viernes, 23 de abril de 2010

Día 68

Al día siguiente de ese día tan irreal, cuando la brillante luz del sol me aclaró un poco la cabeza, haciéndome ver que todo lo que mi mente imaginaba no podía ser nada más que simplemente eso, imaginaciones, tomé la decisión de volver al bosque. Max pronto se dio cuenta de mis intenciones y me miró muy enfadado.
-No vas a ir al bosque, que ayer tuvieses suerte no significa que la vayas a tener siempre.-me dijo.
-Voy a ir. Lo siento, pero esta vez no voy a hacerte caso.
-¿Esta vez? ¡Nunca me haces caso!-me gritó. Me di cuenta que en cierto modo, era verdad, que aunque siempre pensase en hacerle caso, al final nunca lo hacía.
-Lo siento.-volví a repetir. Desde ese mismo momento, Max estuvo refunfuñando a mi alrededor todo el día tratando de convencerme de que era una malísima idea. Pero obviamente, no consiguió su propósito.
Esperé a que el sol empezase a caer para salir de casa, pues no creía encontrar lobos antes de ese momento. Anduve con paso decidido al bosque, esperaba encontrarme con el lobo del día anterior, pero toda mi decisión pareció temblar un poco cuando llegué al límite del bosque. Había más lobos en ese bosque que podían no resultar tan agradables. Tomé aire antes de entrar. Apenas había andado unos metros cuando escuché un aullido cercano, luego otro, un poco más alejado, que respondía al primero. Parecía que la oscuridad iba aumentando a pasos agigantados.
Escuché un gruñido a mi espalda y me giré con rapidez. Mantuve la esperanza de que fuese el mismo lobo apenas un segundo, luego me quedó claro que no lo era. Más bien era el primer lobo, aquel que me quería de cena, y pude ver que aún quería que lo fuera. Retrocedí un par de pasos, como si eso fuese a evitar algo. Luego pensé en que debería de haberle hecho caso a Max… ¿dónde estaba Max?
Esta vez no tuve tiempo de correr, ni de reaccionar en ningún sentido. El lobo se abalanzó sobre mí, no iba a dejar que pasase de nuevo la oportunidad, supongo. Me tiró al suelo y fue a cerrar su boca en torno a mi brazo, pero antes de eso, otro lobo (este sí que era el del día anterior) lo cogió, mordiéndole la pata, y tiró de él. Los dientes del primero se clavaron en mi piel y mientras era arrastrado iba arañándome la piel. Dolía mucho, muchísimo. El lobo pequeño, llamémosle lobo simpático, se llevó al lobo asesino a unos metros de mi, enzarzándose ambos en una lucha.
Mi brazo sangraba mucho, me levanté como pude, pero ver mi sangre me marea, así que me tambaleé. No iba a llegar muy lejos.
En ese momento llegó Pablo a mi lado, Max iba con él. Ya sabía donde había estado Max y gracias a Dios (aunque nunca admitiré haber dicho eso). Pablo me ayudó, cogiéndome en brazos como si fuese una niña pequeña.
-Nos vamos a casa.-me dijo, ignorando a los dos lobos que luchaban.
Perdía mucha sangre y me iba mareando más y más. Apenas fui consciente del camino de vuelta y cuando abrí los ojos no estaba en casa.
-¿Dónde estoy?-le pregunté a Pablo que estaba a mi lado junto a Max.
-En mi casa.-me respondió.
-¿Qué hago aquí?
-No iba a llevarte a casa con eso en el brazo.-vi como mi brazo estaba vendado y como la venda estaba casi completamente roja.
-Oh.-miré a otro lado.
-Tengo que cambiarte eso.-me dijo acercándose a mi.
-Oh, no creo que…-negué con fuerza. No quería ver mi herida, ni mi sangre, ni nada de eso.
-Mira a otro lado o cierra los ojos.-preparó una venda y se dispuso a quitarme la que tenía. Miré a otro lado y apreté los dientes.- ¿Pero qué…?
Escuché su voz muy cerca, parecía verdaderamente sorprendido. Miré hacia la herida, arriesgándome a cualquier cosa. Yo también me sorprendí al no ver herida alguna.
-¿Qué… qué…?-empecé a preguntar, pero no me salían las palabras. ¿Dónde estaban los arañazos? No podían haberse curado, eran graves, incluso deberían de haberme dado algunos puntos.
Pablo miró a Max, que me miraba a mi.
-Parece que en este pueblo todavía te puede sorprender cualquier cosa…-comentó este. En ese momento sonó el timbre. Me fijé en la ventana mientras Pablo iba a abrir. Ya era de día.
-¡El abuelo estará preocupado!
-Tranquila, lo llamaste anoche avisándole de que te ibas a quedar a dormir en casa de una amiga.-me contestó Max, que aún permanecía a mi lado.
-No recuerdo haberle llamado.-respondí. Él simplemente sonrió. Me llegaron las voces desde la puerta.
-Déjame pasar.-reconocería esa voz hasta en el final del mundo. Alex estaba allí.
-¿Estás seguro?-le contestó Pablo.
-¡Claro que estoy seguro! ¡Tengo que verla!-sonaba como para estar a punto de pegarle un empujón a Pablo y entrar con o sin su permiso. Pero no lo hizo, solo parecía más y más nervioso.
-Puedes entrar.
Llegó muy pronto a donde yo estaba, ni siquiera llegué a escucharlo.
-¿Cómo está tu br…?-pero se dio cuenta de lo evidente. Mi brazo estaba perfectamente, como si ningún lobo me hubiese llegado a morder. Como si no hubiese pasado nada. Tragué saliva y lo miré, a la vez que sus ojos se clavaban en los míos. Max se escabulló fuera de la habitación y Pablo no entró.
-Estoy bien.
-Pensé que te podría haber pasado cualquier cosa y no me lo hubiese perdonado nunca.
-Estoy bien.-repetí, y haciendo acopio de todas mis fuerzas susurré un:-Gracias.
Él sonrió. No sé si entendió a lo que yo estaba agradecida.
Se arrodilló en el suelo, dejando su cabeza a la altura de la mía.
-¿Dónde está tu herida?-me preguntó.
-No hay herida.
-Pero…-negué con la cabeza. Él desvió la suya y vio la venda ensangrentada que aún estaba allí.-Sí había herida.
-Pero ya no la hay, no sé porqué, pero no hay nada.-tragué saliva y volvió a mirarme. Puso su mano en mi frente y me quitó el pelo de los ojos.-Pensé que te ibas a mantener alejado de mi y últimamente me ves demasiado.
-Puede ser. Pero he vuelto a cambiar de opinión.-me contestó.
-No puedes estar cambiando de opinión siempre. No puedes utilizarme a tu antojo y querer estar conmigo cuando tú quieras. No puedes usarme así.
-Lo sé.-agachó la cabeza.-Pero esta vez es definitivo. No hay marcha atrás, nada de separaciones estúpidas como si eso fuese a mantenerte a salvo… me he dado cuenta que conmigo es como más a salvo estás. Nunca jamás voy a permitir que nada ni nadie te haga daño.
-Ya lo sé. Ya te encargas de ello. Como anoche.-porque le iba a decir que yo sabía lo que estaba pasando.
-¿Anoche?
-No soy idiota.
-Yo no te vi anoche.
-¿Y cómo sabías que estaba herida en el brazo?-le recriminé, sabiendo que me seguía mintiendo. Se calló, no tenía una explicación para eso.
-Dafne…
-Sé que… que… tú… eres…-me costaba. Decirlo en voz alta era admitirlo, admitir que los cuentos existen, que los denominados monstruos con los que se asustan los niños existen en la vida real y que yo había ido a parar al sitio donde vivían.-un hombre lobo.
Me miró y tomó aire. Supongo que se debatía entre si negármelo todo o darme la razón.
-¿Crees en la existencia de los hombres lobo?
-Creo en que tú existes. Y también creo en que existe el lobo que anoche me salvó la vida. Y también creo que sois el mismo, que eres tú, que eran tus ojos. –le susurré.-No los de ahora, si no los ojos que tienes cuando me venías a visitar a casa y te colabas por el balcón, supongo que para asegurarte de que estaba bien y de que no me habías hecho daño.
Agachó la cabeza.
-¿Crees en los hombres lobo?-volvió a repetirme.
-Sí.

3 comentarios:

  1. que fuerte todo!! menos mal que has vuelto a actualizar, que ya era hora!
    me gusta la actualización de hoy...a ver como sigue la cosa

    besuss!

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  2. ya me imaginaba yo...me encanta!!

    y por fin has actualizado...¬¬

    esperando con impaciencia tu proxima actu!!bss

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  3. Qué chachi genial es todo ahora que empiezan a resolverse algunos misterios...

    Esperaremos la proxima entrega :)

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