Sé que os dejé a medias la última vez y que he tardado mucho en terminar de contaros lo que pasó con Pablo, pero es que decidí que lo mejor era esperar a saber algo más acerca del tema. Y no sé mucho más, pero no os voy a mantener con la intriga.
Retomemos la conversación en aquel momento en el que Pablo me preguntó quien era mi amigo el que se parecía a Alex, o sea, Max, o sea, el fantasma. Sigamos.
-¿Dis…dis…disculpa?-tartamudeé cuando recobré la capacidad para hablar.
-Éste.-y me mostró una foto.-Se te ha caído, y veo que aparece contigo.
La foto que estaba dentro de la caja. No recordaba haberla sacado de allí, supongo que la cogería inconscientemente.
-Esa no soy yo.-negué, sonriendo un poco ante su equivocación.-es mi… abuela. Y ese es el tío abuelo de Alex. Se conocieron hace mucho.
-Ah.-dijo simplemente, devolviéndome la foto.-Vamos, te llevo a casa.
“Dile que te vas sola y vete sola a toda costa” pensó Max, muy fuerte para que yo lo escuchase. Me extrañó porque ¿qué necesidad tenía de pensarlo cuando siempre me hablaba en voz alta?
-En serio, voy sola. Necesito tomar un poco el aire y pensar un poco.-le dije, tratando de sonar simpática y sobretodo convincente.
-Bueno… está bien. Te veo mañana.
-Adiós.
Volví a casa más rápido que una bala y fui directa a mi habitación. Max me miró muy serio.
-No… no recuerdo haber cogido esta foto.
-No la cogiste, Dafne, yo estuve contigo en todo momento y lo único que te quedaste de esa caja fue el anillo.
-¿Entonces cómo ha podido llegar esa foto hasta ahí?
-Porque ese tal Pablo la ha puesto allí. Me ha visto, Dafne, sé que me ha visto y no sé cómo lo ha hecho.
-Bueno… yo te veo.
-Cada fantasma se vincula a una persona, una y solo una es capaz de verlo y hablar con él, que me viese no tenía ningún sentido para mi, Dafne. Ahí hay algo raro.
-¿El qué?-le pregunté.
-No lo sé, pero no dudes que pienso investigarlo. Tú mantente alejada de él, ¿de acuerdo?-asentí.
-Para conseguir esa foto… tuvo que seguirme hasta allí. Y si me siguió significa que tuvo que estar allí cuando aparecieron los lobos…
-Sí.
-Y no movió un dedo por ayudarme… o sea, que es un cobarde. Pero que fuese un cobarde no significaría que tuviese que verte.-le dije a Max.
-Averiguaré qué pasa.
-Y no me lo contarás.
-Depende de qué averigüe.
-Genial.
Y ya no me dijo más nada. Sé que desde entonces está buscándole una explicación, lo que no sé es si la ha encontrado o no. Yo por mi parte, también la estoy buscando, pero bueno, no podéis comparar los recursos de espionaje que tiene un fantasma incorpóreo e invisible a los que tengo yo.
También os estaréis preguntando si en esta semana y media que llevo sin dar señales de vida ha habido algún cambio con respecto a Alex. Y bueno… tengo que deciros que un par de días después de decidir que lo mejor era no verme; de no verle apenas en todo el día excepto las pocas horas que decidía pasarse por el instituto; de haber perdido a mi mejor amigo; etc. sólo un par de días después, volvió a presentarse por la mañana en mi casa, a recogerme supongo. Salí de casa sin esperarlo, y mucho menos donde siempre y mirándome como siempre. Me molestó, actuaba como si nada hubiese pasado así que decidí hacer como si no estuviese ahí y pasé de largo. Me siguió a regañadientes.
-Espera, por favor.-me giré y lo miré. Aguantándome tanto las ganas de echarme a llorar como las de patearle el culo.
-¿Qué pasa? ¿Has cambiado de opinión?-traté de sonar fría, pero no pude evitar que una nota de esperanza tiñese mi voz.
-No. Estar alejados es lo mejor. No cambiaré de opinión tan fácilmente. Pero quería darte algo.-se acercó a mi, mucho, demasiado. Lo miré a los ojos, demasiado cerca de los míos.
-¿El qué?- murmuré. Sacó una cajita de uno de sus bolsillos y me la tendió, separándose un poco.- ¿qué es esto?
-Ábrelo.
Abrí la tapa de la caja para encontrarme con un colgante. Lo cogí para ver que era exactamente lo que tenía colgando.
-Es una… ¿bala?-le pregunté extrañada mientras lo examinaba. Él sonrió un poco mientras asentía.
-De plata. Dicen que sirve para mantener a raya a los lobos.-y me miró como si supiese lo que había pasado la otra noche. Pero NO PODÍA SABERLO, ni siquiera se lo había contado al abuelo y puede que a Alex sí se lo hubiese llegado a contar, pero no tuve tiempo.
-Tenía entendido que las balas de plata eran para los hombres lobo.-me miró y sonrió.
-Te mantendrá a salvo de los lobos de por aquí.-seguía pareciendo que supiese lo que había pasado.-
-Gracias, supongo.
-Hazme un favor, llévalo siempre contigo, pero que no lo vea nadie.-se volvió a acercar mucho a mi, vi lo que trataba de hacer y agaché la cabeza.
-No lo hagas, por favor. No me beses para luego volverme a dejar. No es justo.-una lágrima rodó por mi mejilla y él apoyó su frente en la mía.
-Está bien.-me susurró.
-Me…-empecé a decir, separándome de él.-¿me ayudas a ponérmelo?
-No.-y me sonrió.-tengo que irme.
-Pero…-me dio un beso en la mejilla y se fue de allí. Suspiré y miré el colgante. ¿Eso era todo? ¿Me dejaba sola tan sólo con un colgante con una bala de plata? Moví la cabeza de un lado a otro y me fui al instituto.
Después de eso, Alex volvió a fingir que no me conocía, o que no me veía, o qué demonios sabré yo. No os podéis hacer una idea de lo cuesta arriba que se me está haciendo esto. Esto es horrible y sobretodo, frustrante.
Y así, ayer volvió a aparecer a las tantas en casa. Bueno, a las tantas dependiendo de como se mire. El sol estaba saliendo cuando escuché golpes en mi ventana y me acerqué hasta allí. Somnolienta y preguntándome quien podía golpear mi ventana a semejantes horas inhumanas. Con tan solo dos pasos, un poco más espabilada, recordé que el único tan loco como para trepar por ese árbol y subir hasta mi balcón era Alex, así que fui a abrir más rápido que nunca.
Y estaba allí, jadeando y nervioso, mirándome con unos ojos extraños.
-¿Estás bien?-le pregunté, acercándome un poco a él. Me paró con una mano.
-¿Y tú?-me preguntó él, parecía muy preocupado.
-Claro que estoy bien.-¿porqué debería no estarlo?
-Bien.-se desplomó un poco en el suelo y me acerqué a él corriendo, agachándome a su lado.
-Vamos, apóyate en mi y pasa dentro.-el negó con la cabeza, pero yo ya había pasado su brazo alrededor de mi cuello y lo intentaba ayudar a levantarse.
-No llevas el colgante.-murmuró.
-Me lo quito por las noches.-le contesté, preguntándome a qué venía eso ahora.
-Pues no deberías. Que estés en casa no significa que estés a salvo.
-Creí que esto solo me protegía de los lobos.-le dije, haciendo que se sentase en la cama.-No creo que ningún lobo entre y se cuele por el balcón. -Alex sonrió.-¿Qué se supone que estás haciendo aquí, Alex?
Me senté a su lado y lo miré.
-Tenía ganas de verte.
-¿Ganas de verme a unas horas que ni las calles están puestas? Ni siquiera me miras cuando pasas a mi lado, Alex…-le dije, agachando la cabeza.
-Sé que te estoy haciendo daño, Dafne…-levanté los ojos y lo miré.
-Pues no me lo hagas, Alex.-le dije, casi le supliqué.
-No es tan fácil.
-Ni será tan difícil. Pero no puedes hacerme esto. No puedes no mirarme cuando quieres y presentarte en mi casa de repente, como si no hubiese pasado nada. No me puedes usar así, Alex.-y sin previo aviso me abrazó.
-Sé que no puedo pero… tampoco puedo exponerte a un peligro al que no le puedes hacer frente, Dafne, eso tampoco sería justo.-me separé de él (a duras penas) y lo miré muy seria.
-Está bien, pues me hago cargo de ese peligro, lo que demonios pueda pasarme será solo culpa mía, ¿vale? Me hago responsable, tú no te tendrás que sentir culpable porque estaré contigo porque quiero, a sabiendas de que sea peligroso. Me es igual, Alex, incluso me es igual que no quieras contarme nada de lo que te ha hecho cambiar de opinión, me vale con que te quedes conmigo, o al menos me dejes a mi quedarme contigo.
-No puedo… entiéndeme, Dafne. ¿Tú me pondrías en un peligro al que no pudiese hacerle frente?-se puso de pie, alejándose de mi.
-No.
-Pues yo tampoco puedo hacerlo. Lo siento, Dafne. Pero… tendremos un instante como este todos los meses, siempre tendremos este momento, ¿de acuerdo?
-Pero eso será peor, saber que te irás después de estar apenas 10 minutos conmigo…
-Es lo máximo que puedo darte por ahora, Dafne. Lo tomas o lo dejas.-y después de que un par de lágrimas más cayesen por mis mejillas, me abracé a él.
-Lo tomo.
xk solo se ven una vez al mes??? eso no lo pillo :S
ResponderEliminarayyyy, k me falta el beso!!! jajajajjaja eres mala, con las ganas k tengo dk se besen...
la chica ha sido lista... mejor una vez al mes que nada... se ve que no puede resistirse *jujujuju
ResponderEliminar¿Quien teme al lobo feroz?
Pablo es un fantasma!!! seguro!! xD
ResponderEliminary que a punto ha estado el archideseado beso...que quieres? yo prefería el beso antes que la bala de plata (de qué me sonara eso...? xd)
Por cierto, sabía que después de "horas inhumanas" vendrían un "a esas horas las calles no están ni puestas" xD
Aquí hay un montón de enigmas y cosas raras que tienes que resolver ya, eh?
besuss!
ahhhh!!!!
ResponderEliminarya tienes a tu primera fan oficial, me voy a escribir tu nombre en la frente y a ponerme histerica cuando te vea XDDD
Me ha gustado muxo... y lo refrente a el beso solo decir q lo bueno siempre se hace espera... pero eso si, espero q el beso sea muy, muy, muy bueno.
ah y despues de "a estas horas no estan puestas ni las calles" puede venir un "a esta hora de la mañana no soy ni persona" jajjajja
me ha gustado todo todo y todo
Bsss
Pd. no me dejes muxo tiempo con la intriga q quiero saber quien es Pablo...
aayyyy!!la primera fan oficial soy yo eee!!
ResponderEliminarjajaja!!esto se esta volviendo cada vez mas interesante...me encanta!!!
y keremos besoooo!!!
jeje!!bss despistada!!