo el mundo se va, nadie se queda conmigo.
Me agaché y me puse a su altura.
-Tendrás que cuidar al abuelo, ¿lo harás? Y vendré a verte tantas veces que serás tú quien me acabe echando de aquí.
Y lo abracé con más fuerza y con más ganas que al abuelo, despidiéndome así de lo único que me quedaba de papá y mamá. Me volví a donde había dejado la maleta.
-Adiós.-dije simplemente, como si esa palabra pudiese llenar el vacío que estaba creando allí, en sus corazones o en el mío. Después cogí la maleta y casi salí corriendo, sin pensar en nada, sin mirar atrás, directa a la estación de autobuses, a coger el que más lejos me llevase, el que más tiempo me diese, el que me alejase de esa pesadilla en la que sin comerlo ni beberlo me había metido.
Sí, estaba huyendo, y quizá penséis que fui una cobarde, pero… el cementerio está lleno de valientes, sobretodo de personas con el corazón valiente y las ganas de serlo. Yo no soy así, soy simple, soy cobarde, soy idiota y una atrapa-problemas. Hay veces que aunque parezca cobarde, huir es la mejor opción para todo el mundo. Alex. Alex estaría bien, era fuerte, era un lobo, era… Alex. Otra lágrima resbaló. Que estupidez, parecía que mis sentimientos eran proporcionales a todas sus mentiras, y había demasiadas. Me agarré el pecho con la mano libre y apreté, como si así consiguiese domarlo o hacer que no sintiese nada. Alejarse a veces es lo mejor, solo hacía dos meses, maldita sea, no puede ser tan difícil. Hay cosas que se olvidan con la misma facilidad con la que se quisieron. Otras, en cambio, tardas toda una vida en conseguirlo, y ni con esas lo llegas a hacer del todo. Una vocecilla me gritaba que Alex pertenecía a estás últimas, pero sonreí y la quité de en medio. No, superaría lo de Alex, igual que superaría todas las demás jodidas cosas que me habían pasado en tan poco tiempo. Alguien debía estar poniéndome a prueba, y pensaba superarla, por las buenas o por las malas.
De pronto ya estaba frente a la estación, con una maleta llena y un corazón aún más lleno, o más vacío, o con más ganas de que se vaciase… tomé aire varias veces, como si en él fuese a encontrar lo que necesitaba en ese momento, cerré los ojos allí parada, detuve el tiempo un instante, aunque solo se detuviese para mi. Lo tomé con calma, sonreí, me recompuse, volví a sonreír y me reconstruí el corazón, a salvo, guardado, sin nada, vacío.
Alguien me agarró y tiró, con más fuerza de la debida o peor aún, con más fuerza de la que yo hubiese podido zafarme. Abrí los ojos sin ver nada, pues alguien me los tapaba y me llevaba a sabe dios donde. Escuché la puerta de un coche abrirse, y luego abrirse otra y volverse a cerrar, y otra más lejos abrirse y cerrarse, y a mi me empujaron dentro, y caí en un asiento de coche, con el sonido de una puerta cerrarse tras de mi, y con mi maleta en el asiento trasero. Y un ruido, el de cuando se echan los pestillos, y se cierra el coche, y ya no se puede salir hasta que el conductor quiera. Y de pronto, me encontré con el conductor. Con él, con Alex. Me enfadé, chillé, pataleé, le pegué al cristal de la puerta, lo bajé, chillé más y él lo volvió a subir.
-Déjame bajar, tengo que irme.
-Te vas.
-El autobús se irá sin mi.-le chillé, esta vez pegándole a él, a la espera de que fuese más productivo que la ventanilla.
-No irás en autobús.-y me miró, serio, y después, divertido.
-Déjame bajar, Alex.-le repetí, seria, enfadada, furiosa. Él me volvió a mirar.-después bajó un poco su ventanilla.-Ya nos veremos, Pablo, gracias por todo.
Pablo estaba allí, de pie rascándose la nuca, no parecía muy orgulloso de lo que había hecho, me abalancé sobre la ventanilla de Alex, pasando sobre él.
-Te voy a matar, quiero que lo sepas y que estés preparado. Voy a acabar contigo de una forma lenta, pero sobre todo, dolorosa, te arrepentirás de esto el resto de tu vida.-y me senté en mi sitio.
-¿Y a mi no me dices nada?-me crucé de brazos, mientras Alex arrancaba.-Ponte el cinturón.-muy a mi pesar lo hice, pero seguí sin hablar. Sí, eran más fuertes, habían ganado, pero solo esta vez, no dejaría que repitiesen.-Ya veo, guerra de silencio, ¿eh? Mucho mejor. Verás, te voy a explicar una cosa. No te vas a montar en ese autobús, te vas sí, pero yo me voy contigo, te llevaré a donde me pidas y no pediré ninguna explicación, solo te haré caso y de propina, te proporcionaré yo algunas explicaciones.
-Más mentiras.
-No, nada de mentiras. Responderé a todo lo que me preguntes, te contaré todo lo que sé y lo que sé que tú quieres saber. De seguro será mucho más entretenido que ir en autobús.-me miró, apartando los ojos un segundo de la carretera para ver como me lo tomaba, pero yo no reflejé ninguna emoción.- ¿Qué te parece el trato?
-Te voy a denunciar. Esto se llama secuestro.
guau!!
ResponderEliminarLa espera ha merecido la pena... pedazo actualización.
y sigues mantendiendonos interesados en la historia, sí señor
a esperar la siguiente
Esto no me lo esperaba!!
ResponderEliminarñiññiñi, ya tenia yo mono de leer más! ^^
pero pero pero pero pero no puede ser!!! yo tampoco me esperaba que pasara nada de esto.
ResponderEliminarNo vuelvas a tardar otra eternidad en actualizar, no puedes dejar esto asi, esto no se puede quedar asi!
besuss!
esto.....esto.....me encanta esta actualizacion pero como tardes tanto la proxima me morire de la curiosidad!!!
ResponderEliminarno me lo esperaba..bss peke!