Max está algo enfadado conmigo, y bueno, admitiré que algo de razón tiene. El otro día, el lunes creo que fue, estaba sentada en mi habitación, con Max revoloteando por allí como hace habitualmente, cuando me levanté de improviso sobresaltándolo.
-Voy al bosque.
-¿Qué?
-Eso, voy al bosque.-aún era temprano, tenía tiempo de sobra.
-¿Vas a ir al bosque después de lo de los lobos?
-Bueno… lo de los lobos me acojonó un poquito…-Max me miró muy serio.-vale, me acojonó mucho, pero… en fin… puede más mi curiosidad que mi miedo.
-¿Curiosidad? ¿Por qué sientes curiosidad?
-Por la foto.-vi en la cara de Max que no tenía ni idea de lo que estaba hablando.-La que me devolvió Pablo… sigo pensando que yo no cogí esa foto de la caja… y voy a ir a comprobar que sigue donde debería estar.
-Pero… esa foto la tienes tú, sólo hay una copia y está ah…-se giró a señalar el lugar donde debería de estar la foto, donde yo la coloqué al volver y donde nadie la había tocado. Sonreír al ver su cara, por una vez le llevaba ventaja en algo.
-No está, como puedes ver. Desapareció anoche, la dejé ahí y esta mañana ya no estaba. Alguien se la ha llevado… y cuando digo alguien, quiero decir Pablo, puesto que nadie más sabía de la existencia de esa foto aparte de nosotros y él, que la vio el otro día… así que voy a ir hasta allí, voy a abrir esa caja y voy a comprobar como la ha vuelto a colocar allí, pensando, tal vez, que soy idiota y no me daré cuenta.
-¿Y si lo que quiere es justamente lo contrario? ¿Y si busca atraerte hacia el bosque?
-Que idiotez.-le contesté, mientras me ponía la chaqueta.
-No. A ver, si esa foto ha desaparecido sin dejar rastro, era lógico que pensarías en él, porque es el único que ha visto esa foto. ¿Y si lo que intenta es que vayas al bosque?
Me encogí de hombros.
-Habrá que averiguarlo.
-Pareces muy valiente.
-He llegado a la conclusión de que ahora sí lo soy, porque, bueno, ya no tengo nada que perder.
-Tienes a Alex.-sonreí tristemente.
-Que solo lo pueda ver una vez al mes por sabe dios que motivos es una gran prueba de que él también lo he perdido.
-No seas ridíc…-pero huí antes de que terminase y se pusiese pesado. Tenía poco tiempo para hacer todo lo que tenía que hacer. Me acerqué con paso decidido hasta el límite del bosque y, por primera vez desde que estaba allí, me pensé seriamente el dar el paso necesario para adentrarme en él, pero después lo di. En fin, la curiosidad ha sido la causa de muchos grandes descubrimientos, ¿no?
-Y también de muchos muertos, fíjate.-Max ya estaba a mi lado, mirando el interior del bosque. Moví la cabeza de un lado a otro y di el paso. Anduve más deprisa que las veces anteriores, esta vez sabía a lo que iba, lo que quería, no podía tardar tanto como la vez anterior.
Llegué pronto al lugar indicado y desenterré esa caja que tantas veces en tan poco tiempo había sacado de ahí. Abrí la caja, esperando encontrar la foto allí, pero me llevé un chasco al no encontrarla.
-¿Buscas esto?-me giré sobresaltada y sobretodo asustada, a tiempo de ver a Pablo avanzando hacia mi. Eché la caja al agujero y traté de taparlo, sí, sé que suena estúpido puesto que él ya sabía de la existencia de esa caja, pero así al menos no sentía estar inmiscuyendo a más gente en la intimidad de la abuela y Max. Me levanté del suelo y lo miré, sonreía un poco, pero no sabría decir que clase de sonrisa era.
-¿Hoy también se me ha caído?-se rió. Respiré profundamente mientras se acercaba a mi. Traté de recordar los escasos años que había estado en karate, antes de que llorase y patalease para que mamá me sacase de allí, pero no hubo mucha suerte. Bueno, una patada podría servir, ¿verdad? Se paró a un par de metros de mi.
-No. Estaba en tu casa.
-¿Y qué hacer tú con ella cuando estaba allí?
-Tienes un cuarto muy accesible, ¿lo sabías? Alguien debería de talar ese árbol.-francamente, me estoy replanteando tomarme en serio ese consejo.-No deberías haber venido.
-No sé quien eres, ni porque me seguiste aquel día para tener esta foto… ni porqué has entrado a mi cuarto para recuperarla.
-Quería ver hasta donde llegaba tu estupidez.-me quedé boquiabierta.
-¡Encima!
-No tendrías que estar aquí, deberías de haberlo dejado correr. Incluso después de lo que te pasó con los lobos te atreves a volver aquí por simple curiosidad.
-Así que es verdad, estuviste aquí cuando los lobos me atacaron y no hiciste nada.
-No corriste peligro en ningún momento.
-Yo no estaría tan seguro.-volvió a reírse.
-¿Tan importante es para ti esta foto?-dijo, mirándola fijamente, como si hubiese algún significado oculto en ella. Me acerqué a él, armada con todo mi valor y se la arrebaté de las manos, alejándome de él de nuevo.
-No es una foto cualquiera.
-Solo es una foto de tu abuela y de Max.-la saliva se paró a mitad de mi garganta y empecé a toser, debido a la sorpresa. A veces me pasa, en verdad, muy a menudo. El volvió a reírse, resultaba exasperante, como si el tipo se estuviese contando chistes únicos y exclusivos para él mismo.-Sí, tu abuela, el fantasma que Alex tiene vinculado. O Max, el fantasma que ahora mismo está vinculado a ti, parado a tu lado y mirándome con ganas de asesinarme… si pudiera.
-No sé de qué hablas.-le dije, tratando de hacerme la tonta.
-No voy a hacerte daño Dafne. Y tampoco puedes negarme que ves a un fantasma, cuando Alex te dejó estabas hablando con él. Te vi.
-Sí, parece que últimamente has dedicado mucho tiempo a espiarme.
-Oh, me resultas… interesante.-fruncí el ceño.
-¿Porqué has hecho todo esto?-le pregunté.
-Quería conocerte un poco mejor.
-¿Para qué?
-Por lo mismo que estás tú aquí y ahora. Por pura y simple curiosidad.
-Yo te conozco.-dijo de pronto Max, mirándole muy serio y sorprendido. Lo miré, echando a bajo toda mi mentira de no saber de qué hablaba. La sonrisa de Pablo se ensanchó.
-Sí. Veo que a tu padre no le sentó nada bien aquello, ¿no?
-Calla.-le ordenó Max, mirándome.
-Ah, ya veo, la chica no sabe nada.-también me miró.
-Ya veo que es cierto y tu parecido con tu hermano es extraordinario.-le dijo, cruzándose de brazos.
-¿Hermano?-no recordaba que Max me hubiese hablado nunca de ningún hermano… a no ser que se estuviese refiriendo a… tragué saliva, retrocediendo un par de pasos y alejándome tanto de Max como de Pablo. Entonces… ¿era cierto? ¿Max y Alex son hermanos? ¿Cómo iba eso a ser posible?
-Bueno, solo son hermanos de padre… pero creí que eso ya lo sabías.
Un gruñido resonó en algún rincón del claro donde nos encontrábamos. El sol ya había caído completamente, en algún momento de nuestra “agradable cháchara” había anochecido y no creo equivocarme si digo que ninguno de los tres se había dado cuenta.
-Lobos.-fue lo único que pude decir, mientras el recuerdo de la pasada noche me invadía de nuevo.
-Ponte detrás de mí.-me dijo Pablo, pero no reaccioné. De un solo salto, que jamás en mi vida entenderé, cruzó la distancia que nos separaba y se colocó delante de mí, en pose protectora. Bueno, parecía que después de todo no me quería hacer daño. El lobo salió de la sombra. Iba solo y no se parecía en nada (bueno, en que era enorme sí) al que apareció la otra noche. Más bien se parecería al segundo, al que parecía más pequeño. Por algún extraño motivo, el miedo desapareció.-Dafne, vuelve a casa.
-No va a hacernos daño.-el lobo me miraba a los ojos, con unos ojos de persona.
-¡Dafne!-me gritó Pablo, pero yo ya había salido de detrás de él y me había puesto frente al lobo, que me seguía mirando. Esos ojos… yo ya los había visto antes, en algún lugar. El lobo ejercía sobre mi una especie de… atracción, como si fuese un imán y yo no pudiese hacer otra cosa que acercarme a él.-No te acerques a él, Dafne, los lobos son poco fiables.
-No va a hacerme nada.-y estaba segura de ello, algo dentro de mí me lo decía. Levanté la mano, dispuesta a acaricias la cabeza del enorme lobo, que a cuatro patas era poco más bajo que yo, pero el lobo se retiró.-Espera… por favor…
Los ojos del lobo volvieron a clavarse en mi, con una mirada que sin saber por qué me heló el corazón. Después acercó su cabeza a mi y me dejó que lo acariciase. Con tan solo rozar su piel con mis dedos, sentí una gran tristeza y los ojos se me llenaron de lágrimas. Se escuchó un aullido, estaba lejos, pero no demasiado. El lobo gruñó y se alejó de mi. Siguió gruñéndome, pero no de forma amenazante.
-Quiere que te vayas.-me dijo Pablo, apartándose un mechón del pelo de la cara.-Venga, Dafne, Max te acompañará.
-Pero…-protesté.
-Dafne, ya es hora.-me cortó él. Me resigné, en fin, se había interpuesto entre mi y el lobo, pensando en protegerme, en cierto modo se lo debía. Pasé por su lado, camino de ir junto a Max, y me retuvo por el brazo.-La próxima vez, por favor, sé más prudente… no todos los lobos resultan tan amables…
Asentí y me fui al lado de Max, quien me cogió de la mano y tiró de mi. De nuevo lo hizo de verdad, como si no fuera un fantasma y en su lugar fuese una persona de carne y hueso y esta vez, no fue como la anterior, en la que yo ni siquiera podía articular media palabra, sino que estaba muerta de miedo. Esta vez yo estaba bien, completamente consciente de lo que pasaba, de que aquello no podía ser real, de que algo raro ocurría. Avanzábamos rápido por el bosque, de vuelta a casa. No dejé de darle vueltas al asunto y cuando salimos del bosque, me paré, a una distancia siempre prudencial de este.
-¿Le ha pasado algo a Alex?
-¿Cómo?
-Normalmente te vuelves corpóreo cuando Alex se desmaya. ¿Le ha ocurrido algo?-El negó con la cabeza.- ¿Estás seguro?
-Completamente, Alex está perfectamente bien.-suspiré tranquila al saber que decía la verdad.
Una vez en casa, me dormí pronto, pero eso solo contribuyó a que soñase con el lobo, pero sobretodo con sus ojos y con cuanto me inquietaba el saber que parecían ojos de persona. O lo que es peor, de una persona que yo ya conocía. Me despertó un ruido en la ventana. Me levanté enseguida, Alex me había prometido visitarme una vez al mes, no podía estar de nuevo allí a no ser que hubiese decidido incumplir su promesa. Deseé con todas mis fuerzas que así fuera. Me acerqué a la ventana y efectivamente, allí estaba Alex. Abrí para encontrarme con la pregunta de siempre.
-¿Estás bien?
-Claro.-le contesté. Parecía nervioso y estaba jadeando, supuse que trepar esa árbol no debía ser precisamente fácil.- ¿Y tú?
-Ahora ya sí.
-Pasa.-me aparté, pero en verdad me esperaba que se hubiese negado y me hubiese vuelto a dejar, como había hecho más de una vez. En su lugar, en contra de todo lo que yo pensaba, entró y se sentó en la cama.-Creí que no vendrías más hasta el mes que viene.
-Yo también lo creí.-levantó la cabeza y me miró. Abrí mucho los ojos, el color verde de los ojos de Alex (no sé si alguna vez os he dicho que Alex tiene los ojos verdes, preciosos, vivos, encantadores y demás adjetivos que se os ocurran) se habían oscurecido, tal y como los tenía la última vez que estuvo aquí, solo que yo no me había dado cuenta hasta ahora.
-¿Pasa algo?-negué con la cabeza, pero no pronuncié ni media palabra. Suspiró.-Me voy.
Y por primera vez en todo este tiempo, dejé que se fuese, sin pedirle que no me abandonara, sin dolor… dejé que me dejase y una parte de mi, suspiró tranquila cuando no estuvo allí. Había algo extraño en este asunto, algo demasiado extraño, incluso más que historias de fantasmas… este pueblo era fantasía.
Fantasía pura y dura.
ah, dios
ResponderEliminar¿quien teme al lobo "feroz"?
que interesante
y... ¿quien coño es el Pablo ese de los cojones? me pone nerviosa con su actitud sabelo-todo >.<
esto me suena a luna nueva...turururu!!
ResponderEliminarpero me encanta!!y kiero saber como sigue!!
un besazo peke!!
"Max por allí revoloteando"..ni que fuera un fantasma del pet como el que tengo yo en mi casa xD
ResponderEliminarMax y Alex...hermanos!¿?!??¿? Creo que sé por donde van los tiros...pero el Pablo este es desquiciante.
besuss!
oye, tú
ResponderEliminar¿cuando vas a actualizar? xD
besitos